La comedia universitaria encuentra en el circuito de danza bollywoodiense un espacio fértil para explorar la amistad, la identidad y la pertenencia. 'Las mejores' se sitúa en los pasillos de la UCLA, donde Maya y Anjali, dos amigas de toda la vida, descubren que la competición coreográfica puede ser tanto un vehículo de realización personal como una fuente de tensiones. Lena Khan dirige este relato con un pulso enérgico, apoyándose en un guion de Hasan Minhaj y Prashanth Venkataramanujam que recurre a la comedia generacional para retratar los vínculos familiares y las expectativas sociales que recaen sobre los jóvenes de origen surasiático en Estados Unidos. La propuesta se integra en una tradición de films sobre equipos y superación, aunque su especificidad cultural le otorga un matiz distintivo que merece atención.
La trama avanza desde un desastroso número de talentos en el instituto hasta la incorporación de ambas protagonistas al club de danza Agni, donde el carismático Ronak ejerce un liderazgo que choca con la impulsividad de Maya. La película disecciona con precisión las dinámicas de grupo, los celos artísticos y la presión por destacar en un entorno competitivo. Maya, interpretada por Maitreyi Ramakrishnan, encarna la rebeldía creativa y la necesidad de reconocimiento, mientras que Anjali, a quien da vida Priyanka Kedia, representa la adaptabilidad y el deseo de agradar. Su evolución conjunta permite observar cómo la amistad se pone a prueba cuando los intereses individuales se anteponen al proyecto común, un conflicto que Khan resuelve con números coreográficos que combinan estilos clásicos, kuthu y fusiones contemporáneas.
Las implicaciones sociales del film resultan evidentes en su retrato de la diáspora, las relaciones materno-filiales y los estereotipos asociados a la crianza exigente. La presencia de un profesor interpretado por Minhaj añade una capa de sátira sobre el valor de la educación universitaria en un contexto de incertidumbre económica y tecnológica. La dirección de Khan maneja con soltura los cambios de tono, desde la comedia física hasta el drama de la rivalidad, aunque ciertos pasajes recurren a arquetipos reconocibles que restan frescura al conjunto. La película aborda la representación de la comunidad surasiática con una mirada que evita la simplificación, integrando referencias culturales sin convertirlas en meros adornos exóticos.
La puesta en escena de los números de danza constituye uno de los pilares del relato, con una coreografía que subraya la expresividad de los personajes y su crecimiento. La fotografía de Adam Carboni ilumina los espacios universitarios con una calidez que contrasta con la tensión de las competiciones, mientras que el montaje de Phillip J. Bartell mantiene un ritmo ágil. El desenlace, que incluye un elaborado homenaje al robo del diamante Koh-i-Noor, sintetiza las aspiraciones de unas jóvenes que buscan reconciliar su herencia con su presente. La cinta deja una impresión de celebración de la amistad y del baile como lenguaje compartido, aunque su estructura previsible limite el alcance de su propuesta.
Crítica elaborada por Andrés Gómez
