El revuelo generado alrededor de Fcukers en los últimos años ha tenido una virtud indiscutible: lograr que una formación con apenas unos pocos temas en su haber alcanzara una proyección descomunal gracias a una mezcla de apoyos de lujo, colaboraciones con nombres de gran peso y una imagen que jugaba con la estética de la despreocupación más cool. Sin embargo, el salto a un larga duración expone con crudeza las grietas de una operación que hasta ahora se había sostenido sobre la base de la expectación más que sobre los hechos. Con ‘Ö’, el dúo entrega un puñado de composiciones que pretenden capturar la energía de un after hours pero que terminan sonando a una sucesión de esbozos con una personalidad tan difusa que cuesta justificar su propia existencia.
La sombra de referentes bailables de las últimas décadas resulta tan alargada que prácticamente sepulta cualquier atisbo de originalidad en estas once pistas, donde el dúo transita por caminos ya trillados por formaciones como LCD Soundsystem en la fusión del rock con la electrónica, Jockstrap en su visión poliédrica del dance pop o por grupos como The Rapture en ese equilibrio entre la urgencia del post-punk y la pista de baile. En cortes como ‘Play Me’ o ‘if you wanna party, come over to my house’, Fcukers parecen estar marcando una lista de influencias en lugar de construir algo nuevo con ellas, moviéndose entre el drum and bass de los noventa, el electroclash de principios de siglo que popularizaron artistas como Fischerspooner y un house teñido de una actitud distante que, lejos de invitar al desenfreno, provoca una sensación de estar asistiendo a una fiesta donde nadie ha conectado realmente con la música. La letra de “No, don’t drop it / Don’t wanna see ya slow down” en ‘Beatback’ se convierte en una instrucción que el propio grupo parece incapaz de seguir, porque el pulso de su propuesta nunca alcanza ese punto de urgencia física que exige el género al que aspiran, quedándose en un ejercicio estético que se agota antes de que las canciones lleguen a su ecuador.
Lo que podría haber funcionado como un conjunto de instantáneas rápidas y efectivas se convierte en un ejercicio de repetición mecánica donde la ausencia de desarrollo argumental en las letras se traslada también a la estructura sonora. Frases como “You want me, I know you like it when I get low” en ‘Shake It Up’ pretenden una complicidad que nunca se materializa porque la voz de Shanny Wise se mantiene en un mismo tono monocorde a lo largo de todo el disco, incapaz de modular ese deseo o esa confianza que proclama. Hay una confusión entre la economía de medios y la simpleza, y Fcukers caen con frecuencia en esta última, ofreciendo estribillos que se repiten hasta la saciedad; esa reiteración, lejos de generar el efecto hipnótico que buscan, va instalando un fastidio conforme avanza el trabajo.
El acompañamiento de productores como Kenneth Blume no consigue inyectar la chispa que estos cortes necesitan, y en lugar de aportar texturas que complejicen el entramado, el resultado se percibe como una capa de barniz que intenta dar lustre a un material que carece de solidez por sí mismo. Cuando Fcukers se aventuran hacia territorios como el dub en ‘TTYGF’, la incursión resulta forzada y rompe la escasa continuidad que el álbum había conseguido mantener, revelando que su catálogo de influencias funciona como una colección de disfraces que se prueban sin convicción. La dupla formada por Wise y Jackson Walker Lewis parece haber confiado en que la actitud de superioridad y la aparente indiferencia que emana de sus canciones bastarían para sostener el conjunto, pero en ‘Ö’ queda claro que esa pose resulta insuficiente cuando las estructuras subyacentes son tan endebles.
El sentimiento que predomina al escuchar el trabajo es el de una impostura que se desmorona con cada minuto que pasa. Los momentos en los que intentan aproximarse a la balada electrónica, como sucede en ‘Butterflies’ con su declaración de “Oh, I think you know you give me butterflies”, suenan a un cliché reciclado sin la menor capa de ironía o de sinceridad que lo rescate; esa ambigüedad entre lo que quieren ser y lo que realmente logran transmitir genera un desconcierto que el dúo no sabe gestionar. La producción deja al descubierto que la química entre los dos miembros no termina de encontrar un punto de encuentro donde sus habilidades se potencien, y el resultado es un disco donde los instrumentos electrónicos se superponen sin generar la cohesión necesaria para que una pista fluya hacia la siguiente con un sentido real.
Al final, ‘Ö’ funciona como un espejo de las contradicciones de una banda que llegó a lo más alto sin tener todavía un repertorio que justificara ese ascenso, y ahora se enfrenta a la difícil tarea de demostrar que detrás del ruido mediático hay un proyecto con sustancia. La mayoría de sus temas se desvanecen de la memoria con la misma rapidez con la que pretenden instalarse en ella, y esa fugacidad les quita cualquier posibilidad de construir un imaginario propio que vaya más allá del catálogo de estéticas prestadas que manejan. El cierre con ‘Feel the Real’ intenta dotar de una pátina de reflexión a todo lo anterior, pero llega demasiado tarde para cambiar la percepción de un conjunto que ha gastado sus mejores cartuchos en imitar recursos ajenos sin lograr que ninguno le quede realmente bien.
Conclusión
Fcukers demuestran que la actitud despreocupada no basta cuando el reciclaje de tendencias electrónicas se les va de las manos y su propuesta se convierte en una fiesta perpetua donde apenas hay motivos para quedarse.

