Tras conquistar las pistas de baile con 'Renaissance' en 2022, Beyoncé continúa su cruzada de tres actos para reclamar géneros que ya no se asocian con la tradición artística negra que los inventó. Después de dejar su sello en la música house, ha enlazado el country, el folk, el gospel y el americana en 'Acto II: Cowboy Carter'. Una reivindicación directa de sus raíces sureñas, esta no es la primera vez que Beyoncé incursiona en el género: 'Daddy Lessons' de 'Lemonade' ya demostró su habilidad para hacer suyo cualquier estilo musical.
Sin embargo, la controversia que rodeó su actuación en los Premios de la Música Country en 2016 con The Chicks fue un recordatorio de que aún quedaba un largo camino por recorrer. Así que, avanzando hasta 2024, Beyoncé se puso manos a la obra, irrumpiendo en la radio country y convirtiéndose en la primera mujer negra en liderar la lista Hot Country Songs de Estados Unidos con el pegadizo 'Texas Hold 'Em'. Este éxito provocó un aumento de atención hacia las artistas country femeninas negras, incluyendo a Tanner Adell y a la pionera Linda Martell, la primera mujer negra en actuar en el Grand Ole Opry.
A lo grande con 'Cowboy Carter', Beyoncé se calzó las botas para un curso intensivo sobre la historia americana olvidada y su lugar dentro de ella. Con mucho que demostrar, dedica casi 80 minutos a exponer sus argumentos en busca de aceptación, o simplemente reconocimiento, en esta tradición, utilizando su propia historia de vida y la ayuda de algunos amigos famosos. Convocando a sus seguidores con la épica apertura 'Ameriican Requiem', presenta sus credenciales sureñas a los críticos que solían decir que 'hablaba demasiado country' y que 'no era lo suficientemente country'.
La leyenda del country Willie Nelson, Dolly Parton y la mencionada Martell respaldan a Beyoncé en una serie de interludios. Parton introduce una enérgica versión de su clásico 'Jolene', que Beyoncé hace propia con letras personales que resurgen el drama de 'Lemonade' en torno a la famosa 'Becky con el buen cabello'. Beyoncé también recurre a contemporáneos que han dado el salto al country, como Miley Cyrus en el dueto 'II Most Wanted' y el texano Post Malone en la juguetona 'Leviis Jeans'.
Si bien la mayor parte del 'Acto II' se adhiere a estos momentos country, Beyoncé es lo suficientemente astuta como para rapear en el brutal 'Spaghettii' y regresar a la pista de baile en 'Riiverdance' para recordarles a los detractores que sigue siendo un álbum de Beyoncé. Con 27 canciones, hay una cantidad abrumadora de referencias autoconclusivas y sonoras que digerir, lo que seguramente mantendrá ocupado al enjambre de fans durante un tiempo.
'Cowboy Carter' es una declaración de intenciones tan grandiosa que parece ser la última palabra de Beyoncé sobre identidad, propósito y legado, celebrando el pasado con la esperanza de cambiar el futuro. Solo cabe esperar que el 'Acto III' encuentre a Bey apostando por el rock. A pesar de su duración y ambiciones historiadoras, 'Cowboy Carter' sigue sintiéndose algo crudo. Canciones como 'Spaghettii' y 'Just for Fun' no aprovechan al máximo a sus invitados, mientras que 'Alligator Tears' y 'Flamenco' no logran desarrollarse por completo.
Beyoncé demuestra estar muy consciente de las huellas que sigue, con leyendas vivas como Nelson y Martell testificando su valía. Cuando cubre canciones de otros, las transforma a su imagen, a veces de manera demasiado obvia. Su versión de 'Blackbird' de The Beatles es perspicaz, pero prescindible desde el punto de vista musical, aunque se entiende su motivación relacionada con los derechos civiles. En cambio, su reinterpretación de 'Landslide' como un himno de Bonnie y Clyde en el dueto 'II Most Wanted' fusiona el pasado y el presente con más sutileza.
El álbum es cíclico, comenzando con una advertencia sobre la decadencia de América y terminando con Beyoncé implorando piedad mientras observa su mundo desmoronarse. No está claro si obtiene la absolución que busca, ya que termina justo donde comenzó. El final de 'Cowboy Carter' se conecta sin problemas con la primera canción, en un ciclo eterno al estilo de 'Finnegans Wake' de James Joyce.
En general, 'Cowboy Carter' es una hazaña ambiciosa y detallada. Beyoncé no pretende 'salvar' el country, sino recontextualizar este arte arraigado en tradiciones que van mucho más allá de lo que sus guardianes pálidos quieren que creamos. Aunque no siempre logra dar en el clavo de un clásico, nadie puede negar la audacia de este hito inevitable. Una vez que se asiente el polvo de su atrevimiento, 'Cowboy Carter' deja una huella imborrable.


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