Review

Bill Callahan - My Days of 58

Bill Callahan

2026

8.5


Por -

A lo largo de tres décadas y media de trayectoria, el compositor estadounidense ha construido un catálogo donde la observación minuciosa y el humor seco conviven con una mirada cada vez más atenta al paso del tiempo. Su octavo trabajo bajo su nombre real llega después de 'YTILAER' de 2022 y del directo 'Resuscitate!' de 2024, y mantiene la colaboración con los músicos que lo acompañaron en aquella gira: Matt Kinsey a la guitarra, Dustin Laurenzi al saxo y Jim White a la batería. Durante la grabación, Callahan preparó las canciones por separado con cada intérprete, registrando la base de casi todos los temas únicamente con White, y luego incorporó arreglos de viento y cuerdas que buscaban una atmósfera distendida, alejada de cualquier grandilocuencia. El propio autor ha definido el resultado como un "disco de salón", una etiqueta que remite más a la actitud relajada con la que fueron concebidas las piezas que a su fidelidad sonora.

Las letras de 'My Days of 58' transitan por territorios que Callahan ya ha pisado antes, aunque ahora con una perspectiva menos hermética. En 'Why Do Men Sing', que abre el conjunto, el narrador describe la rutina de llevar las canciones de ciudad en ciudad mientras recibe la visita de Lou Reed ataviado de blanco, como una especie de guía espiritual que aparece en sueños. La pieza se despliega durante casi siete minutos sin que sobre ninguna transición, alternando pasajes de folk pausado con secciones más densas donde las guitarras se distorsionan y los metales irrumpen sin avisar. En 'The Man I'm Supposed to Be', las cuerdas punteadas derivan hacia un ritmo nervioso que sostiene una confesión incómoda: el temor a dejar de esforzarse pesa más que la propia muerte, y esa revelación llega envuelta en una melodía que oscila entre lo apacible y lo agitado sin resolver del todo la tensión.

La habilidad de Callahan para dosificar el humor en contextos aparentemente graves alcanza uno de sus puntos más altos en 'Pathol O.G.', donde repasa su relación con la música desde la adolescencia y suelta una de esas frases que permanecen pegadas después de la primera escucha: lo importante es no confundir el bote salvavidas con un yate. La estructura del tema permite que la palabra hablada conviva con un estribillo pegadizo y con un chiste sobre una noche que debía prolongarse hasta que alguien sugiere buscar hotel. Justo después, 'Stepping Out for Air' despliega una textura de country crepuscular donde los vientos suenan como un viento que empuja al caminante cuando sale a la calle, y la percusión marca un paso lento pero firme mientras la voz de Callahan se mantiene en ese registro grave que nunca necesita forzar para transmitir matices. La pieza crece durante más de siete minutos sin perder nunca la sensación de que todo podría desmoronarse si alguien dejara de escuchar al de al lado.

La mirada de Callahan hacia quienes le precedieron y hacia los que vienen después aparece con claridad en 'Empathy', donde se dirige a un padre ausente y también a sus propios hijos. El relato menciona el día en que consiguió el respeto paterno enseñando un cheque de tres mil dólares, una imagen que condensa décadas de distancia emocional, pero el tono no busca la lástima sino la constatación de que ciertas cosas se heredan sin necesidad de palabras. Los vientos que acompañan la parte final subrayan esa conclusión con calidez, sin resultar empalagosos. En 'West Texas', el compositor menciona que ronda los sesenta años mientras observa el paisaje nocturno, y lo hace con una mezcla de extrañeza y aceptación que impide clasificar la canción como una mera reflexión sobre la edad. La steel guitar de Bill McCullough dibuja líneas que parecen flotar sobre el territorio descrito, igual que sus fotografías en la portada juegan con planos desenfocados y nítidos.

'Computer' aborda la irrupción de la música generada por inteligencia artificial y el ruido permanente de las redes sociales con un tono que mezcla hastío y diversión. Los sonidos de guitarra que acompañan la letra imitan pitidos y distorsiones digitales, pero la base rítmica mantiene la soltura acústica del resto del conjunto, como si Callahan quisiera subrayar que lo hecho a mano todavía tiene algo que decir frente a la automatización. 'Lake Winnebago' juega con rimas inesperadas mientras plantea la posibilidad de establecerse en Wisconsin como alternativa a los grandes centros urbanos, y la ligereza con la que está tratado el tema contrasta con la densidad de otros pasajes sin que el cambio de registro resulte forzado. 'Highway Born' recupera el gusto por la carretera y la vida nómada, pero lo hace desde una perspectiva que insiste en el renacimiento continuo más que en la nostalgia por un pasado mitificado.

El tramo final del álbum incorpora elementos que se salen parcialmente de los moldes habituales de Callahan. 'And Dream Land' combina estructuras de country clásico con secciones de improvisación que tienden hacia lo abstracto, como si la banda decidiera tomar caminos separados durante unos compases para luego reencontrarse. La pieza que cierra, 'The World Is Still', reduce la instrumentación a trazos mínimos sobre los que la voz se despliega con una economía de medios inhabitual, dejando que sean las pausas y los silencios los que sostengan el significado. La práctica de meditación que Callahan sigue desde hace tiempo encuentra aquí un reflejo directo, aunque el resultado no pretende aleccionar a nadie sino simplemente constatar que ciertas inquietudes pueden aquietarse sin necesidad de resolverlas.

Conclusión

Las canciones de Bill Callahan en 'My Days of 58' transitan entre la vida en la carretera y el hogar, retratando relaciones rotas y miedos cotidianos con una franqueza que esquiva cualquier atisbo de autocompasión.

8.5

Álbum

Bill Callahan - My Days of 58

Artista

Bill Callahan

Año

2026

Discográfica

Drag City

Tratando de escribir casi siempre sobre las cosas que me gustan.