Review

Celestial Bums - Minutes From Heaven

Celestial Bums

2026

7


Por -

Desde que comenzaron su andanza en 2022, Celestial Bums se han labrado una trayectoria coherente dentro de los sonidos de guitarras densas y atmósferas ensoñadoras, y su cuarta entrega llega en un momento de claras transformaciones internas para el grupo. El proceso de escritura de estas ocho composiciones, desarrollado entre comienzos de 2023 y la primavera del año siguiente, vino marcado por cambios sustanciales en la vida de Japhy Ryder, su cantante y guitarrista, que trasladaron el núcleo creativo hacia un terreno más personal de lo habitual. La paternidad reciente y la conciencia del paso generacional impregnan la arquitectura de los temas, no como narraciones explícitas sino como corrientes soterradas que emergen en forma de melodías especialmente cuidadas y letras que evitan el confesionalismo directo para sugerir estados anímicos. El resultado abandona cualquier pretensión de grandilocuencia para centrarse en capturar momentos de lucidez y desconcierto a partes iguales, con una honestidad que no necesita alardes técnicos para sostenerse. Los arreglos de sintetizador y las guitarras con tratamiento de reverberación construyen un colchón sonoro que envuelve sin asfixiar, permitiendo que las voces floten con una naturalidad que sus trabajos precedentes no siempre alcanzaron.

Canciones como 'I Didn't Know' y 'The Letters' transitan por caminos ya conocidos dentro del repertorio del grupo, pero con una resolución más diáfana que en ocasiones pasadas, como si hubieran logrado destilar su propuesta sin perder densidad. Las guitarras mantienen ese punto de fuzz característico de los primeros noventa, con ecos de formaciones británicas que en su día fusionaron la energía del rock con texturas vaporosas, aunque aquí la aproximación resulta menos agresiva y más contemplativa. La sección rítmica, con Augusto J. Marchetti a la batería y Pablo Gorostiaga al bajo, sostiene las composiciones con un pulso firme pero nunca invasivo, dejando espacio para que las guitarras de Ryder dibujen paisajes sonoros que remiten a la costa californiana tanto como a la niebla londinense. En 'Cross The Road', la banda encuentra un equilibrio casi perfecto entre la contención y el estallido, con una progresión armónica que envuelve al oyente sin necesidad de recurrir a dinámicas bruscas ni cambios de volumen repentinos. Las armonías vocales, trabajadas con esmero, aportan una calidez que contrasta con la textura áspera de las guitarras, creando una tensión productiva que recorre todo el plástico.

La pieza más extensa del conjunto, 'Walking On Ice', se extiende durante casi ocho minutos sin que en ningún momento se haga pesada, demostrando un dominio de los tiempos y las atmósferas que solo se adquiere después de años de directos y carretera. El tema funciona como un viaje en sí mismo, con secciones claramente diferenciadas que sin embargo fluyen con naturalidad, como si se tratara de varios movimientos de una misma sinfonía pop. La producción, a cargo del propio Gorostiaga en el estudio ArcticWave, opta por un sonido cálido y ligeramente sucio que aleja el disco de las pulcritudes del rock de estadio para acercarlo a la inmediatez de las grabaciones caseras bien resueltas. Los sintetizadores luminosos que aparecen en 'A Dream (Guide Me From The Stars)' actúan como contrapunto perfecto a las guitarras saturadas, recordando a cierta tradición psicodélica de los sesenta pero sin caer en la nostalgia facilona. Las letras, escritas en inglés, evitan los lugares comunes del género y se centran en imágenes concretas: la luz entrando por una ventana, el sonido de unos pasos en la madrugada, la sensación de vértigo ante lo que viene.

En 'Minutes From Heaven' hay una voluntad clara de alejarse de la experimentación por la experimentación que a veces lastró 'Sleep Inside A Horse', su entrega anterior, para volver a una escritura más instintiva y menos mediada por la reflexión excesiva. Las canciones respiran con una libertad que solo se concede cuando se confía en el material de base, y aquí las bases son sólidas: melodías reconocibles, estructuras que se sostienen por sí mismas y un sonido de conjunto que funciona como un todo orgánico. La influencia del pop de los primeros Ride o de los momentos más accesibles de My Bloody Valentine se percibe en la manera de tratar las guitarras como capas superpuestas que generan texturas cambiantes, pero la personalidad del grupo logra imponerse sobre esas referencias. Los pasajes más etéreos, como los que dominan la cara B del vinilo, conviven con otros de mayor pegada rítmica sin que se produzca un choque brusco, evidenciando un trabajo de selección y orden de los temas especialmente cuidadoso.

La mirada hacia el interior que propone el conjunto no deriva sin embargo en un ejercicio de ensimismamiento, sino que busca establecer puentes con quien escucha a través de sensaciones compartidas. La conciencia del tiempo que pasa, la responsabilidad que implica cuidar de otros, el miedo a no estar a la altura de las circunstancias: todo ello aparece tamizado por una sensibilidad que prefiere la sugerencia a la declaración rotunda. El disco gana con las escuchas sucesivas, revelando pequeños detalles en las mezclas y matices en las interpretaciones que pasan desapercibidos en un primer contacto superficial. Al final, lo que queda es la impresión de haber asistido a una conversación privada entre amigos, donde lo importante no es tanto lo que se dice sino la confianza con la que se comparte. Y esa sensación, en estos tiempos de ruido y prisa, vale más que cualquier alarde técnico.

Conclusión

Con un sonido de guitarras densas y sintetizadores luminosos, Celestial Bums encuentran el equilibrio entre la energía del rock y la calidez del pop más meditativo y reflexivo.

7

Álbum

Celestial Bums - Minutes From Heaven

Artista

Celestial Bums

Año

2026

Discográfica

We Were Never Being Boring Collective

Tratando de escribir casi siempre sobre las cosas que me gustan.