Cine y series

Leviticus

Adrian Chiarella

2026



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Un templo abarrotado observa en silencio mientras un grupo religioso somete a un joven a un ritual de liberación. El ambiente resulta sofocante, no solo por el calor de las velas y los cánticos, sino por la tensión que se percibe entre quienes presencian el acto. Ese momento resume el propósito de 'Leviticus', dirigida por Adrian Chiarella y estrenada en el Festival de Sundance: mostrar cómo una comunidad dominada por el fanatismo convierte la fe en un instrumento de castigo. La película utiliza el terror para retratar la violencia de las terapias de conversión y las consecuencias de un sistema que pretende corregir los sentimientos de dos adolescentes que se enamoran en un entorno marcado por la represión. Chiarella construye su historia con precisión, situando la acción en un pequeño pueblo australiano donde la religión ocupa cada espacio y donde la intimidad se confunde con la culpa.

El argumento gira en torno a Naim, interpretado por Joe Bird, un chico recién llegado junto a su madre a una localidad gobernada por una iglesia de carácter cerrado. Allí conoce a Ryan, encarnado por Stacy Clausen, con quien comparte tiempo en una vieja fábrica abandonada que se convierte en refugio y territorio de exploración. Esa relación, que empieza entre juegos y desafíos físicos, deriva en un vínculo afectivo que los sitúa fuera de lo permitido por la comunidad. Cuando Naim presencia a Ryan besando al hijo del pastor, su reacción impulsa una cadena de consecuencias que exponen el miedo, la traición y la intolerancia. El pastor decide aplicar un ritual de exorcismo público para eliminar lo que considera un demonio, y tras ese acto comienza la aparición de una figura violenta que adopta el aspecto de la persona deseada. Con esa premisa, Chiarella transforma el terror sobrenatural en una metáfora clara del daño provocado por el adoctrinamiento religioso y la vergüenza inducida.

Los personajes de Naim y Ryan representan dos formas opuestas de enfrentarse a la represión. Naim oscila entre la necesidad de pertenecer al grupo y la culpa que siente por sus actos; Ryan refleja una rebeldía que choca con las normas impuestas. Su relación ilustra el conflicto entre el deseo y la moral impuesta, mientras el entorno refuerza la idea de que cualquier muestra de afecto entre ellos constituye una amenaza para el orden. La figura de la madre, interpretada por Mia Wasikowska, simboliza el peso del dogma y la obediencia religiosa, al integrarse en las prácticas de la iglesia sin percibir su violencia. Chiarella retrata ese triángulo familiar y social con una mirada sobria que evita el sentimentalismo, centrándose en los efectos psicológicos de una educación basada en el miedo. Las escenas entre madre e hijo transmiten una distancia que refleja cómo el fanatismo destruye los vínculos familiares más básicos.

El componente político de 'Leviticus' se expresa con contundencia. El director convierte la terapia de conversión en una representación visible del control institucional sobre la identidad. La película muestra cómo la comunidad justifica la agresión bajo el argumento de la pureza y cómo esa ideología conduce a la pérdida de empatía. El horror se convierte en una extensión del castigo social: la criatura que adopta el aspecto del ser amado materializa el miedo inculcado hacia el propio deseo. Esa idea, presente en todas las críticas internacionales, conecta el film con títulos como 'It Follows' o 'Talk to Me', también mencionados por la prensa, pero Chiarella lo adapta a un contexto religioso donde el peligro proviene de la moral colectiva más que de lo sobrenatural. La historia describe con precisión el modo en que la comunidad manipula a los jóvenes, forzándolos a desconfiar de quien aman y transformando el afecto en fuente de terror.

La puesta en escena refuerza ese clima opresivo con una fotografía de tonos fríos firmada por Tyson Perkins, que acentúa el aislamiento de los personajes. Los planos cerrados y los espacios industriales comunican encierro, mientras la música de Jed Kurzel, llena de percusiones y sonidos metálicos, introduce una sensación de amenaza constante. El trabajo de sonido, al que también contribuye Emma Bortignon, potencia el malestar del espectador sin abusar del susto fácil. Chiarella organiza cada secuencia con una claridad que permite seguir la historia sin confusión, y logra que el componente sobrenatural funcione como prolongación del trauma psicológico. Las interpretaciones de Bird y Clausen resultan esenciales: ambos transmiten vulnerabilidad y deseo reprimido con una naturalidad coherente con la edad de los personajes. Wasikowska, en un papel más secundario, aporta una mezcla de fe ciega y frustración que da sentido a la tragedia doméstica que recorre la película.

El tramo final mantiene la coherencia del relato y cierra el conflicto sin buscar el consuelo. Los protagonistas quedan atrapados en un entorno que les enseña a desconfiar del otro, mientras la comunidad se reafirma en su falsa idea de pureza. Esa conclusión refleja con claridad la tesis de Chiarella: el verdadero terror reside en la manipulación colectiva que convierte el amor en pecado y la fe en una herramienta de dominación. 'Leviticus' utiliza los códigos del cine de horror para representar la intolerancia con una precisión que evita el dramatismo excesivo. La mirada del director combina rigor y control, apoyándose en hechos reconocibles y en una puesta en escena que prioriza la tensión moral sobre el impacto visual. La película se consolida como un retrato lúcido de la represión religiosa y sus consecuencias en la juventud, una obra que examina con firmeza cómo la violencia ideológica puede disfrazarse de salvación.

Crítica elaborada por Emma Castillo

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