Review

Momma - Welcome to My Blue Sky

Momma

2025

8.7


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‘Welcome to My Blue Sky’ nació al borde de la carretera, en medio de una rutina que aplasta por repetitiva y deslumbra por lo incierta. Momma, cuarteto afincado en Brooklyn, estaban de gira cuando vieron un cartel de gasolinera con las palabras que terminaron titulando su cuarto álbum. En lugar de un refugio, lo que encontraron fue una grieta por la que se coló todo lo no resuelto. Lo escribieron en tránsito, con los vínculos desgastándose a la velocidad del kilometraje y con una pulsión urgente por decir lo que nunca se dijo en el momento adecuado.

Al escucharlo, ‘Welcome to My Blue Sky’ transmite esa incapacidad de establecer un lugar fijo, tanto físico como emocional. No se trata de nostalgia sino de una deriva sostenida. El disco se despliega como si cada canción fuera escrita en mitad del desorden, antes de que haya tiempo para sacar conclusiones. No hay una voz que domine ni un tono que se imponga sobre los demás: cada tema parece interrumpir al anterior sin pedir permiso, como si su urgencia fuera lo único que les justifica.

'Sincerely', que abre el disco, expone una despedida sin dramatismos, casi como una notificación formal de que ya nada es recuperable. Enseguida irrumpe 'I Want You (Fever)', una confesión sin culpas que se sostiene en guitarras tensas y una línea melódica que simula confianza. “Pick up and leave her / I want you, fever”, cantan, con la frialdad del que ya ha aceptado que no hay vuelta atrás. No hay remordimiento en ese anhelo, sólo una constatación de lo inevitable.

La fricción entre euforia y descomposición se repite a lo largo de los doce temas. ‘Rodeo’, escrita desde la perspectiva de sus exparejas, no busca justificarse. En su lugar, describe el lugar exacto donde se produce el daño. “Are you thinking of me out there?”, preguntan, no como súplica sino como constatación de una herida compartida. El sonido aquí —guitarras saturadas, baterías contenidas, voces que apenas suben el tono— acompaña ese conflicto sin resolver.

El disco oscila entre momentos de aparente ligereza como ‘Stay All Summer’ y pasajes más contenidos como ‘New Friend’, donde la acústica y los silencios revelan más que las frases. En este último, el entusiasmo de una nueva conexión se diluye pronto, dejando sólo una sensación de extrañamiento. No hay euforia en el descubrimiento, sino cansancio por anticipación. Lo mismo ocurre en ‘How to Breathe’, donde una relación queer se desarrolla en la sombra, casi como un secreto que no termina de asumirse del todo: “But mom and dad couldn’t know / I figured they would die without / seeing who I am in my home”.

La producción, a cargo de Aron Kobayashi Ritch, refuerza este vaivén emocional sin imponer una estética homogénea. Los temas suenan compactos, directos, incluso cuando coquetean con la distorsión (‘Last Kiss’) o con un minimalismo más melódico (‘Bottle Blonde’). Las decisiones sonoras no persiguen una coherencia estilística, sino una correspondencia con el momento emocional desde el que fueron escritas. Algunas canciones empiezan como bosquejos acústicos y se expanden sin necesidad de grandes giros, como si bastara con dejarse llevar por la intensidad del momento en que surgieron.

‘Ohio All the Time’ funciona como núcleo emocional del disco. No por su contenido explícito, sino porque resume ese sentimiento de estar fuera de lugar incluso cuando todo parece encajar. “I’m running to you, right? / I’m gunning for you”, se escucha, sin que quede claro si es una afirmación o una ironía. La ambigüedad es parte de la estructura del álbum: no hay resolución ni clímax, sólo un desfile de fragmentos donde el afecto, el arrepentimiento y la indiferencia se superponen sin jerarquía.

En ‘Welcome to My Blue Sky’, lo romántico está desprovisto de idealización. El deseo aparece como una fuerza incontrolable y poco amable, mientras que el cariño hacia una misma o hacia otra se formula desde la contradicción. ‘Bottle Blonde’ apunta en esa dirección: hay consuelo, pero también sospecha. “You’re gonna figure it out”, repiten, aunque no parezca haber mucha certeza detrás.

Cierra el disco ‘My Old Street’, un tema donde lo íntimo se vuelve exposición. Las imágenes de la infancia no son motivo de ternura sino de incomodidad. “And my old street / Just bury me”, cantan, sin esperanza ni dramatismo. El final no ofrece una síntesis, sino una conclusión provisional. Como si, después de todo, la única constante fuera el movimiento.

‘Welcome to My Blue Sky’ no es un ejercicio de estilo ni un álbum de ruptura al uso. Es más bien un archivo sin editar de un periodo marcado por la simultaneidad de las pérdidas y los comienzos. Momma no lo presentan como algo redondo ni definitivo. Lo que queda es la sensación de que cada canción fue escrita antes de que todo se acomodara, cuando todavía se estaba en medio del colapso. Y desde ahí, lo único que se puede hacer es seguir.

Conclusión

Momma trazan en ‘Welcome to My Blue Sky’ un mapa emocional donde las relaciones fallidas conviven con la euforia del desarraigo, sin necesidad de buscar consuelo en el pasado ni adornarlo.

8.7

Álbum

Momma - Welcome to My Blue Sky

Artista

Momma

Año

2025

Discográfica

Polyvinyl / Lucky Number

Tratando de escribir casi siempre sobre las cosas que me gustan.