Simon Williams ensaya frente al espejo de un camerino reducido, concentrado en repetir una frase que podría acercarle al papel que lleva meses esperando. Esa escena define la dirección que adopta 'Wonder Man', una serie de Marvel para Disney+ creada por Destin Daniel Cretton y Andrew Guest, donde la vida del protagonista gira alrededor del deseo de abrirse paso en Hollywood mientras oculta una habilidad que lo aparta del resto. La serie evita los combates y las explosiones que acompañan habitualmente al género y centra su mirada en la rutina de un actor que intenta mantener su carrera a flote. Desde el primer episodio, Cretton combina humor, sátira y drama para mostrar un entorno que explota la ilusión de sus participantes, presentando un retrato que utiliza el formato de comedia ligera para analizar un mundo dominado por la competencia y la frustración.
Simon, interpretado por Yahya Abdul-Mateen II, se construye como un hombre corriente con una particularidad que debe mantener en secreto: posee superpoderes. Esa condición lo obliga a disimular su fuerza y actuar como si nada le distinguiera de los demás. La serie convierte esa circunstancia en el centro de su conflicto, porque el protagonista desea trabajar en la industria del cine, pero vive bajo la amenaza de ser apartado si su habilidad sale a la luz. A lo largo de ocho episodios, 'Wonder Man' muestra cómo ese temor condiciona su carácter y su relación con los demás, tanto en lo profesional como en lo personal. El tono general mantiene un equilibrio entre comedia y drama, apoyándose en la interpretación de Mateen, que ofrece un Simon meticuloso, inseguro y con una determinación que lo impulsa a seguir intentándolo incluso cuando todo parece cerrarse a su alrededor.
El acompañante de Simon en su recorrido es Trevor Slattery, interpretado por Ben Kingsley, un actor veterano que conoció el éxito y la caída. Su papel funciona como contrapunto y mentor del protagonista, aportando una mezcla de humor y desencanto que da ritmo a la serie. La relación entre ambos forma el eje emocional del relato, que explora el compañerismo entre dos intérpretes con trayectorias opuestas. Slattery se encarga de guiar a Simon dentro de un sistema que ambos comprenden como una maquinaria donde el talento sirve solo mientras genera beneficio. Las conversaciones entre ellos abordan con ironía los castings interminables, la explotación de las franquicias y la obsesión de Hollywood por reciclar viejas historias, lo que convierte a 'Wonder Man' en una sátira del propio entorno que la produce.
El argumento introduce un elemento político relacionado con la regulación de los individuos con habilidades especiales. Dentro del universo de la serie, el Departamento de Control de Daños se dedica a vigilar a esas personas y a impedir que trabajen en el cine, lo que coloca a Simon en una posición vulnerable. Un episodio en blanco y negro explica el origen de esa prohibición, ofreciendo una historia independiente que amplía la información sobre el contexto. Esta parte aporta una mirada distinta, más cercana a la narración clásica, y muestra el interés de los creadores por diversificar el formato. A través de ese desarrollo, la serie plantea una reflexión sobre la vigilancia institucional y sus consecuencias dentro de un entorno creativo, manteniendo siempre la coherencia con el tono general de comedia dramática.
La dirección de Destin Daniel Cretton se distingue por su sobriedad. Frente a la espectacularidad de otras producciones de Marvel, 'Wonder Man' apuesta por escenarios reconocibles: platós, oficinas y apartamentos donde la acción se reduce a conversaciones, ensayos y pruebas de casting. Ese enfoque dota de credibilidad a los personajes y acerca la historia al terreno del retrato laboral. Los ocho capítulos mantienen una duración aproximada de media hora, lo que facilita un ritmo constante sin depender de grandes giros. El montaje concede espacio a las interpretaciones y a los diálogos, mientras que la fotografía emplea una iluminación sencilla que refuerza la sensación de cercanía. Esta decisión de estilo consolida la idea de que la serie se interesa más por el trabajo actoral que por la acción, ofreciendo un producto que se apoya en la observación y en la química de sus intérpretes.
En su tramo final, 'Wonder Man' cierra la historia sin recurrir a enfrentamientos espectaculares. Simon acepta su situación y continúa su camino como actor dentro de un mundo que difícilmente cambiará. La conclusión mantiene el tono contenido que define toda la serie y evita el exceso de dramatismo. Esa coherencia se extiende al retrato de Trevor, que recupera parte de su dignidad tras años de ser tratado como figura cómica dentro del universo Marvel. Cretton y Guest consiguen equilibrar humor y melancolía, componiendo un relato que observa la industria desde dentro sin perder el ritmo narrativo. El resultado se percibe como una propuesta diferente dentro del catálogo de Disney+, centrada en el trabajo interpretativo y en la descripción de los mecanismos que sostienen el espectáculo.
El valor principal de 'Wonder Man' reside en su capacidad para mantener una identidad propia dentro de una franquicia acostumbrada a la grandilocuencia. Su formato breve, el enfoque sobre el mundo del cine y la relación entre dos personajes que representan etapas distintas de una misma profesión le otorgan coherencia y frescura. La serie logra transmitir la fatiga de un sistema que produce héroes sin descanso mientras muestra la fragilidad de quienes intentan destacar en él. Su retrato de la ambición, la frustración y la supervivencia laboral se sostiene sobre interpretaciones sólidas y una dirección que confía en los actores más que en los efectos. Dentro del universo Marvel, 'Wonder Man' funciona como una pausa que examina la parte menos brillante del espectáculo y ofrece una visión cercana de un oficio lleno de precariedad y deseo.
Crítica elaborada por Andrés Gómez
