La escena de Evy sentada ante su ordenador, grabando su podcast mientras la casa permanece en silencio, resume el enfoque de ‘undertone’, el debut de Ian Tuason estrenado en el Festival de Sundance y adquirido por A24. En ese momento, los auriculares aíslan a la protagonista del mundo exterior y cada ruido doméstico adquiere un peso inquietante. La película convierte la escucha en un ejercicio de vigilancia, y el sonido, en una amenaza. Tuason concibe un relato en el que el miedo surge del propio acto de oír, utilizando el espacio reducido de una vivienda para explorar cómo la soledad y la culpa se filtran en la rutina.
Evy, interpretada por Nina Kiri, vive confinada en la casa familiar cuidando a su madre moribunda, interpretada por Michèle Duquet. Su única distracción consiste en grabar un programa sobre historias paranormales, ‘The Undertone’, junto a su amigo Justin, con voz de Adam DiMarco. Durante una noche, Justin le envía una serie de diez archivos de audio recibidos por correo electrónico. En ellos, un matrimonio ficticio, Mike y Jessa, registra sonidos extraños en su hogar. Lo que comienza como simple curiosidad se convierte en una amenaza que traspasa las grabaciones. A medida que Evy analiza cada archivo, los sucesos descritos en los audios parecen reproducirse dentro de la casa. Este punto de partida real dentro de la trama concentra las tensiones temáticas de Tuason: la tecnología como vehículo del terror, la herencia religiosa y la fragilidad que genera cuidar a un familiar moribundo.
El eje de ‘undertone’ está en la interpretación de Kiri y en el diseño sonoro dirigido por David Gertsman. La actriz sostiene el peso del film, casi siempre sola en pantalla, y transmite agotamiento, encierro y desvelo sin recurrir a exageraciones. La distancia con Justin, que aparece únicamente como voz, subraya la incomunicación contemporánea: los personajes mantienen una cercanía digital que en realidad profundiza su aislamiento. Esa dualidad —la conexión constante y la soledad persistente— dota al film de una lectura actual que conecta con la forma en que la tecnología reemplaza la compañía real por una versión auditiva.
El trabajo del director de fotografía Graham Beasley refuerza ese aislamiento. Los planos amplios incluyen zonas oscuras y rincones vacíos, generando la sensación de que algo invisible podría ocuparlos. Las grabaciones se realizan de madrugada, y la iluminación azulada resalta el agotamiento físico de la protagonista. Los elementos religiosos del decorado —crucifijos, estampas y figuras devocionales— introducen la dimensión católica del relato. Varios críticos, como Alan French en FandomWire, señalan que Tuason aborda la culpa asociada a la fe y la relación entre el cuidado, la maternidad y la religión desde la especificidad de un personaje que se define como creyente alejada de la práctica. Esa lectura aparece reforzada por la presencia constante de objetos de culto que observan la acción, como si la casa conservara una vigilancia moral heredada.
El diseño de sonido funciona como el verdadero motor narrativo. Las reseñas coinciden en que el director utiliza la mezcla auditiva para provocar reacciones físicas en el espectador, alternando silencios absolutos con explosiones de ruido que rompen la calma. Cuando Evy coloca los auriculares, el mundo queda suspendido: desaparece el ruido ambiente y solo quedan los sonidos de la grabación. Este recurso logra que el público comparta su percepción y se vea obligado a escuchar con la misma atención que ella. Los críticos destacan cómo la película convierte el audio en un territorio de terror comparable al papel que el found footage otorgó a la imagen en ‘Paranormal Activity’.
La historia se desarrolla dentro de la vivienda y mantiene un ritmo pausado, apoyado en la repetición de las escuchas y en el deterioro progresivo del entorno. Evy alterna las tareas de cuidado con las sesiones del podcast, y esa doble rutina marca la estructura del film. Los sonidos de cuna reproducidos al revés, los ruidos metálicos y los murmullos de las grabaciones se confunden con los propios sonidos del hogar, creando la impresión de que la amenaza surge del mismo espacio cotidiano. Este planteamiento conecta con la intención del autor, mencionada por críticos de ScreenAnarchy y Bloody Disgusting, de transformar la casa en un instrumento acústico que amplifica el miedo.
Tuason dirige con un control riguroso de los tiempos y evita apoyarse en trucos visuales. Las comparaciones con ‘A Quiet Place’ y ‘Saint Maud’ resultan comprensibles por la manera en que utiliza el sonido y el silencio como eje dramático, aunque ‘undertone’ mantiene un tono más íntimo. La película culmina con una secuencia de apagón total donde la pantalla queda en negro y solo el audio guía al espectador, recurso que los críticos interpretan como la culminación del experimento sensorial.
‘undertone’ confirma a Ian Tuason como un director interesado en explorar el miedo a través del sonido y la culpa. Su propuesta, rodada con presupuesto modesto y casi sin reparto, se apoya en una puesta en escena precisa y en una actriz capaz de sostener toda la tensión desde la quietud. A24 respalda un film que apuesta por la inmersión auditiva y que amplía las posibilidades del terror contemporáneo sin recurrir al exceso.
Crítica elaborada por Emma Castillo
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