Philip Vandarploeg, actor norteamericano residente en Tokio, asiste a un funeral con un encargo peculiar: interpretar a un desconocido que acude a despedir al difunto. Cuando el ataúd se abre y el supuesto muerto se incorpora para escuchar los elogios de los asistentes, el desconcierto del protagonista marca el tono de 'Rental Family', la película dirigida por Hikari. A partir de esa escena, tan insólita como precisa en su planteamiento, la directora japonesa construye una historia que combina observación social y reflexión moral con una sencillez deliberada. El filme retrata un mercado real que ha prosperado en Japón desde hace décadas, donde empresas ofrecen intérpretes para representar vínculos familiares, amistades o compromisos sociales. Hikari se sirve de esa práctica para examinar el aislamiento contemporáneo y los mecanismos que cada persona desarrolla para mantener la apariencia de una vida plena, mostrando cómo la representación termina afectando a quienes fingen y a quienes contratan la ficción.
Philip, interpretado por Brendan Fraser, es un actor agotado que sobrevive en un país que le resulta ajeno. Tras siete años sin lograr estabilidad laboral, acepta empleos improvisados que poco tienen que ver con su vocación. La agencia que lo recluta, dirigida por Shinji (Takehiro Hira), le ofrece interpretar distintos papeles para clientes que necesitan cubrir vacíos personales. Desde ese punto, la película transita entre el drama íntimo y la sátira social, mostrando cómo el arte de fingir se convierte en una forma de subsistencia emocional. Hikari organiza los episodios de manera que cada encargo refleja un aspecto distinto de la soledad urbana. El protagonista se convierte en marido de una mujer que oculta a su familia su relación sentimental con otra mujer, en periodista que entrevista a un actor retirado que teme desaparecer del recuerdo colectivo y en padre de una niña llamada Mia, contratada su presencia para facilitar el ingreso de la pequeña en un colegio elitista.
El vínculo con Mia constituye el eje más relevante del relato, porque revela la necesidad compartida de afecto entre dos personajes que viven al margen de sus propios entornos. Fraser representa a un hombre que se aferra a un oficio que ya no le ofrece reconocimiento, mientras que la niña, interpretada por Shannon Gorman, encarna la ingenuidad de quien desea recuperar una figura paterna. Esa convivencia temporal crea una ilusión de familia que termina afectando a ambos. La relación se construye sobre miradas cómplices, rutinas sencillas y una ternura desprovista de sentimentalismo, lo que permite entender el alcance moral del film: cuando la carencia de afecto se institucionaliza, la ficción se transforma en refugio.
La película aborda también las implicaciones culturales del fenómeno de los alquileres afectivos, insertándolo en una sociedad que valora la armonía pública por encima de la sinceridad privada. Hikari retrata ese contraste sin caricaturas y con una precisión casi documental. Los personajes secundarios, como Aiko (Mari Yamamoto), compañera del protagonista en la agencia, o el anciano Kikuo (Akira Emoto), actor olvidado al que Philip entrevista, representan distintas formas de resistencia frente al abandono afectivo. Cada historia refuerza la idea de que la representación social se extiende a todos los ámbitos, desde el trabajo hasta la familia. La directora describe un entorno donde la cortesía encubre la soledad, y el afecto se ofrece como un servicio profesional.
La dirección destaca por su equilibrio entre naturalismo y observación crítica. Takuro Ishizaka, responsable de la fotografía, utiliza la amplitud de Tokio para subrayar la distancia entre las personas. Los planos generales, las luces artificiales y la composición meticulosa de los espacios interiores reflejan un ambiente en el que cada individuo permanece aislado pese a la cercanía física. La música compuesta por Jónsi y Alex Somers aporta serenidad y ritmo, integrándose sin artificios en las escenas. Hikari emplea esos recursos sin recurrir a adornos ni símbolos innecesarios, manteniendo un tono constante que da coherencia al relato.
Fraser ofrece una interpretación que se apoya en la vulnerabilidad y en una gestualidad contenida. Su presencia física, amplia y algo torpe, refuerza la sensación de desplazamiento de su personaje, un extranjero que trata de integrarse sin perder su identidad. Su relación con los demás personajes se basa en una empatía silenciosa, especialmente con la niña que lo adopta como figura paterna. Yamamoto, por su parte, dota a Aiko de una firmeza que equilibra la ingenuidad de Philip, y Emoto encarna a Kikuo con una dignidad melancólica que convierte su episodio en uno de los más memorables.
El guion, firmado por Hikari y Stephen Blahut, combina ironía y compasión, evitando juicios directos. Cada encargo que recibe el protagonista plantea un dilema ético: hasta qué punto fingir puede ser una forma legítima de cuidado. La directora sugiere que el teatro cotidiano se extiende más allá del escenario y que toda convivencia implica interpretar un papel. Esa idea, lejos de formularse de manera abstracta, se traduce en situaciones concretas: la boda fingida, el juego familiar o la entrevista simulada. Hikari consigue que cada escena mantenga su propio peso narrativo y que la historia avance sin rupturas.
La película se sostiene sobre una mirada clara hacia la sociedad contemporánea. La soledad, la falta de comunicación y la búsqueda de afecto se muestran como síntomas de una cultura que evita el conflicto directo y que delega la expresión de las emociones en intermediarios. 'Rental Family' describe ese proceso con un tono sereno, sin ironía ni dramatismo excesivo, y con una convicción que convierte cada secuencia en una observación precisa. Su ritmo pausado permite que el espectador se concentre en los detalles: los silencios entre los personajes, la manera en que se miran, la distancia que mantienen en espacios cerrados.
La directora introduce así una reflexión sobre el trabajo actoral, entendiendo la interpretación como una extensión de la vida cotidiana. Los personajes fingen para sobrevivir emocionalmente, y la frontera entre lo profesional y lo íntimo se desdibuja. En esa ambigüedad se desarrolla la parte más interesante del film, porque muestra cómo el oficio de representar puede convertirse en un medio para reparar vínculos rotos o inventar otros nuevos. El retrato de Philip deja entrever que el afecto, incluso cuando se construye sobre una ficción, produce efectos reales.
En su conjunto, 'Rental Family' funciona como un estudio sobre las relaciones humanas en un entorno donde la tecnología y la urbanización intensifican el aislamiento. Hikari utiliza la historia individual de un actor fracasado para explorar un fenómeno colectivo: la sustitución de los vínculos genuinos por simulacros. La película mantiene su coherencia desde el primer plano hasta el último, y su fuerza radica en la honestidad con la que aborda los dilemas de sus personajes. La mirada de la directora combina rigor, sensibilidad y una comprensión exacta de los mecanismos sociales que originan el servicio que da título al film. La producción de Searchlight Pictures distribuye una obra que, bajo su aparente sencillez, refleja un problema contemporáneo: la búsqueda de compañía en un mundo que delega los sentimientos en contratos temporales.
