En uno de los momentos centrales de la película, Kefas adulto regresa al orfanato Pelita Kasih, el lugar que marcó su infancia. A partir de esa visita, el relato de Sim F. reconstruye una historia que combina arrepentimiento, afecto y el intento de entender cómo las heridas del pasado siguen presentes con el paso de los años. ‘Una carta a mi juventud’, producida por Buddy Buddy Pictures y estrenada en Netflix, parte de un punto de vista íntimo y se apoya en hechos inspirados en la propia vida del director, quien también pasó parte de su niñez en un centro similar. La película propone mirar la infancia desde la madurez, explorando el peso de la pérdida y la posibilidad de reparar vínculos rotos.
La trama se centra en Kefas, un adolescente rebelde y desconfiado que vive en un orfanato y mantiene constantes enfrentamientos con Simon, un cuidador mayor recién llegado. La relación entre ambos arranca marcada por la hostilidad, pero evoluciona hacia una complicidad inesperada. Kefas canaliza su rabia a través de travesuras y provocaciones, intentando mantener una apariencia de fortaleza ante un entorno que percibe adverso. Simon, interpretado por Agus Wibowo, representa la figura de la autoridad, aunque su pasado doloroso y su carácter disciplinado esconden un deseo sincero de proteger a los niños del centro. Este vínculo entre un joven marcado por la pérdida y un adulto en duelo articula el eje moral de la película.
El contexto del orfanato ofrece un retrato realista de la vida en instituciones de acogida en Indonesia. Sim F. utiliza ese espacio para reflejar las dificultades de la convivencia, la soledad y el valor del afecto en ambientes donde la jerarquía se impone sobre la comprensión. Kefas lidera a un grupo de menores que lo siguen en sus juegos y conflictos con Simon, y a través de esas dinámicas el film muestra cómo la rebeldía puede ocultar miedo o necesidad de cariño. El guion también subraya el papel del cuidador como figura que, más allá de imponer normas, se convierte en un referente emocional para los niños. Ese planteamiento deriva de testimonios reales sobre orfanatos del país y coincide con la intención del director de representar realidades sociales que conoce de primera mano.
Las interpretaciones sostienen gran parte del interés narrativo. Millo Taslim, en el papel del joven Kefas, transmite la energía y la vulnerabilidad propias de su edad; Fendy Chow, que interpreta al personaje adulto, muestra el cambio de tono y el cansancio del paso del tiempo; y Agus Wibowo ofrece una actuación equilibrada que combina autoridad y ternura. En el reparto también destacan Aqila Herby, Cleo Haura y Halim Latuconsina, quienes aportan presencia en escenas colectivas que refuerzan la idea de familia improvisada dentro del orfanato. Los críticos locales han resaltado la naturalidad de los actores debutantes y la coherencia interpretativa entre las versiones joven y adulta del protagonista.
La dirección de Sim F. mantiene un ritmo sereno y una puesta en escena sencilla, centrada en la observación de los personajes más que en el artificio. La estructura se apoya en el contraste entre pasado y presente, utilizando la narración de Kefas adulto para enlazar los recuerdos con la realidad actual. La música cumple un papel importante: la canción ‘Kidung’, interpretada a lo largo de la película, actúa como hilo conductor emocional y refuerza los momentos más significativos, en especial las secuencias de reconciliación entre Kefas y Simon. Este recurso musical, compuesto por Chris Manusama, se ha destacado en las críticas de medios indonesios como uno de los elementos más eficaces para crear atmósfera.
El último tramo de la película se dedica a la mirada de Kefas adulto, que visita el orfanato para enfrentarse a los recuerdos de su adolescencia. Esa estructura circular permite cerrar la historia con una lectura clara sobre el valor del perdón y la comprensión intergeneracional. ‘Una carta a mi juventud’ utiliza esa doble temporalidad para hablar de segundas oportunidades y de cómo el afecto puede servir como puente entre el pasado y el presente. La obra de Sim F., lejos de dramatizar en exceso, se apoya en la honestidad de su propio testimonio y en un guion que busca transmitir esperanza sin idealizar la realidad que retrata.
‘Una carta a mi juventud’ confirma la capacidad del cine indonesio para tratar temas sociales con sensibilidad y rigor. La película construye una historia coherente, bien interpretada y con una dirección que privilegia la claridad frente al artificio. A través de Kefas y Simon, Sim F. plantea una idea sencilla y directa: incluso en los entornos más difíciles, la empatía y la comprensión pueden transformar la vida de quienes se sienten al margen.
Crítica elaborada por Andrés Gómez
