Cine y series

El magnate

Goran Kapetanovic

2025



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Durante una cena en la que Jan Stenbeck prepara su plato favorito, la cámara deja ver a un hombre que ha alcanzado todo aquello que soñaba, pero que observa su entorno con la serenidad de quien ha comprendido el precio de su éxito. Ese instante resume el espíritu de 'El magnate', la serie dirigida por Goran Kapetanović que reconstruye la trayectoria de uno de los empresarios más controvertidos de Suecia. Filmin incorpora esta producción como un retrato de ambición, familia y transformación nacional, donde la historia personal se entrelaza con la mutación económica de un país que pasó de la industria pesada al dominio mediático. El relato evita el espectáculo y opta por una mirada directa, apoyada en los hechos y en el contraste entre la grandeza empresarial y la soledad del poder.

A los treinta y cinco años, Jan Stenbeck, interpretado por Jakob Oftebro, disfruta de una vida acomodada en Nueva York como ejecutivo financiero. Su rutina cambia por completo cuando debe regresar a Suecia para dirigir Kinnevik, el grupo industrial que su familia había levantado durante décadas. Desde ese momento, la serie muestra su ambición por convertir un negocio anclado en el pasado en un imperio de telecomunicaciones y medios. Esa reconversión simboliza el nacimiento de una nueva mentalidad en Europa, donde la innovación sustituye la tradición y la tecnología redefine la idea de éxito. Kapetanović retrata ese proceso con una precisión que combina el ritmo del relato empresarial con la observación íntima de un entorno familiar dividido por el poder. Cada episodio avanza con claridad, mostrando los efectos de cada decisión sobre la vida de Stenbeck y sobre una sociedad que empieza a medir el progreso en términos de influencia y rentabilidad.

La relación con su hermana Margaretha, interpretada por Malin Crépin, funciona como el eje moral del relato. Ella defiende el legado de la familia y la estabilidad de un modelo que considera justo, mientras Jan encarna la ruptura con el pasado y la necesidad de imponer una nueva visión. Los enfrentamientos entre ambos se desarrollan con una tensión constante que refleja dos formas de entender el futuro: la continuidad frente a la expansión, la prudencia frente al impulso. Crépin dota a su personaje de una firmeza que transmite la dignidad de quien intenta sostener un equilibrio imposible, mientras Oftebro construye a un Stenbeck impulsivo, decidido y cada vez más aislado. Esa oposición familiar se convierte en una lectura política del cambio de época: la tradición pierde su poder moral ante el empuje de un capitalismo que avanza sin pausa.

Jakob Oftebro ofrece una interpretación precisa, basada en la energía controlada y en una presencia que domina cada escena. Su trabajo muestra a un hombre que confunde la eficacia con el control absoluto, que mide su valía en conquistas empresariales y que termina atrapado en su propio ritmo. Kapetanović dirige con una claridad que recuerda al realismo emocional de Thomas Vinterberg, donde el peso del entorno marca la conducta de los personajes. La cámara se mantiene cercana pero nunca invasiva, dejando que los silencios y las miradas sostengan la tensión. La evolución del protagonista se refleja en su tono de voz, en la forma en que el tiempo y el cansancio van dejando huella. La serie construye así un retrato coherente del éxito y de la soledad que lo acompaña, sin artificios ni dramatismos.

La fotografía de Marek Wieser refuerza la transformación del relato. Los colores cambian de los tonos luminosos de Nueva York a la sobriedad del paisaje sueco, marcando el tránsito del esplendor al control. Los interiores transmiten jerarquía y distancia, con espacios que parecen diseñados para contener más que para convivir. Esa elección estética explica la evolución del protagonista sin necesidad de subrayados. La música de Andreas Tengblad acompaña el relato con un ritmo constante que traduce la tensión del trabajo, la ambición y el esfuerzo continuo. Cada elemento técnico está al servicio del contenido y contribuye a que la narración mantenga coherencia visual y argumental.

El reparto secundario sostiene el conjunto con interpretaciones convincentes. Zoe Boyle encarna a Merrill McCloud, la pareja de Stenbeck durante su etapa en Estados Unidos, y aporta una mirada que equilibra la dureza del protagonista. Su presencia ilumina las partes más íntimas del relato, mostrando la fragilidad que se esconde tras el éxito. Julia Marko Nord y Nils Wetterholm completan el retrato del entorno profesional, mostrando la complejidad de las alianzas y rivalidades que rodean a un empresario decidido a dominar todos los espacios. La serie describe con claridad cómo las decisiones de Stenbeck repercuten sobre sus socios y su familia, y cómo el poder se convierte en un lenguaje que organiza toda relación personal.

Kapetanović dirige con precisión y equilibrio. Cada escena está planteada para desarrollar una idea concreta: la tensión entre lo privado y lo público, la imposición del éxito como modelo vital y la progresiva pérdida de conexión con lo afectivo. El guion de Alex Haridi, Lotta Erikson y Helene Lindholm mantiene un ritmo fluido y concentra la narración en momentos significativos, sin dispersarse en episodios innecesarios. La estructura temporal de los cinco capítulos, cada uno centrado en un año clave, permite seguir la evolución de Stenbeck sin diluir la fuerza del relato. Los diálogos están construidos con un lenguaje directo, preciso y sin adornos, lo que refuerza el carácter de una serie que se apoya en hechos y decisiones más que en discursos abstractos.

La dimensión política y social de 'El magnate' resulta evidente. Stenbeck encarna la mentalidad que asocia libertad con mercado y progreso con ruptura. Sus innovaciones, como la creación de TV3 o el diario 'Metro', abren una etapa donde la información y la publicidad se convierten en ejes del poder contemporáneo. Kapetanović muestra que cada conquista empresarial genera un vacío personal, y que la modernización conlleva una pérdida de vínculos. Esa mirada permite entender al protagonista sin justificarlo, observando cómo la ambición acaba moldeando su entorno y definiendo una época. La serie combina hechos reales con una lectura crítica del capitalismo europeo, retratando con claridad el momento en que la economía se impuso como centro de la vida social.

El cierre condensa la paradoja de toda la historia: Stenbeck alcanza la cima, pero su vida personal queda reducida a una rutina solitaria. La escena final, sencilla y contenida, resume todo el recorrido sin dramatismo. 'El magnate' ofrece una narración precisa, una interpretación sólida y una dirección que entiende la importancia de cada detalle. La serie describe con claridad el cambio de mentalidad que transformó Suecia y, con ella, buena parte del mundo occidental. Filmin presenta así una obra que analiza las raíces del poder económico y los costes personales de la ambición con un enfoque sereno, directo y basado en hechos concretos.

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