Cine y series

Soy Nevenka

Icíar Bollaín

2024



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'Soy Nevenka', dirigida por Icíar Bollaín, ofrece una profunda reflexión sobre el abuso de poder y la violencia de género, exponiendo las heridas abiertas en una sociedad que todavía lucha por reconocer la magnitud de estos problemas. Este largometraje no solo presenta un caso pionero en la historia de España, sino que también pone de manifiesto la desconexión entre la justicia legal y el juicio social. En un mundo donde las estructuras de poder a menudo se imponen sobre los más vulnerables, la historia de Nevenka Fernández resuena como un eco necesario para cuestionar el presente.

La película ahonda en los mecanismos invisibles que permiten el acoso sexual en espacios de poder y la complicidad de una sociedad que prefiere mirar hacia otro lado. Las dinámicas de poder entre el hombre y la mujer, y cómo estas pueden derivar en abuso, son el eje central de esta obra. A través del relato de Nevenka, Bollaín señala las fisuras en las estructuras sociales y políticas que siguen perpetuando desigualdades y silencios cómplices.

En lugar de enfocarse en el caso judicial o en los detalles más evidentes del acoso, la película se sumerge en el viaje interno de la protagonista. La cámara de Bollaín sigue a Nevenka en su lucha por mantener la dignidad en medio del asedio constante, tanto profesional como emocional, que enfrenta a manos del alcalde de Ponferrada, Ismael Álvarez. Aquí, la obra presenta un retrato de la soledad, del miedo y de la resistencia, sin caer en sentimentalismos, pero sí resaltando la vulnerabilidad de una mujer joven que, sin apoyo de su entorno, decide enfrentarse al poder.

Mireia Oriol, en el papel de Nevenka, logra transmitir la angustia de una mujer que se ve atrapada en una situación de la que no puede escapar fácilmente. Su actuación, marcada por la contención emocional, refleja una lucha interna que no siempre se puede verbalizar, pero que está presente en cada uno de sus gestos y miradas. Aunque en algunos momentos su interpretación parece algo inexperta, precisamente este rasgo contribuye a subrayar la juventud e inexperiencia de su personaje.

El otro gran pilar interpretativo de la película es Urko Olazabal, quien encarna a Ismael Álvarez, el alcalde de Ponferrada. Su actuación destaca por su capacidad para mostrar las dos caras del personaje: el hombre carismático y populista que conquista a su entorno y el acosador implacable que no acepta el rechazo. Bollaín evita demonizar en exceso al personaje, lo que permite una reflexión más profunda sobre el poder y su capacidad corruptora, más allá de una simple caricatura del villano.

Uno de los puntos más destacables de la película es cómo trata el consentimiento y el acoso dentro de una relación que inicialmente fue consensuada. 'Soy Nevenka' subraya las complejidades de estas situaciones, desafiando las visiones simplistas que a menudo se imponen en debates sobre el acoso sexual. Bollaín no intenta ofrecer respuestas fáciles, sino que presenta las contradicciones y los matices de las relaciones humanas, especialmente cuando están condicionadas por las jerarquías de poder.

La película también invita a la reflexión sobre el papel de los medios y la opinión pública en casos como el de Nevenka. Durante el juicio, la protagonista no solo tuvo que enfrentarse al sistema judicial, sino también al escarnio social. El filme muestra cómo una sociedad, aún impregnada de valores patriarcales, se puso del lado del agresor, ignorando o minimizando el sufrimiento de la víctima. En este sentido, 'Soy Nevenka' se convierte en un espejo en el que se refleja una realidad que, a pesar de los avances, sigue siendo incómoda de admitir.

Bollaín opta por una dirección sobria, sin artificios innecesarios. La película tiene un ritmo pausado, lo que permite que el espectador se adentre en el mundo emocional de la protagonista. Este enfoque ayuda a reforzar el tono íntimo de la obra, que, aunque aborda un tema de gran relevancia social, lo hace desde la perspectiva personal y psicológica de la víctima. Sin embargo, este mismo tono comedido puede resultar demasiado conservador en algunos momentos, especialmente para un público que espera una confrontación más directa con el tema.

A nivel técnico, la película destaca por una cuidada puesta en escena que evita dramatismos innecesarios. La fotografía de Gris Jordana contribuye a crear una atmósfera opresiva que acompaña a Nevenka en su descenso a los infiernos. La música de Xavi Font, por su parte, refuerza el tono sombrío del relato sin robar protagonismo a la historia.

'Soy Nevenka' es, ante todo, un recordatorio de que el machismo y el abuso de poder no son fenómenos del pasado. Aunque el caso que se narra ocurrió hace más de veinte años, las preguntas que plantea siguen siendo dolorosamente relevantes. La película nos obliga a reflexionar sobre cómo enfrentamos, como sociedad, los casos de acoso sexual y sobre el papel que todos jugamos en la perpetuación o en la lucha contra estos abusos.

El filme evita caer en maniqueísmos y se mantiene fiel a su propósito de dar voz a una mujer que, durante mucho tiempo, fue silenciada. Bollaín no ofrece redención fácil para los personajes ni respuestas simples para el espectador. Lo que sí ofrece es una mirada honesta a una realidad compleja, donde el abuso de poder y la impunidad siguen siendo cuestiones con las que debemos lidiar.

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