Cine y series

The Moment

Aidan Zamiri

2026



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En el verano de 2024 quedó demostrado definitivamente como Charli XCX no es una estrella del pop como las demás. Durante una fiesta repleta de cámaras, publicistas y focos que no se apagan, la artista se detiene, observa el caos y lanza una mirada de agotamiento que resume mejor que cualquier discurso lo que intenta contar 'The Moment'. Esa escena, situada en medio del documental ficticio que dirige Aidan Zamiri, no se centra en la música ni en los fans, sino en el desbordamiento de un éxito que amenaza con devorar a su creadora. A partir de ese instante, la película deja claro su enfoque: retratar el precio del éxito y la tensión constante entre la creatividad y la maquinaria industrial que pretende rentabilizarla. Zamiri, antiguo colaborador de Charli, utiliza el falso documental como una lupa que amplifica el ruido que rodea a la artista, con la intención de desmenuzar los mecanismos de una fama que se presenta brillante desde fuera, pero que internamente funciona con la precisión de una empresa en crisis permanente.

El argumento parte de un momento de auge profesional. Charli XCX, interpretándose a sí misma, prepara la gira de su disco 'brat' mientras un acuerdo entre su discográfica y una gran plataforma impulsa la idea de convertir su espectáculo en una película promocional. En ese punto aparece Johannes Godwin, director interpretado por Alexander Skarsgård, contratado sin el consentimiento de la cantante ni de su colaboradora más cercana, Celeste Moreau Collins, papel de Hailey Benton Gates. Desde ahí se abre un conflicto que atraviesa toda la narración: el enfrentamiento entre la ambición empresarial y la necesidad de conservar la identidad creativa. La cámara sigue a Charli en reuniones, ensayos y sesiones de grabación que muestran cómo cada decisión ajena va modificando su obra. A través de ese proceso se construye una mirada incómoda hacia el negocio del entretenimiento, que reduce la inspiración a un producto de consumo y convierte la figura del artista en un engranaje más del marketing. Zamiri logra que cada conversación o discusión adquiera un tono tenso, casi burocrático, donde la espontaneidad desaparece y la gestión sustituye al arte.

La interpretación de Charli XCX se basa en una naturalidad controlada que transmite fatiga, orgullo y confusión al mismo tiempo. Su personaje combina una aparente seguridad con un cansancio visible que la sitúa al borde de perder el control sobre su propio trabajo. No hay exageración en su actuación: cada palabra o mirada parece meditada para dejar ver cómo la fama funciona como un contrato silencioso que exige entrega constante. Frente a ella, Skarsgård compone un director carente de tacto, más preocupado por imponer su sello que por escuchar a la artista. Su presencia introduce un tono de sátira dentro del relato, recordando a esas figuras del cine que confunden autoridad con genio. El choque entre ambos representa el pulso entre la autenticidad artística y la manipulación comercial, un tema que Zamiri presenta sin dramatismos ni sentimentalismo. La cámara de Sean Price Williams refuerza esa sensación de encierro: los planos cercanos, la iluminación agresiva y los encuadres que parecen invadir el espacio personal de Charli transmiten una vigilancia constante, un recordatorio de que la exposición mediática se ha convertido en su entorno natural.

El guion de Zamiri y Bertie Brandes está construido a partir de pequeñas secuencias que funcionan como piezas de un retrato coral. Algunas se apoyan en la ironía para mostrar el absurdo del mundo del pop contemporáneo; otras adoptan un tono más serio, casi documental, para evidenciar la presión que implica mantener una imagen rentable. Las conversaciones con su equipo, las decisiones impuestas por la discográfica o los desacuerdos con su amiga Celeste componen un retrato de la soledad que acompaña a la fama. En esas escenas se percibe una crítica directa al modo en que la industria absorbe cualquier intento de independencia. Aunque el tono es desigual, el resultado mantiene una coherencia temática clara: la exposición pública de un artista se convierte en un producto que se comercializa incluso cuando intenta rebelarse contra ese sistema. Esa contradicción atraviesa toda la película y la dota de un valor analítico que trasciende el retrato individual de Charli.

La puesta en escena alterna el estilo improvisado de un documental con una planificación propia de una ficción controlada. Zamiri aprovecha su experiencia en videoclips para crear un ritmo visual sostenido, con luces estroboscópicas, cámaras al hombro y una edición que imita el caos de un ensayo perpetuo. Este dinamismo genera una sensación de vértigo, pero también de saturación, lo que refuerza el tema central de la obra: el agotamiento que produce el exceso de visibilidad. A pesar de su tono caótico, cada secuencia está calculada para subrayar el contraste entre el espectáculo y el vacío que deja detrás. La música de A.G. Cook aporta un pulso constante que acompaña las escenas más tensas, mientras que los momentos de silencio se convierten en pausas incómodas que exponen la vulnerabilidad de la protagonista. El resultado técnico consigue representar el ritmo de una industria que avanza sin pausa y que exige a sus artistas reinventarse sin descanso.

El conjunto plantea una reflexión clara sobre los mecanismos de poder en el entretenimiento actual. 'The Moment' muestra cómo el talento se enfrenta a la maquinaria económica que lo explota, sin dramatismos ni idealización. Charli XCX se interpreta con una lucidez que transmite cansancio, deseo de control y una lucidez amarga ante la estructura que la envuelve. Aidan Zamiri construye un retrato de la fama contemporánea donde la exposición se confunde con la pertenencia, y la visibilidad se convierte en la moneda de cambio que determina el valor del artista. A través de su mezcla de sátira y realismo, el film analiza el funcionamiento de una industria que convierte la vulnerabilidad en estrategia comercial. Cada secuencia actúa como un recordatorio de cómo la identidad pública se fabrica mediante decisiones ajenas. La película busca comprensión del engranaje que transforma el arte en un espectáculo sin pausa, y en esa observación encuentra su propósito.

Crítica elaborada por Marina Rivas

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