Cine y series

The People’s Joker

Vera Drew

2024



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Una máscara puede ser un disfraz o un recordatorio de lo que se oculta tras la piel. En esa tensión vive ‘The People’s Joker’, una película que arrastra la carcajada hasta el borde de la incomodidad y se instala allí como si la risa pudiera ser un modo de supervivencia. Vera Drew no se limita a habitar un personaje, sino que atraviesa el territorio de Gotham con el gesto del clown como emblema de resistencia frente a una sociedad que aplasta lo que considera desajustado.

El universo que construye la directora está plagado de luces falsas y gas tóxico que pretende forzar sonrisas donde solo hay desgarro. Esa ficción contaminada dialoga con un presente marcado por instituciones que venden alivio en lugar de escucha, que prescriben fármacos como sucedáneos de comprensión. El retrato de un adolescente en Smallville que descubre su deseo de transformarse en artista de comedia se convierte, en manos de Drew, en parábola de un mundo que exige encajar aunque suponga deformar la propia identidad.

El relato no se organiza como progresión lineal, sino como collage plagado de texturas inacabadas, animaciones rudimentarias y artificios cromáticos que evocan un cómic desquiciado. Ese acabado deliberadamente irregular funciona como metáfora de un proceso vital sin molde prefijado. La película se sabe precaria en lo material y lo usa como herramienta expresiva: cada defecto visual remite a la imposibilidad de domesticar lo que se cuenta.

El personaje central, que evoluciona hasta convertirse en Joker the Harlequin, porta consigo un pasado de silencios familiares y maltratos verbales que marcan la relación con su madre. Drew encarna esa herida con crudeza, sin sentimentalismo, para subrayar cómo la violencia más devastadora puede surgir en la intimidad del hogar. A la vez, el vínculo con Mr. J —figura carismática y autodestructiva— plasma el magnetismo peligroso de ciertas relaciones que, en lugar de sostener, arrastran.

La dimensión autobiográfica se entrelaza con la caricatura de la industria cultural. Gotham no es solo escenario de villanos, sino representación de un sistema que regula la comedia como si fuera un brazo del poder estatal. El show televisivo UCB Live encarna la maquinaria corporativa que legitima qué humor merece existir. En ese contexto, la creación de una troupe alternativa se vuelve gesto político: hacer reír fuera del circuito oficial se convierte en desafío a la norma.

Drew lanza su mirada contra mitologías establecidas, deformando a Batman hasta convertirlo en símbolo de un orden autoritario, y a personajes icónicos en figuras grotescas sometidas a un sistema represivo. Esa irreverencia no destruye el imaginario del cómic, lo reutiliza para evidenciar cómo los relatos de masas han servido tanto para consolar como para disciplinar.

El guion alterna sátira y confesión personal sin abandonar nunca un tono de ironía amarga. La protagonista asume el maquillaje como máscara liberadora y a la vez cárcel, donde cada gesto cómico está contaminado por una vida de rechazo. El resultado se asemeja a una performance en la que la parodia de franquicias multimillonarias convive con la vulnerabilidad más íntima.

La película despliega una galería de recursos formales: animación rudimentaria, escenarios digitales saturados, actuaciones que rozan lo amateur. Ese caos no oculta falta de pericia, sino voluntad de subvertir cualquier idea de acabado pulido. El artificio constante recuerda que todo es representación, que la risa puede ser también un grito.

El arco vital que recorre el personaje principal no se resuelve en triunfo convencional. Más bien, se expone la imposibilidad de alcanzar un ideal de plenitud bajo estructuras que castigan la diferencia. La comedia, lejos de ser un refugio, se convierte en campo de batalla: cada chiste es un intento de sobrevivir en un entorno que pretende moldear a sus habitantes bajo máscaras prefabricadas.

‘The People’s Joker’ se despliega como sátira corrosiva y como exorcismo personal. Vera Drew se sirve de los códigos del cómic y del stand up para desarmar tanto la narrativa superheroica como el mito del humorista redentor. El resultado es una obra que incomoda y desconcierta, capaz de mezclar confesión y burla en un mismo plano. En lugar de buscar armonía, asume la contradicción como único territorio posible.

‘The People’s Joker’ ha formado parte de la décimo quinta edición del Atlántida Mallorca Film Fest

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