Cine y series

Fiasco total: Madres detectives

Phil Bowman

2025



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Una imagen cuidadosamente compuesta sostiene el relato de un país durante años, hasta que la textura de la pantalla comienza a agrietarse y deja al descubierto algo más espeso. En esa fractura se abre paso ‘Fiasco total: Madres detectives’, donde lo doméstico, lo institucional y lo mediático se entrelazan en una coreografía de verdades recortadas. El documental se mueve entre estos residuos, no para clausurar el relato, sino para dejarlo respirar en su contradicción.

Lo trivial roza lo criminal con una cercanía incómoda, como si el lenguaje de los programas vespertinos se infiltrara en una sala de interrogatorios. El artificio adopta el disfraz de la espontaneidad, la vigilancia se transforma en entretenimiento y la figura materna, convertida en símbolo de fiabilidad, queda atrapada en la maquinaria de la imagen. El trabajo de Phil Bowman se detiene ahí: justo en ese instante en que la cámara, pensada para construir una historia, refleja el temblor de una estructura que no sostiene su propio peso.

El documental se construye desde la paciencia, observando con calma una propuesta televisiva que, en su origen, ofrecía seguir a un grupo de mujeres que combinaban su vida familiar con investigaciones privadas. Dirigidas por un exagente de policía, estas madres reconvertidas en detectives surgieron como una novedad dentro del universo mediático, una suerte de alternativa frente a los códigos habituales del género. Bajo esta premisa, se diseñó un producto con aspiraciones de impacto, aunque bajo esa fachada se escondía una realidad distinta.

La película avanza sobre los rastros de esa transformación. Lo que inicialmente se mostraba como una apuesta audaz, se revela poco a poco como una construcción minuciosa orientada al beneficio de unos pocos. Tráfico de sustancias, grabaciones clandestinas y operaciones cuidadosamente guionizadas dan forma al tejido que Bowman deshilacha. El atractivo de esta historia reside en la forma en que se desmonta la lógica del entretenimiento, dejando al descubierto la facilidad con la que ciertas narrativas adquieren credibilidad cuando están bien envueltas.

El montaje apuesta por una línea recta que prioriza la claridad. No se buscan fuegos artificiales ni recursos espectaculares: cada testimonio, cada documento, cada escena reconstruida suma con precisión. Este enfoque permite que los hechos se impongan por su propia densidad, sin atajos. La película opta por dejar que las imágenes y las voces hablen desde su lugar exacto, sin redobles.

Chris Butler aparece en pantalla como una figura de ambiciones desbordadas. Su capacidad para moldear el relato, manipular la escena y rodearse de colaboradores funcionales genera una atmósfera opaca. Bowman lo retrata sin convertirlo en figura monolítica. Lejos de la caricatura, su presencia encarna una obsesión compartida: la de fabricar una realidad a la medida de una promesa televisiva.

Pero son las mujeres quienes sostienen el corazón de la narración. Las investigadoras, en particular Denise Antoon y Ami Wiltz, despliegan una energía cargada de dignidad. Sus relatos permiten acceder a otra dimensión del documental, donde la exposición deja espacio a la memoria personal. Momentos como el de Ami tatuándose en recuerdo de su hijo abren una fisura en el discurso mediático y revelan un deseo legítimo de compartir un duelo, de transformar el dolor en algo compartido.

En este punto, la película alcanza su mayor intensidad. La voluntad de las protagonistas de mostrar algo propio contrasta con los límites que impone la lógica televisiva. Bowman construye una mirada que resiste la tentación del juicio. El documental se alimenta de esas tensiones, sin reducir a sus protagonistas a víctimas ni elevarlas a emblemas.

El recorrido propuesto por la película mantiene el pulso firme. La investigación periodística, la descomposición progresiva del proyecto y la caída de Butler encuentran espacio sin aceleraciones. Aunque el metraje no se detiene en algunos aspectos secundarios —como la responsabilidad de las cadenas implicadas—, la estructura narrativa conserva solidez.

‘Fiasco total: Madres detectives’ encuentra su fuerza en la forma en que acompaña una historia que pide ser reconstruida. En lugar de estallar, la narración se despliega como una trama que se oxida lentamente. Las cámaras no ofrecen redención, pero sí una posibilidad de restitución simbólica: las protagonistas, al fin, logran contar su historia desde otro lugar.

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