Un té compartido entre Violet Bridgerton y Lord Anderson interrumpe la rutina de la familia y marca uno de los momentos más representativos de la primera parte de la cuarta temporada de 'Los Bridgerton', disponible en Netflix. Esa secuencia, tratada con humor y cierta incomodidad, ilustra el nuevo rumbo que adopta la serie al explorar la vida sentimental de Violet, madre del clan, y su vínculo con un viejo conocido. Dirigida por Chris Van Dusen, la temporada conserva la estética opulenta y el cuidado visual característico de la producción de Shondaland, con decorados exuberantes, vestuario de impecable confección y una puesta en escena que combina refinamiento y teatralidad. La dirección apuesta por mantener el ritmo pausado y el tono de relato coral donde cada personaje representa una faceta distinta de la sociedad londinense del siglo XIX.
El protagonismo de Benedict Bridgerton marca el cambio de foco. Este segundo hijo de la familia, interpretado por Luke Thompson, se convierte en el eje de la trama. Su encuentro con una mujer misteriosa durante el baile de máscaras abre una historia inspirada en el relato de 'Cenicienta', donde la diferencia de clase es el principal obstáculo. Sophie Beckett, interpretada por Yerin Ha, trabaja como doncella y se infiltra en la fiesta gracias a una máscara de plata. Desde ese instante surge una atracción que atraviesa la temporada y estructura los episodios iniciales. La adaptación de esta parte de la saga literaria de Julia Quinn mantiene el tono romántico habitual, pero introduce un componente de curiosidad social al incorporar la mirada de los sirvientes y su entorno, algo que las tres temporadas anteriores apenas habían explorado.
La revelación de Penelope como Lady Whistledown modifica por completo el equilibrio del grupo. Ya descubierta su identidad, su función como narradora y figura de poder se transforma en motor secundario de las intrigas. Esta parte de la temporada utiliza esa circunstancia para examinar el peso del rumor y el modo en que la información determina la posición de cada personaje dentro del Mayfair. Al mismo tiempo, se desarrollan subtramas que amplían el mapa del universo de 'Los Bridgerton': Francesca y John regresan de Escocia con tensiones en su matrimonio, mientras Queen Charlotte y Lady Danbury mantienen su habitual duelo de influencias. Aunque estas líneas narrativas aportan variedad, las críticas coinciden en que pierden fuerza frente al eje central de Benedict y Sophie.
Violet Bridgerton emerge como la figura más interesante de esta entrega. Tras insinuarse su deseo de volver a enamorarse en temporadas previas y en el spin-off 'Queen Charlotte', su relación con Lord Anderson adquiere un tono más definido. La serie muestra con claridad su dilema entre el recuerdo de su difunto marido y la posibilidad de abrir una nueva etapa. Esa historia aporta un contrapunto adulto y plantea una lectura sobre el deseo en la madurez que pocas series de época abordan con tanta naturalidad. La crítica internacional ha coincidido en valorar esta parte como la más sólida y divertida del conjunto, gracias a la interpretación de Ruth Gemmell y a la química con Daniel Francis.
El diseño de producción vuelve a ser uno de los grandes atractivos. Los espacios interiores reproducen con precisión el lujo doméstico de la alta sociedad inglesa, mientras la ambientación sonora mantiene el sello de la saga: versiones instrumentales de canciones contemporáneas reinterpretadas en clave clásica. Aun así, varios medios han señalado que esta temporada presenta una selección musical menos impactante que las anteriores.
También se amplía la representación social y étnica: tanto la protagonista como sus antagonistas son de origen asiático, y la presencia de personajes con discapacidad se integra de manera natural en la historia, sin convertirla en argumento moral o accesorio. Esa diversidad aporta variedad y coherencia al enfoque inclusivo que Netflix ha consolidado desde el inicio del proyecto.
En conjunto, esta primera parte de la cuarta temporada de 'Los Bridgerton' equilibra continuidad y renovación. Mantiene la fórmula de intrigas amorosas y códigos sociales, pero añade una observación más directa de las clases trabajadoras y de la evolución afectiva de los personajes adultos. Algunas subtramas pierden intensidad, y la dependencia del mito de 'Cenicienta' hace previsible parte del desarrollo, aunque el resultado final conserva el atractivo visual y narrativo que ha caracterizado la serie desde su estreno. La dirección de Van Dusen logra que cada historia encuentre su lugar dentro de un relato que combina elegancia formal y una mirada clara sobre la estructura social que define a los Bridgerton.
Crítica elaborada por Marina Rivas
