Un coche de policía detenido frente a un edificio acristalado resume la tensión que sostiene toda la historia de 'El robo'. En ese instante, la investigación del inspector Rhys Covac parece estancada, los teléfonos suenan sin descanso y la protagonista, Zara, comprende que su vida corriente se ha convertido en un asunto de Estado. Ese momento no se apoya en grandes explosiones ni persecuciones, pero encierra el pulso exacto de esta serie creada por Sotiris Nikias y dirigida por Hettie Macdonald y Sam Miller, que combina el formato de thriller con un retrato muy directo del sistema financiero británico. Amazon Prime Video presenta una producción que mezcla la estructura de un atraco clásico con la mirada seca y metódica de la televisión europea, donde cada diálogo pesa y cada mirada define la desconfianza general que atraviesa la trama.
La historia se centra en un asalto a gran escala contra una empresa de fondos de inversión, Lochmill Capital, donde un grupo armado obliga a varios empleados a transferir una suma descomunal de dinero a cuentas secretas. Ese acto delictivo, aparentemente planificado con precisión quirúrgica, provoca una cadena de investigaciones y represalias en la que convergen la policía, los servicios secretos y figuras del poder económico. Desde ese momento, 'El robo' despliega un relato de conexiones ocultas, intereses cruzados y manipulación institucional, donde las víctimas del atraco se transforman en piezas dentro de una maquinaria que siempre trabaja a favor de los más poderosos. El guion, firmado por Nikias junto con Poppy Cogan y Shyam Popat, construye un desarrollo minucioso que mantiene la atención en la evolución de los personajes y en la exposición de los abusos financieros que rodean al crimen.
Sophie Turner, en el papel de Zara, encarna el centro emocional y moral de la serie. Es una trabajadora sin aspiraciones destacables, atrapada en un entorno laboral repetitivo, que se ve empujada a asumir responsabilidades que superan su rutina diaria. Turner crea una figura cercana, alguien que ha aprendido a sobrevivir en un espacio donde la obediencia se confunde con la resignación. Lo interesante de su papel reside en cómo la serie la obliga a reaccionar, a descubrir su capacidad de actuar en medio de un caos que la convierte en testigo y protagonista a la vez. Su transformación no busca el heroísmo, sino una resistencia práctica, nacida de la necesidad y del miedo. La actriz aprovecha esa contradicción con naturalidad, mostrando una firmeza progresiva que da sentido al recorrido completo de la narración.
El inspector Rhys Covac, interpretado por Jacob Fortune-Lloyd, introduce otra cara del mismo sistema que el relato denuncia. Su perfil de investigador obsesionado, cargado con deudas y problemas personales, se aleja del cliché del detective impoluto. El personaje vive en una tensión constante entre la obligación profesional y el interés personal, y su relación con Zara avanza como un juego de desconfianza, atracción y cálculo. La dirección acierta al mantener esa dualidad sin convertirla en melodrama: Rhys actúa por necesidad más que por moral. Esa motivación pragmática convierte su arco en un retrato convincente del desgaste ético dentro de las instituciones. En su figura se concentran las carencias de un Estado que investiga delitos financieros mientras reproduce sus mismas prácticas de manipulación.
Luke, interpretado por Archie Madekwe, ocupa un espacio más limitado dentro de la trama, aunque su presencia resulta decisiva para definir el carácter de Zara. Amigo y compañero de oficina, su inseguridad lo lleva a tomar decisiones precipitadas que aumentan el peligro. Su papel muestra el contraste entre quienes son capaces de mantener la calma bajo presión y quienes se hunden al perder el control. El guion lo utiliza como reflejo del miedo colectivo que recorre la serie, el miedo de quienes forman parte de un sistema del que dependen, incluso cuando perciben su corrupción. Madekwe aporta vulnerabilidad y coherencia a un personaje que representa la debilidad estructural de una clase trabajadora siempre bajo observación.
La puesta en escena aprovecha los espacios cerrados para reforzar la sensación de encierro. Los directores alternan entre la frialdad de las oficinas y la oscuridad de los interiores domésticos, mostrando un Londres burocrático, donde la vigilancia y la desconfianza dominan cada interacción. La fotografía de Giulio Biccari, Adam Gillham y Gary Shaw utiliza tonos neutros para acentuar la distancia entre personajes. La música de Martin Phipps acompaña sin imponerse, marcando el ritmo de una narración que progresa por acumulación de tensiones. Cada plano y cada pausa parecen medidos para que el espectador perciba el peso de las decisiones silenciosas, tanto dentro del robo como fuera de él.
Más allá del atraco, la serie construye un análisis directo sobre el poder del dinero y su capacidad para dictar la conducta de quienes lo administran. Cada personaje representa una forma distinta de dependencia económica: los trabajadores que buscan estabilidad, los empresarios que justifican sus abusos y los delincuentes que utilizan la codicia ajena como arma. Esa estructura permite entender que el robo central refleja un sistema basado en la desigualdad. Nikias utiliza el suspense para desarrollar una crítica clara sobre cómo la economía moderna absorbe la ética y transforma las relaciones personales en transacciones.
El guion mantiene una coherencia que lo diferencia de otras producciones del género. Consigue sostener la tensión con un ritmo firme, donde cada revelación amplía el alcance del conflicto. El interés principal reside en observar cómo la ambición y la precariedad alteran el comportamiento de todos los implicados. El resultado es una narración que combina thriller y drama social, con un tono sobrio que encaja con la tradición de las series británicas centradas en el realismo y el detalle.
El desenlace resuelve la trama de forma coherente, mostrando las consecuencias de cada acción sin discursos morales. El cerebro detrás del robo actúa como símbolo de un sistema que se alimenta de sus propios engaños. La conclusión deja claro que la justicia formal apenas compensa el daño real, y que la corrupción institucional persiste incluso después de la aparente victoria. Esa lectura, más política que sentimental, da sentido al recorrido de Zara, que comprende la magnitud del poder que la ha manipulado desde el principio.
En conjunto, 'El robo' funciona como una serie sólida, bien interpretada y construida sobre ideas que trascienden el argumento criminal. Su mayor acierto consiste en transformar un atraco financiero en una historia sobre la fragilidad del trabajo, la pérdida de confianza y la manipulación que sostiene a las grandes estructuras económicas. Sophie Turner ofrece una interpretación precisa, la dirección se mantiene firme y el guion combina tensión y análisis con equilibrio. Amazon Prime Video suma con esta producción un thriller británico basado en el realismo y la observación social, entregando una ficción eficaz, clara y bien estructurada.
