Cine y series

De las cenizas: Bajo tierra

Abdullah Bamajboor

2026



Por -

Un grupo de alumnas permanece atrapado bajo el suelo de su colegio mientras la lluvia sigue cayendo sin descanso. La cámara apenas se mueve, los focos parpadean y el agua avanza con una lentitud que parece devorar el espacio. Esa escena resume la sensación de encierro que atraviesa ‘De las cenizas: Bajo tierra’, dirigida por Abdullah Bamajboor, donde cada segundo bajo tierra refleja la dificultad de convivir con los propios errores y con la culpa compartida. La historia recuerda a casos reales de accidentes escolares que dejaron secuelas más allá del desastre físico, cuando la convivencia posterior entre los supervivientes se convirtió en una carga silenciosa. En la película, esa carga se traduce en el esfuerzo de tres jóvenes por entenderse en medio de la oscuridad, mientras el entorno se convierte en un espejo de su tensión.

El punto de partida parte de una secuela directa de ‘De las cenizas’, pero esta vez Bamajboor elige un entorno cerrado y asfixiante para explorar las consecuencias de lo ocurrido en el pasado. Mona, Mashael y Maria, interpretadas por Aseel Morya, Moudi Abdullah y Aseel Seraj, encarnan tres maneras distintas de enfrentarse al miedo y al remordimiento. Las une un incendio ocurrido años antes en el mismo centro, un suceso que las marcó y que ahora se transforma en una herida colectiva. El guion de Haifa al Said y Maryam Al Hajri construye esa tensión sin necesidad de discursos grandilocuentes: cada silencio entre ellas pesa tanto como el agua que empieza a filtrarse. La tormenta que desencadena el colapso del patio encierra físicamente a las protagonistas y las obliga a aceptar que su amistad se ha deformado con el tiempo. La película funciona como una historia sobre vínculos rotos que deben reconfigurarse a la fuerza, sin sentimentalismo ni dramatización exagerada.

El desarrollo narrativo apuesta por la observación antes que por el impacto. La dirección se centra en los movimientos mínimos, en las miradas que esquivan el contacto y en las frases que quedan truncadas. La tensión crece porque todo parece próximo al derrumbe, no solo el suelo que se abre bajo sus pies, también la confianza que las unía. Bamajboor utiliza la catástrofe como marco para hablar de culpa y perdón en un contexto donde la reputación y el silencio pesan más que la sinceridad. Esa elección dota al relato de una dimensión social evidente: las tres adolescentes viven bajo las normas de una sociedad saudí que controla la imagen y castiga la vulnerabilidad. La película retrata ese control mostrando cómo las protagonistas aprenden a ocultar lo que sienten para mantener una apariencia de fortaleza. El director consigue que esa represión se refleje en la puesta en escena, con una fotografía que recurre a tonos fríos y una iluminación irregular que acentúa la sensación de encierro.

El trabajo visual de Michele Paradisi transforma el pozo en un escenario opresivo. La cámara evita los movimientos innecesarios, manteniéndose cerca de los rostros y las manos que buscan apoyo en la oscuridad. Los planos largos y el ritmo contenido refuerzan el agotamiento y la espera. La música compuesta por Suad Lakišic Bushnaq se integra con discreción, marcando los momentos de tensión sin invadirlos. Esa combinación crea un ambiente donde la amenaza se percibe sin necesidad de recurrir a efectos exagerados. La lluvia y el agua se convierten en un lenguaje propio que comunica el paso del tiempo y la creciente desesperación. El resultado es un relato que se sostiene en la permanencia dentro de una situación límite.

Las interpretaciones sostienen gran parte de la credibilidad del film. Moudi Abdullah aporta firmeza a Mashael, que se muestra incapaz de asumir su parte en el conflicto, mientras Aseel Morya dota a Mona de una calma que esconde una tensión constante. Aseel Seraj, como Maria, introduce el desequilibrio que precipita la ruptura del grupo. La llegada de su personaje altera la estructura previa y convierte la convivencia en una sucesión de choques cada vez más directos. Las tres actrices manejan con precisión los cambios de ánimo, sin subrayar las emociones ni exagerar los enfrentamientos. Ese control permite que el espectador perciba el peso de la culpa y la desconfianza como algo progresivo. La naturalidad de sus interpretaciones impide que la historia pierda verosimilitud incluso en los momentos de mayor tensión.

El guion combina la supervivencia física con una lucha moral. Cada diálogo encierra una batalla por imponerse al pasado. Los recuerdos del incendio se filtran en la conversación sin necesidad de recurrir a flashbacks, lo que evita dispersar la atención. Las autoras plantean la culpa como una forma de encierro psicológico que se intensifica al quedar aisladas bajo tierra. Las protagonistas descubren que el peligro se encuentra en la incapacidad de asumir sus errores. Esa estructura convierte el encierro en un laboratorio de emociones reprimidas, donde la única salida pasa por afrontar los vínculos que las mantienen unidas. El filme muestra que el miedo puede ser un elemento de cohesión tanto como de destrucción, y que la supervivencia depende tanto de la cooperación como de la honestidad.

La ambientación saudí confiere una relevancia especial al argumento. En un país donde las normas sociales determinan el comportamiento desde la adolescencia, el aislamiento subterráneo funciona como una metáfora de la presión colectiva. Las protagonistas representan distintas formas de reaccionar ante esa estructura: una se aferra al control, otra busca escapar de la culpa y la tercera intenta adaptarse a un entorno que la observa con desconfianza. La película refleja así un conflicto generacional donde la juventud intenta construir su identidad en medio de un sistema rígido. Bamajboor se interesa por esa tensión sin cargar el relato de discursos ni simplificaciones. Prefiere mostrar los efectos que produce en la convivencia y en la forma de entender la amistad.

La parte técnica contribuye a esa mirada sobria y directa. La fotografía mantiene una coherencia de tonos grises y marrones que acentúan la humedad del entorno, mientras la cámara utiliza la proximidad para subrayar la sensación de encierro. La dirección de arte renuncia a cualquier exceso y convierte cada rincón del pozo en un espacio narrativo que revela el deterioro físico y psicológico de las protagonistas. La edición respeta el ritmo pausado y permite que la tensión crezca de manera constante. Bamajboor demuestra así un dominio del espacio reducido y una capacidad para mantener el interés sin recurrir a recursos externos.

‘De las cenizas: Bajo tierra’ se desarrolla como un relato de reconciliación dentro de un contexto adverso. El pozo simboliza la memoria que arrastra a las tres protagonistas hacia una revisión de su pasado común. Cada conversación se convierte en un intento de reconstruir lo que quedó pendiente tras el incendio, y en ese proceso se revela la fragilidad de los lazos que las unían. El film logra que esa reconstrucción parezca un esfuerzo colectivo y no una sucesión de arrepentimientos individuales. El espectador asiste a un proceso de comprensión donde la salida física del encierro coincide con una liberación interior.

La película producida por Ideation Studios y distribuida por Netflix se integra dentro del creciente interés de la plataforma por el cine árabe contemporáneo. Bamajboor utiliza la supervivencia como punto de partida para explorar cómo las relaciones personales se deforman cuando se enfrentan al miedo, y lo hace con una claridad narrativa que prioriza la observación sobre la ornamentación. ‘De las cenizas: Bajo tierra’ se convierte en un drama de supervivencia y memoria que confía en la fuerza de sus intérpretes para transmitir la tensión de una situación extrema.

MindiesCine

Buscando acercarte todo lo que ocurre en las salas de cine y el panorama televisivo.