Cine y series

El Mal

Juanma Bajo Ulloa

2025



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Un murmullo extraño abre 'El Mal', mientras una cámara se desliza por un pasillo en penumbra y una voz fuera de campo anuncia el inicio de una historia que pronto se volverá una trampa para todos sus personajes. Esa primera escena concentra la esencia de la película de Juanma Bajo Ulloa: una historia que utiliza el suspense para explorar el deseo de fama, el abuso de poder y la fascinación por la violencia como espectáculo. Lejos de las fórmulas previsibles del thriller, el director construye un relato áspero, lleno de contrastes, donde el miedo y la ambición comparten la misma raíz. La propuesta mantiene un tono gélido, sin adornos innecesarios, y muestra a un autor que apuesta por retratar la parte más incómoda de la ambición contemporánea, aquella que convierte la moral en un obstáculo que puede sortearse con tal de alcanzar la notoriedad.

Elvira, interpretada por Belén Fabra, se presenta como una escritora decidida a recuperar su prestigio perdido, mientras busca desesperadamente una historia que la devuelva al primer plano. Su encuentro con Martín, interpretada por Natalia Tena, transforma su carrera y su vida en un experimento sin retorno. Martín se define como una asesina y le ofrece a Elvira la posibilidad de escribir su biografía, una propuesta que convierte el relato en un duelo entre quien escribe y quien destruye. A partir de ese vínculo, Bajo Ulloa analiza cómo el deseo de reconocimiento puede conducir a la anulación de cualquier límite ético. La narración se desarrolla en escenarios opresivos, con una atmósfera cargada y un montaje irregular que refuerza la sensación de pérdida de control. La tensión surge del proceso que lleva a los personajes a justificar sus actos, más que de los crímenes en sí.

El guion convierte la relación entre ambas mujeres en un retrato claro del narcisismo y del ansia de exposición que definen buena parte de la cultura actual. Elvira aspira a trascender mediante la escritura; Martín busca dejar huella mediante la violencia. Ambas comparten una pulsión de dominio que las empuja a manipular su entorno y a utilizar a los demás como materia para alcanzar sus objetivos. Bajo Ulloa plantea esa relación como un espejo deformante: cada una refleja en la otra lo que no se atreve a reconocer de sí misma. La ambición, presentada como una forma de supervivencia, acaba transformándose en una enfermedad compartida. El director evita cualquier sentimentalismo y construye una narración que avanza a través de miradas, silencios tensos y movimientos precisos de cámara. Todo adquiere una sensación de inevitabilidad que mantiene el interés hasta el final.

Las implicaciones sociales del filme resultan evidentes. 'El Mal' describe un entorno en el que el éxito mediático se impone a la integridad personal, donde la notoriedad se mide en cifras y la exposición pública se convierte en el mayor de los trofeos. Elvira, sometida a la presión de su editor, a la falta de estabilidad económica y al deterioro de su relación con su hija, encarna la precariedad de una generación que confunde reconocimiento con valor personal. Martín representa la otra cara de esa misma moneda: la de quien encuentra placer en la destrucción porque le permite ser visible. Ambas funcionan como símbolos de una sociedad que ha normalizado la exhibición del dolor. El filme convierte esta dinámica en su tema central y lo desarrolla sin recurrir a alegorías forzadas, articulando un discurso sobre la corrupción moral que surge de la competitividad desmedida y de la necesidad de aprobación constante.

La interpretación de Belén Fabra destaca por la frialdad con la que transmite la determinación de su personaje. Elvira busca poder y cada una de sus decisiones refleja una renuncia progresiva a la empatía, lo que la convierte en una figura inquietante. Natalia Tena, en cambio, adopta un tono más enigmático y logra que su personaje se mantenga entre la serenidad y la amenaza. La combinación de ambas genera una tensión constante, sostenida por la incapacidad de las dos para abandonar el juego que han creado. Tony Dalton, en un papel secundario pero determinante, aporta el contrapunto racional dentro de un entorno dominado por la obsesión. La dirección de Juanma Bajo Ulloa mantiene un control férreo sobre el ritmo, alternando planos largos que prolongan la incomodidad con cortes bruscos que interrumpen cualquier atisbo de estabilidad narrativa.

El apartado visual refuerza el tono asfixiante. La fotografía de Diego Trenas utiliza una iluminación dura, con contrastes que deforman los espacios interiores y convierten cada escena en una extensión del estado mental de los personajes. La música compuesta por Koldo Uriarte, de tono insistente y metálico, subraya la sensación de encierro. Bajo Ulloa emplea estos recursos con una intención precisa: que el espectador sienta el mismo peso que oprime a los protagonistas. Las localizaciones, entre lo industrial y lo sacro, amplían el sentido del relato al insinuar que el mal se encuentra en las estructuras que promueven la ambición a cualquier precio. La puesta en escena recurre a símbolos reconocibles, como los espejos o las mariposas, pero los utiliza con un propósito narrativo claro, nunca como simple adorno estético.

La figura de la maternidad tiene un papel relevante dentro de la historia. La relación entre Elvira y su hija refleja la fractura emocional que produce la obsesión por el éxito. La protagonista prioriza la escritura por encima de los vínculos afectivos, lo que acentúa la soledad que la rodea. Esa parte del relato sirve para mostrar cómo la búsqueda de reconocimiento se convierte en una forma de violencia silenciosa. Al mismo tiempo, las escenas con su editor y con los personajes que orbitan su mundo laboral subrayan el cinismo de un entorno que se alimenta del fracaso ajeno. Bajo Ulloa observa ese sistema con una mirada crítica, describiendo sin juicios morales cómo la necesidad de destacar puede destruir cualquier lazo genuino.

El clímax de 'El Mal' sintetiza el sentido del conjunto. Elvira alcanza el éxito que siempre deseó, pero lo hace en un contexto vacío, sin satisfacción real. La historia se cierra con una calma engañosa que deja tras de sí una sensación de agotamiento general. El triunfo se revela como una forma de derrota y la fama como una ilusión que esconde la pérdida de identidad. Bajo Ulloa utiliza ese desenlace para cerrar un ciclo narrativo donde cada personaje obtiene aquello que buscaba, pero en un estado de degradación total. La película se sostiene sobre una idea clara: la ambición desmedida convierte a cualquiera en víctima de sus propios deseos.

'El Mal' se afirma como un thriller incómodo, construido con rigor y sin concesiones. Su valor radica en la capacidad de mostrar la corrupción moral de una sociedad obsesionada con el éxito. Juanma Bajo Ulloa vuelve a demostrar que su cine se sitúa al margen de la complacencia, apostando por un estilo seco y directo que sirve al propósito de la historia. Cada plano, cada diálogo y cada silencio contribuyen a un relato sobre la pérdida de límites y la atracción por lo prohibido. En una época dominada por el consumo rápido de imágenes, 'El Mal' plantea la necesidad de mirar de frente aquello que preferimos ignorar: la facilidad con la que la ambición puede transformarse en una forma de maldad cotidiana.

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