Cine y series

Terapia sin filtro - tercera temporada

Jason Segel

2026



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En un episodio de Terapia sin filtro, Jimmy Laird utiliza una máquina expendedora para describirse: se siente como una chocolatina que se ha quedado atascada a punto de caer. Esa comparación, sencilla y directa, expresa lo que atraviesa toda la tercera temporada: la dificultad de avanzar cuando todo alrededor cambia. Bill Lawrence, Brett Goldstein y Jason Segel continúan explorando en esta serie de Apple TV el modo en que un grupo de terapeutas intenta equilibrar su vida profesional con un entramado personal lleno de contradicciones. Los once episodios mantienen un tono de comedia dramática contenida, centrada en las relaciones y en el desgaste de los vínculos, sin abandonar el aire doméstico que caracteriza la producción desde su primera entrega.

Jason Segel interpreta a Jimmy con una mezcla de cansancio y ternura que define su evolución. Tras reconciliarse con el responsable de la muerte de su esposa, intenta reconstruir su vida mientras su hija Alice, interpretada por Lukita Maxwell, prepara su marcha a la universidad. Esa distancia marca el inicio de una nueva etapa en la que ambos deben aprender a convivir con la ausencia. Las conversaciones entre padre e hija sostienen buena parte de la temporada, mostrando cómo los lazos familiares se reconfiguran cuando la cercanía física deja de ser posible. El humor aparece como un refugio, una forma de disimular la inseguridad ante lo desconocido, aunque las escenas más logradas surgen de los silencios o de los intentos torpes de expresar afecto.

Harrison Ford da vida al doctor Paul Rhoades con un trabajo que amplía su registro habitual. El avance de su Parkinson se convierte en un hilo narrativo de peso que atraviesa toda la temporada. La enfermedad deja de ser un elemento de fondo para ocupar el centro del relato, y la serie lo muestra con una mezcla de naturalidad y respeto. Ford interpreta a un hombre que busca mantener su independencia mientras su entorno comienza a asumir que las cosas ya no son iguales. Su relación con Gaby, interpretada por Jessica Williams, gana profundidad y se convierte en uno de los pilares de la serie. Ella duda sobre su carrera, revisa su vida sentimental y encuentra en Paul una figura que combina apoyo y exigencia. El vínculo entre ambos funciona como un punto de equilibrio, un espacio de sinceridad que permite abordar el deterioro y el cambio sin dramatismo.

Michael J. Fox participa en esta temporada con un papel breve pero significativo: un paciente con Parkinson que comparte escenas con Paul. Su presencia aporta un valor añadido por su experiencia personal y refuerza la coherencia del tratamiento del tema. La serie evita el sentimentalismo y muestra cómo el humor y la ironía se convierten en herramientas de resistencia. Esa elección narrativa define la madurez de esta entrega, más centrada en la aceptación que en la búsqueda de soluciones rápidas.

‘Terapia sin filtro’ mantiene su estructura coral. Liz (Christa Miller) y Derek (Ted McGinley) afrontan la convivencia con un hijo adulto que regresa al hogar, lo que altera su equilibrio cotidiano. Brian (Michael Urie) y Charlie (Devin Kawaoka) se preparan para la llegada del bebé que han decidido adoptar, y la serie acompaña su proceso con un tono de afecto y realismo. Sean (Luke Tennie) recibe una visita del pasado que modifica su percepción del presente. Todas estas historias se cruzan con la de Jimmy, formando una red que convierte la terapia en una extensión de la vida compartida. Cada personaje actúa como reflejo de los demás, y esa interdependencia es uno de los rasgos más consistentes de la serie.

El trabajo de dirección, repartido entre Zach Braff, Rebecca Asher y Randall Keenan Winston, refuerza la coherencia visual. La cámara se mantiene cercana a los personajes, sin artificios ni grandes movimientos, y privilegia los espacios interiores que sirven como prolongación del ánimo de cada uno. La luz cálida y el ritmo constante otorgan continuidad a los episodios, mientras la música seleccionada por Christa Miller introduce temas que acompañan las emociones sin sobresalir. Esa uniformidad formal contribuye a la sensación de intimidad y rutina que define la serie.

En esta temporada, la terapia se presenta como una práctica compartida más que como un proceso jerárquico. Los psicólogos dejan de ser guías y aparecen como personas que atraviesan las mismas dudas que sus pacientes. La frontera entre lo profesional y lo personal se difumina, y ese planteamiento refleja un contexto social donde el cuidado y la empatía se conciben como una responsabilidad común. La representación de la enfermedad y el envejecimiento se desarrolla desde un punto de vista ético que valora la autonomía, pero también la necesidad de compañía. La serie plantea con claridad que el equilibrio entre ambas dimensiones define la convivencia contemporánea.

El ritmo de los episodios avanza con una cadencia tranquila. Cada conflicto progresa a través de conversaciones, pequeños gestos cotidianos y decisiones aplazadas. Esa repetición tiene sentido dentro del retrato de personajes que intentan mantenerse firmes en medio del cambio. ‘Terapia sin filtro’ prefiere mostrar la constancia antes que la sorpresa. Los personajes evolucionan de forma gradual, y esa lentitud se convierte en parte de su identidad narrativa. El humor suaviza la dureza de algunas escenas, pero la serie evita la ironía fácil y apuesta por una empatía sincera que conecta con el espectador desde la cercanía.

El reparto sostiene esa construcción coral con precisión. Jason Segel aporta vulnerabilidad controlada, Harrison Ford transmite autoridad y cansancio en la medida justa, y Jessica Williams equilibra el conjunto con una energía contagiosa. El resto de intérpretes completa un equipo homogéneo, sin desequilibrios ni excesos. Apple TV presenta una temporada técnicamente impecable, que mantiene la coherencia entre guion, interpretación y ritmo. ‘Terapia sin filtro’ alcanza una madurez narrativa que combina serenidad y observación realista, retratando la convivencia como un terreno lleno de contradicciones, afecto y aprendizaje.

Crítica elaborada por Marina Rivas

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