Robin Skinner escribió varias canciones de ‘Running With Scissors’ tras pasar un largo rato tendido en el suelo de un apartamento desconocido, intentando ordenar ideas antes de entrar al estudio. Esa escena define la raíz del álbum: el esfuerzo por transformar la confusión en algo tangible sin perder la sinceridad que siempre ha caracterizado a Cavetown. La anécdota, contada por el propio Skinner, refleja un punto de inflexión vital. Durante la creación del disco atravesó una mudanza, consolidó su primera relación duradera y se preparó para la llegada de un hermano recién nacido. Esos cambios marcaron su escritura y la dirección del proyecto. Lo que surgió de ese periodo fue un trabajo que combina ternura y rabia, sin artificios y con una determinación que antes se intuía, pero que aquí se concreta. El artista, acostumbrado a grabar solo, decidió compartir parte del proceso con otros productores y músicos, abriendo su método de trabajo a una mirada más colectiva. Esa colaboración influyó de manera directa en la energía del disco, que transmite confianza y una visión más amplia del propio sonido.
La primera pista, ‘Skip’, presenta una mezcla de suavidad y fuerza que anuncia el resto del álbum. La guitarra acústica introduce un tono cálido que pronto se ve acompañado por capas electrónicas y un ritmo constante. Esta combinación describe con precisión el nuevo enfoque de Skinner: conservar su cercanía habitual mientras busca una energía más decidida. ‘Cryptid’ continúa ese impulso con un tono desafiante y frases que expresan irritación sin caer en la exageración. El uso de autotune y efectos sirve como un instrumento expresivo más, capaz de traducir la tensión del momento. Cuando el artista canta “I’m livid, dude, I’m not calling you back”, el mensaje se entiende como una liberación de la frustración y una defensa del espacio propio. En ‘Rainbow Gal’, el ambiente cambia por completo. El tema trata de cómo un vínculo sentimental puede sostenerse a través de la distancia física, y cómo la tecnología puede mantener la conexión entre dos personas sin restar autenticidad al afecto. La descripción “8-bit, crushed, digital, monotone” sirve como metáfora de una generación que encuentra consuelo en lo artificial, y Skinner convierte esa idea en una reflexión sobre la cercanía en tiempos donde todo se filtra por pantallas.
‘Baby Spoon’ mantiene esa línea, aunque desde un ángulo más doméstico. El autor canta sobre el deseo de cuidado mutuo, y lo hace desde la sencillez de una frase que condensa una intimidad cotidiana: “I wanna be your baby spoon”. La canción evita cualquier dramatismo y propone una visión del cariño basada en la comodidad compartida. Esa naturalidad es lo que dota de sentido al conjunto, porque convierte las pequeñas acciones en fuente de estabilidad. ‘NPC’, en cambio, adopta un tono más irónico. La referencia a los personajes controlados por ordenador representa una forma de alienación que Skinner identifica en su propia vida. A través de un ritmo dinámico y cambios constantes, transmite la sensación de vivir en automático mientras busca un sentido más consciente de las cosas. El tema combina guitarras directas con sonidos procesados, logrando una coherencia que demuestra la madurez del artista a la hora de construir atmósferas.
‘Reaper’ amplía esa intensidad con una energía más cercana al punk alternativo, aunque sin perder el tono reflexivo que define el proyecto. La canción expone la tensión entre lo que se reprime y lo que se expresa, transformando la rabia en impulso vital. La interpretación vocal alcanza un punto de ruptura calculado, y esa distorsión transmite la necesidad de liberarse del propio peso. ‘Straight Through My Head (DO IT!!!)’ retoma esa energía y la lleva al extremo. Los gritos y los cambios de ritmo convierten el tema en un desahogo controlado, donde la saturación es parte de la expresión. En ambos casos, Skinner utiliza la intensidad sonora como vía para representar una mente que intenta reorganizarse sin perder la calma. La rabia se entiende como reacción lógica ante un entorno que impone demasiadas presiones, y el artista la canaliza sin dramatismos, con una honestidad que se percibe en cada pausa.
El bloque siguiente cambia de registro. ‘Tarmac’, coescrita con Orla Gartland, combina melodía pegadiza y ritmo constante con una letra que habla de seguir avanzando pese a la incertidumbre. La colaboración introduce un aire más fresco, menos calculado, que demuestra cómo Skinner empieza a disfrutar del trabajo compartido. ‘Sailboat’, junto a Chloe Moriondo, mantiene esa sensación de camaradería. Suena como una conversación entre dos personas que se entienden desde la complicidad, sin artificios. El tema muestra una versión más abierta del artista, dispuesto a experimentar sin miedo al exceso. Ambos cortes reflejan una etapa en la que la amistad y la confianza sustituyen al aislamiento creativo que había caracterizado sus primeros discos.
En el tramo final, ‘No Bark No Bite’ recupera el tono más íntimo de Cavetown, apoyado en guitarras suaves y una estructura sencilla. Funciona como descanso dentro del conjunto, recordando de dónde viene el proyecto. Luego aparece ‘Micah’, una carta al hermano pequeño que combina ternura y aprendizaje. La voz adopta un tono sereno, como si Skinner quisiera dejar constancia de lo que ha comprendido sobre su propia infancia. Al hablar de su familia, evita idealizar y se limita a describir el deseo de mejorar lo heredado. Esa claridad convierte la canción en una de las más directas del disco. El cierre con ‘Running With Scissors’ reúne todos los temas previos: la necesidad de asumir riesgos, la confianza en el propio criterio y la aceptación de la fragilidad. La metáfora de correr con unas tijeras refleja la idea de avanzar sabiendo que todo puede salir mal, pero entendiendo que detenerse por miedo impide cualquier avance.
En conjunto, ‘Running With Scissors’ representa un cambio de etapa dentro de la trayectoria de Cavetown. El artista mantiene la delicadeza que lo hizo reconocible, aunque la combina con una decisión más firme al abordar el sonido. Su apuesta por unir guitarras con elementos electrónicos demuestra una evolución lógica, que no busca sorprender sino retratar el momento presente de su vida. Cada canción revela un equilibrio entre afecto y frustración, entre ternura y rabia, que define la forma en que Skinner se observa a sí mismo y al entorno. La obra también expresa una postura moral clara: la defensa de la identidad propia y de la diversidad como principio irrenunciable. Esa convicción atraviesa las letras, donde el amor y la aceptación funcionan como respuesta frente a un mundo que tiende a excluir. El resultado es un disco que no se refugia en la nostalgia ni en la complacencia, sino que muestra a un artista dispuesto a seguir adelante con lo que tiene, sin adornos ni excusas.
La relevancia de ‘Running With Scissors’ reside en su capacidad para describir una madurez que no renuncia a la sensibilidad. Cavetown no intenta proyectar grandeza, prefiere exponer sus contradicciones con una naturalidad que lo acerca a quienes lo escuchan. Esa franqueza convierte al álbum en un punto de equilibrio dentro de su carrera: un trabajo que mira hacia el futuro sin perder el contacto con sus orígenes. En cada tema se percibe el esfuerzo por mantener la coherencia entre lo que se siente y lo que se expresa. Esa transparencia convierte este proyecto en una obra de crecimiento real, donde las canciones funcionan como un registro del aprendizaje más que como un escaparate de estilo.
Conclusión
‘Running With Scissors’ muestra cómo Cavetown convierte los cambios personales en un relato honesto sobre el crecimiento y la convivencia con la inseguridad, combinando ironía, dinamismo rítmico y un pop híbrido de pulso inquieto que se sostiene en la confianza adquirida.

