Una carretera húmeda, un coche detenido bajo una lluvia espesa y una mujer que, al llegar a su apartamento, se desviste del miedo con una copa de vino en la mano. Esa escena abre 'His & Hers', la miniserie de Netflix dirigida por William Oldroyd y basada en la novela de Alice Feeney. Desde el primer plano, el relato se instala en una atmósfera de sospecha y desconfianza que se mantiene durante sus seis episodios. Oldroyd, que ya había mostrado en el cine su inclinación por los personajes encerrados en sus propias contradicciones, utiliza esta historia para retratar la descomposición de una pareja marcada por la pérdida, el resentimiento y la ambición. La serie combina el formato de thriller con un retrato detallado de cómo el dolor se convierte en motor de conducta, y lo hace sin exageraciones ni sentimentalismos, apoyándose en un tono contenido que acentúa el desconcierto constante de los protagonistas.
Anna Andrews, periodista que regresa a su trabajo tras un largo retiro, y Jack Harper, detective en un pueblo de Georgia, forman el eje central del relato. Ambos comparten un pasado turbulento que se filtra en la investigación de un asesinato en el que cada detalle parece tener una conexión personal. La trama se construye a base de coincidencias que van encajando con precisión, revelando una historia de vínculos rotos y ambiciones enfrentadas. Oldroyd utiliza el suspense para hablar del deterioro moral y profesional, no como una excusa argumental, sino como una manera de mostrar cómo la culpa y la ambición deforman la percepción de la realidad. Cada escena entre Anna y Jack se convierte en un pulso por el control, donde la desconfianza y el deseo se mezclan hasta convertir su relación en un terreno de guerra silenciosa.
El personaje de Anna, interpretado por Tessa Thompson, muestra a una mujer que intenta recomponer su vida a base de determinación, mientras arrastra una sensación de derrota que le impide avanzar. Su carácter competitivo la lleva a tomar decisiones que desdibujan los límites entre lo profesional y lo personal. Thompson aporta solidez a un papel que oscila entre la seguridad aparente y una vulnerabilidad que se manifiesta en su forma de hablar y moverse por espacios que parecen ajenos. Frente a ella, Jon Bernthal interpreta a Jack Harper con un aire de fatiga y descontrol que refleja su intento de mantenerse en pie dentro de un entorno cada vez más turbio. Su trabajo como policía queda condicionado por su propio pasado, lo que convierte su investigación en un intento desesperado de recuperar un sentido de autoridad que se le escapa. Ambos personajes se complementan en su deterioro, y la tensión entre ellos alimenta gran parte del ritmo narrativo.
El entorno rural de Dahlonega, donde se desarrolla la historia, adquiere un protagonismo decisivo. Los bosques densos, la humedad del aire y la presencia constante del sonido de los insectos crean una atmósfera que mezcla calma y amenaza. El director utiliza el paisaje como una extensión de los conflictos internos de los personajes, en especial de Anna, que se enfrenta a un lugar que conoce demasiado bien y del que intenta escapar mientras la investigación la obliga a volver sobre sus propios pasos. La elección de trasladar la acción desde Inglaterra, donde se ambientaba la novela original, hasta el sur estadounidense no resulta casual: Oldroyd aprovecha ese cambio para explorar un entorno marcado por las jerarquías sociales, la apariencia y la desconfianza hacia el otro. El contraste entre la sofisticación de la ciudad y la crudeza de la provincia refleja el desplazamiento emocional de los protagonistas.
A medida que avanza la serie, la aparición de personajes secundarios amplía el conflicto principal. Lexy, la presentadora que ocupa el lugar de Anna en la televisión, introduce la competencia laboral como una forma de violencia; Priya, la compañera de Jack, representa la mirada ética dentro de un sistema que prefiere cerrar los ojos; y Alice, la madre de Anna, aporta una dimensión más oscura que conecta con la idea de cómo el pasado familiar influye en los actos presentes. La relación entre madre e hija resume buena parte del mensaje de la serie: la herencia emocional se transmite con la misma fuerza que el resentimiento. Oldroyd presenta esa dinámica sin dramatismo, dejando que los hechos y los comportamientos definan la magnitud del daño.
La puesta en escena mantiene una coherencia visual que refuerza el tono del relato. La iluminación tiende a los contrastes, alternando interiores luminosos y ordenados con exteriores donde la luz se vuelve sucia, casi pegajosa. Esa diferencia visual marca la frontera entre la apariencia pública y la intimidad deteriorada de los personajes. El montaje, ágil y sin artificios, evita el efectismo gratuito y privilegia los silencios prolongados, que se convierten en momentos de mayor tensión. En lugar de recurrir a un exceso de explicaciones, la serie deja que los comportamientos y las miradas establezcan las relaciones de poder. Oldroyd maneja los tiempos con precisión, permitiendo que cada revelación tenga un peso narrativo claro y un impacto emocional directo.
La intriga se mantiene sin depender de giros imposibles. Los descubrimientos sucesivos se apoyan en una lógica que privilegia la observación de las motivaciones de los personajes sobre la sorpresa. El crimen funciona como un catalizador de conflictos acumulados durante años. Lo interesante de 'His & Hers' no es tanto la identidad del culpable como la manera en que la sospecha destruye cualquier intento de reconciliación. La violencia se convierte en un medio para recuperar una sensación de control perdida, y la investigación, en una excusa para enfrentarse a lo que ambos protagonistas intentan ocultar. La historia se sostiene en ese equilibrio entre el thriller policial y el retrato moral, logrando que las acciones más extremas resulten coherentes dentro del deterioro de sus personajes.
El estilo de dirección de William Oldroyd mantiene la precisión formal de sus trabajos anteriores, aunque aquí busca una mayor claridad narrativa. La cámara encuadra con una intención constante de vigilancia, como si el espectador compartiera el punto de vista de una presencia que observa sin intervenir. Esa elección refuerza la idea de que todos los personajes actúan bajo una presión exterior que los define. Las escenas entre Anna y Jack se filman con una distancia medida, evitando la empatía fácil y subrayando la tensión de su relación. El resultado es una serie que combina eficacia narrativa con una mirada analítica sobre la forma en que las relaciones personales se contaminan por el deseo de poder, la ambición y la culpa.
'His & Hers' utiliza los mecanismos del suspense para examinar el deterioro moral de sus personajes y el modo en que los medios convierten la tragedia en espectáculo. Anna y Jack, desde sus respectivos oficios, encarnan esa fusión entre información y manipulación que caracteriza a una sociedad obsesionada con la apariencia. La investigación policial y la cobertura periodística se entrecruzan hasta confundirse, reflejando cómo la búsqueda de éxito y reconocimiento desplaza cualquier ética posible. Oldroyd retrata con claridad un mundo donde la verdad se vuelve irrelevante frente al deseo de mantener una imagen. El relato se sostiene en esa tensión permanente entre lo que se muestra y lo que se oculta, entre la necesidad de justicia y la imposibilidad de alcanzarla.
