Review

Eliza Niemi - Progress Bakery

Eliza Niemi

2025

8


Por -

Eliza Niemi parece haber grabado su nuevo disco con la intención de hablarle directamente a quien alguna vez ha sentido que su vida avanza como un tablero lleno de casillas mal colocadas. El título, 'Progress Bakery', funciona como una especie de broma involuntaria pero exacta: una panadería cuyo cartel se ha descolgado hasta dejar solo la palabra 'gress' es una imagen perfecta para describir esa etapa vital en la que se intenta construir algo parecido al movimiento mientras todo alrededor recuerda constantemente que no hay dirección definida. Niemi no es una narradora que busque consuelo en grandes certezas, sino alguien que prefiere observar los restos, detenerse en lo que normalmente pasa desapercibido y desde ahí empezar a componer. La idea de progreso, en este caso, está menos relacionada con avanzar hacia un lugar concreto que con aprender a convivir con lo que no encaja.

Los quince cortes del trabajo se mueven entre escenas que parecen sacadas de conversaciones sueltas, monólogos interiores y divagaciones afectivas que encuentran su valor precisamente en su forma errática. Niemi no pretende que el álbum funcione como una historia cerrada ni que cada tema sea una pieza autónoma. Más bien construye un conjunto donde los límites entre canción, grabación casera, broma privada o poema hablado se difuminan de manera natural. Desde los primeros versos de 'Do U FM?', donde se pregunta “What happens when your people die?”, el tono se establece con claridad: aquí se está buscando entender sin la expectativa de que aparezca una conclusión. Esa incertidumbre emocional no se vive con dramatismo, sino con una mezcla de curiosidad, resignación y humor. Las canciones no son confesiones, sino registros de pensamiento que se superponen y se abandonan sin previo aviso, como si el único método posible para no perder el rumbo fuera aceptar que no hay ninguno.

La forma en que Niemi trabaja las letras tiene poco que ver con los recursos tradicionales de la canción pop. Cada frase parece surgir de una necesidad espontánea, como si no hubiese más intención que la de atrapar un momento exacto antes de que se disuelva. En 'DM BF', por ejemplo, la idea de estar enamorada de una criatura mitológica en un bosque sin conexión a internet no es un simple juego absurdo, sino una forma clara de retratar una relación emocional que se sostiene en algo que no puede comprobarse. Es una manera honesta de hablar del deseo sin utilizar el sentimentalismo, de nombrar el afecto sin convertirlo en un ideal. Cuando canta “beautiful eyes and smells like garbage”, lo que está haciendo no es reírse del amor, sino mostrar que también puede encontrarse ternura en lo grotesco, en lo que el resto desecha. Esa capacidad para mirar lo raro sin necesidad de justificarlo da forma al tono general del disco.

Uno de los aspectos más relevantes del trabajo es cómo Niemi transforma lo insignificante en material valioso. Su universo está construido sobre sonidos que normalmente se descartan y gestos que suelen pasar desapercibidos. En 'How U Remind Me', un simple ruido de silla se convierte en un detonante emocional que hace visible el peso de una ausencia. No se trata de nostalgia ni de evocación melancólica, sino de una forma de estar en el presente donde los recuerdos aparecen de forma involuntaria, sin control ni contexto. Esa presencia de lo trivial no busca provocar simpatía, sino señalar que muchas veces los vínculos sobreviven gracias a lo que no se dice, a lo que no se recuerda de manera gloriosa. El disco no convierte lo cotidiano en épica, sino que se detiene en lo incómodo, en lo irregular, en aquello que normalmente no merece atención.

El tratamiento del tiempo es otro de los elementos que sostiene la obra. Las canciones no se suceden como capítulos, sino como si fueran estaciones de paso en un viaje que vuelve sobre sí mismo constantemente. Eliza Niemi no organiza el disco en torno a un desenlace ni plantea un aprendizaje final. En 'Albuquerque II', por ejemplo, las únicas palabras que pronuncia son “What were you doing at the Albuquerque Airport? What were you doing there?”, y no importa en absoluto que nadie dé una respuesta. Ese tipo de preguntas vacías se repiten en varios momentos, como si lo importante fuese el tono con que se formulan, la insistencia más que el contenido. A menudo, cuando parece que la canción va a decir algo definitivo, entra una disonancia, un silencio o un arreglo inesperado que desactiva la interpretación. La narración se interrumpe con regularidad, como si Niemi quisiera impedir que se le atribuya una posición de sentido.

En cuanto al sonido, lo que más llama la atención es cómo consigue que lo mínimo tenga cuerpo propio. A pesar de que algunos arreglos sean muy elaborados, lo que permanece es una sensación constante de dispersión, de espacio abierto y de repeticiones casi inconscientes. El uso del violonchelo, por ejemplo, no sirve para dotar de solemnidad al álbum, sino para interrumpir, para romper la linealidad, para generar momentos en los que la palabra se detiene y el cuerpo toma el relevo. En algunos temas, esa elección provoca un efecto de aislamiento más que de compañía. No se está acompañando a la voz para reforzarla, sino para contradecirla, para desdibujarla. Así, los momentos más densos no son aquellos en los que se eleva la intensidad, sino los que se quedan suspendidos, sin forma clara. No hay crescendos, ni coros redentores, ni vueltas al inicio. Solo capas que se acumulan y se deshacen.

Este disco funciona, en definitiva, como una declaración indirecta de principios. Eliza Niemi no busca impactar, ni emocionar, ni convencer. Lo que propone es otra forma de estar en el mundo, menos ordenada, más torpe, profundamente honesta. La torpeza no es un efecto estético, sino una forma ética de narrar: decir las cosas aunque no tengan una estructura perfecta, aunque no generen un relato fluido, aunque interrumpan. Lo importante no es cómo se dice algo, sino que se diga desde el lugar en el que una realmente está. Y desde ese lugar, lo que Niemi construye es un mapa lleno de desvíos, de detalles insignificantes, de afectos inesperados. No pretende resolver nada, pero sí registrar con precisión el modo en que una persona intenta sostenerse entre sus recuerdos, sus imaginaciones y sus contradicciones. Quizá ahí esté su mayor logro: no ordenar el caos, sino darle voz.

Conclusión

En lugar de ordenar los temas como si siguieran un camino claro, 'Progress Bakery' de Eliza Niemi deja que cada canción se conecte por lo que transmite, no por lo que cuenta, como si el sentido viniera de las sensaciones más que de la lógica.

8

Álbum

Eliza Niemi - Progress Bakery

Artista

Eliza Niemi

Año

2025

Discográfica

Tin Angel

Tratando de escribir casi siempre sobre las cosas que me gustan.