¿Es posible habitar el presente mientras seguimos conversando con el pasado? ‘Night Palace’ abre ese interrogante en una colección que reúne no solo sonidos, sino experiencias, lugares y tiempos distantes. Este álbum de Mount Eerie parece surgir de una tensión entre la vida cotidiana y la vastedad de la naturaleza que lo rodea, como si buscara una síntesis entre el peso de los recuerdos y la urgente presencia de la vida en la isla de Orcas, en el noroeste del Pacífico. Lo que este álbum ofrece no es solo una exploración sonora, sino una suerte de topografía emocional, un intento por mapear cómo lo que somos resuena en lo que fuimos.
¿Cómo se siente habitar un espacio que nunca terminamos de poseer del todo? La lírica de Phil Elverum, que ahora encuentra mayor expresión en Mount Eerie, atraviesa un proceso de disolución de límites entre lo personal y lo colectivo. En ‘Night Palace’, la naturaleza y sus elementos adquieren una intensidad que oscila entre la cercanía familiar y la inmensidad inalcanzable, en una propuesta que incorpora ruido, estruendos y fragmentos de intimidad en medio de una instrumentación que podría pasar de un susurro acústico a un estallido de distorsión. ‘Night Palace’ despliega una narrativa que oscila entre lo político y lo doméstico, uniendo su conciencia crítica con momentos de observación casi mundana.
El álbum se abre con una complejidad instrumental que parece mirar hacia sus trabajos anteriores. La canción homónima ‘Night Palace’ se convierte en una pieza sonora cargada de distorsión y tensión, un regreso a las texturas de ‘The Glow Pt. 2’ en cuanto a su enfoque lo-fi, casi brutalista. Por momentos, la obra roza un paisaje de múltiples estilos que remiten tanto a los inicios de Mount Eerie como a los más recientes trabajos de The Microphones. A lo largo de 26 temas, Mount Eerie construye algo que se siente como un enorme palimpsesto: una serie de capas de experiencias que se filtran a través de un ruido minimalista y crudo, con un propósito que parece revelarse solo de forma gradual.
Cada canción se percibe como un fragmento de vida que Mount Eerie ha elegido compartir, en un estilo que oscila entre la observación existencial y la denuncia política. ‘Non-Metaphorical Decolonization’ es un ejemplo del compromiso con esta denuncia directa, cuestionando abiertamente el legado colonial que habita en el paisaje norteamericano y el impacto de generaciones de colonialismo que, como describe, siguen resonando en el presente. Elverum describe estas realidades con una claridad casi documental, lejos de las metáforas que caracterizaban su estilo anterior. Esta canción, en particular, es una declaración en contra de los hábitos de apropiación de tierras que Elverum observa como inherentes en el mundo que habita.
Por otro lado, el álbum explora la intersección entre lo natural y lo artificial en ‘November Rain’, donde la presencia de “hogares desocupados” es el reflejo de una relación utilitaria con la tierra, en la que el valor se mide solo desde la propiedad y no desde el respeto al espacio común. A través de estos temas, Elverum no solo revela el contexto de su propio espacio, sino también una crítica hacia la cultura contemporánea de explotación ambiental.
En cuanto a su sonido, ‘Night Palace’ parece aludir tanto a los antiguos paisajes de feedback y ruido que marcaron a Mount Eerie, como a experimentaciones más recientes. Temas como ‘I Heard Whales (I Think)’ se sienten como una inmersión en la naturaleza, pero también una forma de diálogo con ella, de buscar respuestas en la esencia misma de los sonidos y las formas de vida que coexisten en ese ecosistema aislado. No es una coincidencia que muchas de estas canciones se sientan densas, y en ocasiones hasta asfixiantes; Elverum permite que el ruido sea un canal para expresar tanto el agobio del entorno como la introspección que lo habita.
Por otro lado, ‘Swallowed Alive’ aporta un carácter casi visceral al disco, incorporando una intensidad que va más allá de las palabras, como si la música misma pudiera invocar ese “todo” inabarcable. Esta variedad de matices y estilos, que también incluye pasajes enérgicos, cambios rítmicos bruscos y secuencias melódicas enérgicas, recuerda la estructura de ‘The Glow Pt. 2’, aunque en este caso llevada a un plano de mayor madurez y realismo.
Los temas finales, como ‘I Need New Eyes’, aportan un cierre a este recorrido. En esta última canción, Mount Eerie parece reflexionar sobre la necesidad de redescubrir el presente desde una perspectiva libre de expectativas pasadas, planteando una especie de reconciliación entre la juventud y la experiencia. ‘Night Palace’ se convierte en una crónica de la memoria y el instante, capturando la complejidad de una vida entera en cada acorde y cada verso. Este trabajo, en toda su multiplicidad, no busca respuestas definitivas, sino el valor de la propia búsqueda.
Conclusión
‘Night Palace’ de Mount Eerie explora una visión crítica de la sociedad americana actual, con sonidos que oscilan entre lo natural y lo simbólico, y letras que exponen tanto la conciencia política como los recuerdos personales.

