Un caballo aparece envenenado en la finca de La Galana. Ese suceso desencadena el conflicto central de 'Pura Sangre', la serie de Telecinco producida por Mediaset España y Shine Iberia. La historia se centra en el marquesado de Monteclaro, una familia aristocrática que dirige una explotación ecuestre donde las apariencias esconden tensiones antiguas. El punto de partida sitúa la acción en un entorno rural de Castilla y León y Madrid, escenario de rivalidades familiares, intereses cruzados y conflictos económicos. Dirigida por Rómulo Aguillaume y Belén Macías, con guion de Nacho Faerna y Virginia Yagüe, la ficción combina drama y thriller para examinar cómo el poder y la herencia condicionan las relaciones personales. Telecinco la presenta como su gran apuesta de ficción nacional, con un reparto coral encabezado por Ángela Molina, Pep Munné, Amaia Salamanca, Aitor Luna, Blanca Romero y Pedro Casablanc.
Rosario del Monte, interpretada por Ángela Molina, lidera el clan familiar y representa la autoridad heredada del marquesado. Su marido, José Antonio Acuña, interpretado por Pep Munné, administra el patrimonio con un carácter dominante que refleja la rigidez de la estructura social que sostiene a la familia. Entre ambos se forma una relación tensa donde la dependencia y la ambición se mezclan con un sentimiento de pérdida de control. Sus hijos, Miranda y Héctor, interpretados por Amaia Salamanca y Aitor Luna, encarnan el contraste entre la responsabilidad y la rebeldía. Miranda mantiene la firmeza del legado familiar y se convierte en la figura más resolutiva del relato, mientras Héctor regresa a casa sin rumbo claro, lo que introduce una división generacional dentro del hogar. Los conflictos entre ellos definen el tono de la serie, en la que el peso del apellido se convierte en una carga más que en un privilegio.
La muerte de los caballos del marquesado actúa como detonante de una investigación dirigida por la teniente del SEPRONA, Alicia Hermida, interpretada por Blanca Romero. Su papel introduce una mirada distinta dentro de la historia, más práctica y alejada del mundo de lujo que rodea a los Acuña. Su carácter y profesionalidad aportan equilibrio entre la investigación policial y la vida emocional de los personajes. La relación de amistad con su compañero dentro de la Guardia Civil añade cercanía y realismo a su trama. Además, su orientación sexual, presentada con naturalidad, amplía el retrato de la serie, alejándola de esquemas tradicionales. La posible conexión entre Alicia y Miranda aparece como una línea argumental secundaria que añade tensión y matices personales dentro del desarrollo del relato, abriendo la puerta a nuevas interpretaciones sobre los límites entre la atracción y la lealtad.
Fernando Vázquez, interpretado por Pedro Casablanc, representa el lado opuesto del poder. Su personaje actúa como adversario de los Acuña del Monte y como símbolo de la rivalidad entre el marquesado y los trabajadores de la comarca. Lejos de ser un villano simple, se presenta como un hombre marcado por una historia de conflictos antiguos que justifican parte de sus acciones. La tensión entre su cooperativa y la familia noble refleja el enfrentamiento entre quienes dominan la tierra y quienes la trabajan. A su alrededor giran personajes secundarios como su hija Camino, interpretada por Berta Bolufer, y Jacobo Valverde, interpretado por Jaime Zatarain, marido de Miranda, cuyo papel gana relevancia conforme avanza la historia. La veterinaria Marta Uribe, interpretada por Eva Ugarte, y la guardesa Consuelo Cifuentes, interpretada por Maru Valdivielso, completan un elenco que sostiene la trama desde distintos niveles sociales, contribuyendo a la visión coral del conjunto.
El amor actúa como eje transversal de 'Pura Sangre'. La serie lo aborda desde diferentes perspectivas: la pasión, la amistad, la lealtad y el deseo. Las relaciones de pareja se entrelazan con las ambiciones personales y las decisiones familiares. Miranda y Jacobo muestran la dificultad de mantener una unión equilibrada bajo la presión del entorno, mientras que la conexión entre Héctor y Marta expone el contraste entre los deberes del apellido y las emociones privadas. La historia refleja cómo los vínculos afectivos se contaminan por la ambición, convirtiéndose en instrumentos de control y dependencia. Este enfoque dota al relato de una coherencia interna donde cada personaje persigue una forma particular de estabilidad dentro de un mundo en crisis.
La ambientación rural adquiere un protagonismo destacado. Rodada en más de veinte localizaciones de Castilla y León y la Comunidad de Madrid, la serie aprovecha la amplitud del paisaje y la luz natural para reforzar la sensación de aislamiento. La cámara de Iván Caso capta la magnitud de los campos y la imponencia de las fincas, mientras la música de Lucas Vidal acompaña con una composición discreta que marca el tono del suspense. Las escenas de la yeguada, con más de ciento treinta caballos entrenados para el rodaje, aportan una dimensión realista que enriquece la puesta en escena. La fotografía se utiliza para resaltar la distancia entre el poder y quienes lo rodean, y el ritmo pausado de los episodios responde a una intención clara de mostrar el mundo de los Acuña como un universo elegante y cerrado.
La dirección de Rómulo Aguillaume y Belén Macías mantiene un control estricto sobre los tiempos y sobre la evolución de cada trama. La primera entrega, de setenta y cinco minutos, funciona como una presentación detallada de personajes y conflictos. La serie prioriza la construcción del entorno frente al impacto inmediato, buscando que el espectador comprenda la estructura interna del relato antes de que las tensiones estallen. Telecinco emplea esta ficción como escaparate de su nueva etapa de producción, con la intención de recuperar el interés por la ficción nacional en horario estelar. La colaboración con Shine Iberia permite un acabado técnico cuidado y una ambientación de gran escala, sin perder el tono accesible que la cadena busca para su público general.
'Pura Sangre' plantea un retrato del poder familiar, la herencia y la responsabilidad en un entorno marcado por las apariencias. Cada episodio explora la relación entre privilegio y culpa, entre la necesidad de mantener el prestigio y el temor a perderlo. La serie combina elementos de drama y misterio para analizar cómo las estructuras sociales tradicionales continúan determinando el destino de quienes pertenecen a ellas. En el fondo, el relato muestra que la grandeza heredada puede convertirse en una carga, y que la verdadera amenaza para un linaje procede de las tensiones internas que lo desgastan. Con una producción sólida, interpretaciones consistentes y un planteamiento narrativo que prioriza la claridad sobre el artificio, la serie se consolida como una de las apuestas más representativas del año en la ficción televisiva española.
Crítica elaborada por Mario Lozano
