Cine y series

Un desastre es para siempre

Roger Kumble

2024



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'Un desastre es para siempre', la nueva entrega dirigida por Roger Kumble, se adentra en el terreno de las segundas partes con resultados cuestionables. Esta secuela de 'Un desastre hermoso' retoma la historia de Abby Abernathy y Travis Maddox, interpretados por Virginia Gardner y Dylan Sprouse respectivamente, en lo que pretende ser una comedia romántica con tintes de parodia, pero que termina siendo una amalgama confusa de géneros y tonos.

La película inicia con un giro inesperado: Abby y Travis despiertan en Las Vegas, casados y sin recuerdo alguno de cómo llegaron a esa situación. Este punto de partida, que podría haber sido el cimiento de una trama intrigante, se desvanece rápidamente en favor de una narrativa errática que lleva a la pareja y a sus amigos a una luna de miel improvisada en México.

El cambio de escenario proporciona el telón de fondo para una serie de situaciones que oscilan entre lo cómico y lo absurdo. Kumble parece haber optado por un enfoque más ligero y paródico en comparación con su predecesor, una decisión que, si bien podría haber funcionado en teoría, en la práctica resulta en una experiencia cinematográfica desconcertante.

La química entre Gardner y Sprouse, que fue uno de los puntos fuertes de la primera entrega, aquí se diluye en medio de diálogos forzados y situaciones poco creíbles. Los personajes, que en la película anterior mostraban cierta profundidad, se ven reducidos a caricaturas de sí mismos, atrapados en una trama que parece más interesada en acumular situaciones cómicas que en desarrollar una narrativa coherente.

El guion, coescrito por Kumble y Jamie McGuire (autora de la novela original), intenta abordar temas como el compromiso, la confianza y las decisiones apresuradas, pero lo hace de manera superficial. La pregunta central de si Abby y Travis deben permanecer casados o anular su matrimonio se pierde en medio de subtramas innecesarias y gags visuales que a menudo caen en lo grotesco.

La dirección de Kumble muestra una falta de cohesión, saltando entre diferentes estilos y tonos sin lograr una visión unificada. Hay momentos en los que la película parece querer ser una comedia romántica tradicional, mientras que en otros se inclina hacia la parodia desenfrenada, resultando en una experiencia cinematográfica desequilibrada.

Visualmente, 'Un desastre es para siempre' opta por una estética brillante y colorida que contrasta con la falta de sustancia en su narrativa. La cinematografía, aunque competente, no logra elevar el material más allá de lo ordinario. La banda sonora, por su parte, es inconsistente, alternando entre piezas genéricas y elecciones musicales que a menudo parecen fuera de lugar.

Un aspecto particularmente problemático de la película es su representación de México y la cultura mexicana. Los estereotipos abundan, desde mariachis omnipresentes hasta situaciones que rozan lo ofensivo. Este enfoque no solo es culturalmente insensible, sino que también resta credibilidad a la historia y distrae de los supuestos temas centrales de la película.

El elenco secundario, encabezado por Libe Barer como America y Austin North como Shepley, hace lo que puede con el material proporcionado. Sus subtramas, aunque potencialmente interesantes, quedan subdesarrolladas y sirven principalmente como relleno cómico. La inclusión de Rob Estes como Benny, un personaje antagonista de la primera película, se siente forzada y poco relevante para la trama principal.

'Un desastre es para siempre' parece estar atrapada entre dos mundos: por un lado, intenta satisfacer a los fans de la primera película y del libro original, mientras que por otro busca atraer a un público más amplio con su humor exagerado. El resultado es una película que no logra complacer a ninguno de los dos grupos.

La decisión de tomar un enfoque más cómico podría haber sido acertada si se hubiera ejecutado con más sutileza y coherencia. Sin embargo, la película cae en la trampa de confundir lo absurdo con lo divertido, resultando en escenas que provocan más perplejidad que risas. Los intentos de humor visual, como las animaciones de penes y los efectos de sonido exagerados, se sienten fuera de lugar y contribuyen a la sensación general de desconcierto.

En cuanto a los temas más serios que la película intenta abordar, como la dinámica de poder en las relaciones y la toma de decisiones impulsivas, estos quedan sepultados bajo capas de humor forzado y situaciones inverosímiles. La oportunidad de explorar las complejidades de una relación joven enfrentada a un matrimonio inesperado se desperdicia en favor de bromas superficiales y conflictos artificialesiciarece que Kumble y su equipo no confiaban lo suficiente en la madurez de su audiencia para manejar un enfoque más serio y reflexivo.

A pesar de sus defectos, 'Un desastre es para siempre' no está completamente desprovista de momentos agradables. Hay instantes en los que el carisma de Gardner y Sprouse brilla a través del guion mediocre, recordándonos por qué funcionaron tan bien juntos en la primera película. Además, algunas de las escenas cómicas, cuando no se exceden, logran arrancar una sonrisa genuina.

Sin embargo, estos momentos positivos son escasos y no logran compensar las deficiencias generales de la película. La falta de una dirección clara y de un tono consistente hace que 'Un desastre es para siempre' se sienta como una oportunidad desperdiciada. En lugar de construir sobre los cimientos establecidos por su predecesora, la película opta por un camino más fácil y menos satisfactorio.

En última instancia, 'Un desastre es para siempre' es una secuela que lucha por encontrar su identidad. No es lo suficientemente seria para ser tomada como un drama romántico, ni lo suficientemente ingeniosa para funcionar como una parodia efectiva del género. Se queda en un limbo cinematográfico, ofreciendo poco más que un puñado de risas ocasionales y una gran dosis de confusión.

Para los fans de la primera película o de los libros de McGuire, esta secuela podría resultar decepcionante en su manejo de los personajes y su desviación del tono original. Para los espectadores nuevos en la franquicia, la película ofrece poco contexto y aún menos razones para invertir emocionalmente en los personajes o su historia.

En conclusión, 'Un desastre es para siempre' es una película que intenta hacer malabarismos con demasiados elementos sin lograr dominar ninguno. Su intento de ser una comedia romántica paródica se ve obstaculizado por una falta de enfoque y una ejecución inconsistente. Mientras que la primera película logró encontrar cierto equilibrio entre el drama y el romance, esta secuela se pierde en un mar de ideas mal ejecutadas y oportunidades desperdiciadas.

A pesar de los esfuerzos de su elenco, la película no logra superar sus deficiencias fundamentales en guion y dirección. 'Un desastre es para siempre' queda como un recordatorio de que, en el cine, como en las relaciones, las decisiones apresuradas rara vez conducen a resultados satisfactorios.

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