Cine y series

Los hermanos demolición

Ángel Manuel Soto

2026



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En un momento intermedio de 'Los hermanos demolición', James y Jonny, los dos medio hermanos protagonistas, atraviesan una autopista mientras un helicóptero los persigue a baja altura. Los coches giran sin control, los disparos resuenan entre los túneles y el aire se llena de polvo. En medio de esa confusión, ambos se miran sin pronunciar palabra, como si la violencia se hubiera convertido en su forma de entendimiento. Esa secuencia resume la intención del director Ángel Manuel Soto: utilizar la acción como vía para mostrar una relación familiar marcada por la rivalidad y por un pasado que se impone sobre el presente. En lugar de ofrecer un simple espectáculo de golpes y explosiones, la película trata de exponer lo que ocurre cuando dos hombres aprenden a comunicarse únicamente a través del enfrentamiento físico.

El argumento de 'Los hermanos demolición' se sostiene en la reunión de dos medio hermanos que investigan la muerte de su padre en Hawái. Dave Bautista interpreta a James, un hombre disciplinado por la rutina militar que se aferra al control como manera de evitar cualquier vulnerabilidad. Jason Momoa encarna a Jonny, impulsivo, desordenado y con un carácter que se deja llevar por la necesidad de sentirse libre. Ambos representan polos opuestos dentro de una misma estructura familiar, y esa contradicción alimenta cada escena. El guion de Jonathan Tropper parte de un suceso policial para construir una historia sobre la herencia del resentimiento. La investigación apenas importa; lo relevante es cómo los personajes usan la violencia como modo de expresar afecto, rencor o frustración. Esa lectura se percibe en los silencios entre ellos, en la incapacidad de verbalizar lo que arrastran y en la manera en que cada golpe sustituye una frase que nunca llega a pronunciarse.

El director Ángel Manuel Soto organiza la acción sin recurrir a la grandilocuencia. Su puesta en escena prioriza el movimiento constante, pero evita el artificio. La cámara de Matt Flannery se detiene en la textura del entorno, resaltando los colores saturados del paisaje hawaiano, donde el verde intenso y el mar azul sirven como contrapunto a la agresividad de los protagonistas. Las secuencias de combate se estructuran con claridad: cada plano permite entender la posición de los personajes y el alcance de sus decisiones. Soto prefiere alargar los enfrentamientos hasta el agotamiento, como si la repetición del esfuerzo dejara visible la fatiga que domina a los hermanos. Esa insistencia produce una sensación de pesadez que no se traduce en monotonía, porque cada escena redefine el vínculo entre ellos.

Los personajes secundarios contribuyen a dar consistencia al relato y a ampliar su mirada social. Claes Bang interpreta al empresario que representa la manipulación del poder económico, una figura elegante que opera desde la sombra. Temuera Morrison aporta un matiz político al reflejar el peso de las redes locales y las alianzas corruptas que enmarcan el conflicto. Morena Baccarin encarna a una mujer que intenta mantener distancia ante un entorno dominado por impulsos primarios, mientras Jacob Batalon introduce un elemento de ironía que aligera el tono sin desviar el foco. Ninguno de estos papeles aparece como relleno; todos sirven para subrayar la idea de un sistema donde la fuerza se ha convertido en la forma más aceptada de comunicación.

El humor actúa como válvula de escape en una historia que se alimenta de la tensión constante. Las bromas entre los protagonistas, a menudo impulsivas o torpes, revelan la incomodidad que sienten ante cualquier expresión de cercanía. Las frases que comparten, plagadas de sarcasmo, funcionan como una defensa ante el miedo a reconocer la propia fragilidad. Tropper utiliza ese tono para retratar a dos personajes incapaces de entender la vida fuera del conflicto, atrapados en un modelo de masculinidad que les exige actuar incluso cuando el entorno demanda calma. Ese contraste entre la brutalidad física y el intento de autoparodia genera una mezcla de comedia y drama que mantiene la película en equilibrio.

El relato se apoya en la tradición de las historias de compañeros enfrentados, pero se diferencia por la manera en que vincula la acción con el análisis de la identidad. La relación entre James y Jonny avanza a través de los choques, de las discusiones y de una alianza que nunca alcanza la estabilidad. Las persecuciones y los combates reflejan ese proceso de acercamiento fallido: cada secuencia de destrucción equivale a un intento por reconciliar lo que la educación, la distancia y el orgullo impidieron unir. Soto organiza esos momentos como un diálogo físico donde la violencia actúa como sustituto de las palabras. El resultado es la constatación de que los vínculos familiares pueden sostenerse en el enfrentamiento tanto como en el afecto.

La película plantea, además, una lectura política que se integra en la acción. El conflicto con la yakuza introduce una reflexión sobre la presencia de intereses externos en territorios insulares. Hawái se presenta como un espacio atravesado por tensiones económicas y culturales donde los protagonistas encarnan, sin pretenderlo, las consecuencias de una colonización simbólica. La invasión de la naturaleza por estructuras industriales y urbanas refleja esa dinámica de ocupación. Los escenarios naturales pierden su serenidad bajo el ruido de los motores y las armas. Soto utiliza ese contraste para exponer cómo la violencia individual reproduce patrones de dominio más amplios, sin recurrir a discursos explicativos.

Desde un punto de vista moral, la historia gira en torno a la responsabilidad y a las secuelas del pasado. Cada acción genera efectos visibles que afectan a todos los personajes. Los hermanos se enfrentan a las consecuencias de sus decisiones sin alcanzar una resolución definitiva. La película muestra ese ciclo de causa y efecto como una cadena imposible de romper, donde la fuerza se confunde con la obligación y el perdón se reemplaza por la costumbre del enfrentamiento. En esa repetición se define su mirada más contundente: la incapacidad de escapar de una forma de vida que solo reconoce la confrontación como vía de expresión.

En el plano técnico, 'Los hermanos demolición' combina recursos clásicos con una producción moderna. El montaje de Michael McCusker mantiene un ritmo continuo que evita la saturación visual. La banda sonora de Bobby Krlic acompaña la acción con una energía que refuerza el movimiento sin ocultar los silencios entre escenas. El diseño de vestuario de Jane Holland diferencia a los personajes por su forma de entender la disciplina: uniformes impecables frente a ropas gastadas, orden frente a improvisación. Cada elemento visual respalda el discurso de la película, donde la apariencia se convierte en reflejo de una identidad en permanente conflicto.

'Los hermanos demolición' pertenece a una corriente de cine de acción que busca reintroducir contenido en el espectáculo. Bajo su fachada de entretenimiento, plantea una lectura sobre la herencia familiar, la frustración masculina y la dificultad de romper con un modelo de violencia transmitido durante generaciones. La dirección de Soto apuesta por una combinación de ritmo, claridad y contención que evita el sentimentalismo y prefiere la observación directa. En esa decisión reside la coherencia del proyecto, que utiliza el ruido del combate para hablar de la incapacidad de comunicarse. La película logra mantener el interés desde la acción, pero lo que la sostiene es su retrato preciso de la vulnerabilidad disfrazada de fuerza.

Crítica elaborada por Mario Lozano

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