Cine y series

Whiskey on the Rocks

Henrik Jansson-Schweizer

2025



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En el horizonte de los días más oscuros del siglo XX, las estructuras del poder se tambalean en un juego de diplomacia y absurdo que ‘Whiskey on the Rocks’ retrata con una agudeza casi desconcertante. Henrik Jansson-Schweizer, en colaboración con el director Björn Stein, reinterpreta un episodio clave de la Guerra Fría, aquel en que una submarina soviética encalló cerca de las costas suecas en 1981. La narrativa, vestida de sátira, no rehúye las implicaciones políticas ni las capas humanas detrás de los acontecimientos. En un presente donde las tensiones globales no cesan, esta serie no solo recuerda la historia, sino que invita a cuestionar los hilos invisibles que siguen moviendo a los líderes y sus decisiones.

La serie logra proyectar el tedio burocrático y las tensiones militares como un entramado teatral donde la comedia y el drama comparten escenario. El protagonista, Thorbjörn Fälldin, interpretado magistralmente por Rolf Lassgård, encarna una sobriedad que contrasta con la histeria y el descontrol de sus homólogos internacionales. Este exgranjero, con su pipa como único accesorio de autoridad, representa la neutralidad sueca, un concepto casi utópico en un mundo dominado por potencias en conflicto.

Desde el inicio, la serie establece un tono burlesco al caricaturizar figuras como Brezhnev y Reagan. Brezhnev, borracho de poder y vodka, es retratado como un líder perdido en su propio delirio, mientras Reagan, con su sombrero de cowboy, encarna una visión estereotipada del héroe estadounidense. Esta elección de personajes no solo arranca risas, sino que también resalta lo absurdo del poder cuando se despoja de solemnidad. El contrapunto sueco se sostiene sobre personajes como Fälldin y su pragmática ministra de exteriores, quienes intentan navegar entre las presiones de las grandes potencias con un enfoque que privilegia la diplomacia y la moderación.

‘Whiskey on the Rocks’ emplea recursos visuales y narrativos que abrazan el lenguaje de los thrillers clásicos, pero subvirtiendo sus expectativas. Las escenas de tensión militar, rodadas con una seriedad casi cinematográfica, chocan deliberadamente con diálogos cargados de ironía y situaciones de humor absurdo. Esta fusión de géneros es una apuesta arriesgada, pero eficaz, que permite a la serie transitar entre momentos de alta tensión política y episodios de sátira irreverente sin perder coherencia.

El guion, firmado por Jansson-Schweizer y basado en una idea de Jonas Jonasson, encuentra en la historia real una mina de oro para explorar los excesos y contradicciones del poder. La figura del submarino encallado, con su carga de armamento nuclear, es más que un incidente militar: es un símbolo del estado de fragilidad en el que se encontraba el mundo. La serie no solo utiliza este evento como anécdota, sino que lo amplifica, mostrando cómo los líderes involucrados respondieron desde la vulnerabilidad de sus propios defectos.

Un acierto notable de la serie es cómo el humor nunca opaca la crítica implícita. Aunque la burla es evidente, la serie no cae en el cinismo. Más bien, utiliza la sátira para desnudar las estructuras de poder y cuestionar cómo estas han moldeado tanto la historia como nuestra percepción del liderazgo. En este sentido, ‘Whiskey on the Rocks’ se inscribe en una tradición de narrativa política que encuentra en lo absurdo una herramienta para iluminar la realidad.

A pesar de sus múltiples virtudes, la serie no está exenta de pequeñas fallas. La repetición de ciertos recursos humorísticos, como la pronunciación incorrecta de nombres o la torpeza de los personajes secundarios, puede resultar redundante en algunos episodios. Sin embargo, estos detalles no logran empañar la solidez de una narrativa que encuentra en lo pequeño —una llamada telefónica, una cena de negociación— la chispa para explorar lo grande.

La dirección de Stein apuesta por un estilo visual que refuerza la dicotomía entre el drama y la comedia. Las escenas ambientadas en el submarino, con su claustrofobia palpable, contrastan con los amplios paisajes suecos que rodean a Fälldin y su equipo. Este juego de espacios subraya las tensiones entre lo local y lo global, un tema recurrente en la serie.

En el fondo, ‘Whiskey on the Rocks’ es más que una comedia política. Es un recordatorio de que las decisiones que parecen triviales o absurdas en un momento dado pueden tener implicaciones duraderas en el curso de la historia. La serie no busca ofrecer respuestas ni lecciones definitivas, sino más bien invitar a la reflexión desde un lugar inesperado: la risa.

La elección de Disney+ como plataforma para esta producción también habla de su ambición internacional. La serie, concebida inicialmente para un público escandinavo, trasciende las fronteras culturales gracias a su universalidad temática. Las tensiones entre poder y moralidad, entre lo humano y lo político, son cuestiones que resuenan en cualquier contexto, y la serie lo demuestra con una narrativa que sabe equilibrar lo local con lo global.

‘Whiskey on the Rocks’ no solo es un ejemplo de cómo la sátira puede iluminar momentos oscuros de la historia, sino también un recordatorio de la importancia del humor como herramienta de resistencia y comprensión. Henrik Jansson-Schweizer y Björn Stein han logrado convertir un episodio histórico en una obra que, sin perder su agudeza, se convierte en una reflexión vibrante sobre el mundo que habitamos.

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