Cine y series

She the People

Tyler Perry

2025



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En las tierras donde el discurso político se mezcla con la humedad del verano y los himnos de iglesia compiten con las bocinas de una marcha, el poder se manifiesta en formas más domésticas que institucionales. ‘She the People’ se instala ahí, en la grieta entre el fervor comunitario y el teatro legislativo, para dibujar una escena en la que la pertenencia se disputa tanto en el hemiciclo como en el salón familiar.

No se trata de una serie sobre leyes ni sobre liderazgo, sino sobre la incómoda coreografía de quien intenta hacerse oír en un coro que ya ha elegido a sus solistas. Tyler Perry abandona aquí el drama lacrimógeno y se asienta en la comedia política, pero lo hace manteniendo su marca registrada: un universo de personajes hiperbólicos que se lanzan frases como proyectiles, mientras el fondo institucional apenas disimula su sesgo estructural. En esta Mississippi ficticia, las paredes del poder tienen olor a moho y pasado, y Antoinette Dunkerson (Terri J. Vaughn) debe sentarse en una silla barnizada con desdén.

La serie arranca con una campaña electoral teñida de escándalo familiar. Antoinette, madre soltera y candidata a vicegobernadora, ve cómo un video de su hija bailando se convierte en combustible para la controversia. Su reacción —dar un puñetazo al adolescente en cuestión— no solo contradice cualquier manual de imagen pública, sino que activa un raro efecto de simpatía entre el electorado. Desde ese instante, la ficción opera en clave de farsa moral, en la que el castigo social cede ante una identificación emocional construida con errores visibles.

En lugar de capitalizar lo institucional como campo de juego narrativo, Perry recurre al hogar como el verdadero escenario de tensión. La madre de Antoinette, Cleo (Jo Marie Payton), actúa como catalizadora del absurdo: reparte propaganda en funerales y sugiere intervenir strip clubs como estrategia electoral. Su voz, al borde de la caricatura, funciona como caja de resonancia de la historia no oficial del sur: la que no se cuenta desde los escaños sino desde los salones y las cocinas.

La oposición que encuentra Antoinette tras su elección no se limita a los muros administrativos. El gobernador Harper (Robert Craighead), arquetipo de supremacía barnizada de cortesía, representa un poder que humilla sin levantar la voz. Su insistencia en llamarla "Nettie", con referencias oblicuas al imaginario racial de la ficción histórica, expone una hostilidad que no necesita argumentos. El problema, sin embargo, es que esta construcción se apoya en gestos burdos y simplificaciones que disipan la potencia del comentario político.

En ese vaivén entre sátira y sitcom, ‘She the People’ oscila sin encontrar siempre el punto de equilibrio. La comedia se apoya en malentendidos, en personajes que parecen diseñados más para funcionar como gags que como personas. Basil (Dyon Brooks), el conductor drogado y trajeado, y Shamika (Jade Novah), prima y asistente de la protagonista, funcionan más como resortes de comicidad que como figuras con agencia. Esto resta peso a los conflictos reales que la serie intenta introducir, desde la precariedad institucional hasta la distancia entre representación y efectividad.

No obstante, hay una escena que logra sintetizar lo que la serie insinúa constantemente: la llegada de la familia al nuevo hogar oficial, una mansión con decorado confederado que más que sede de poder parece cápsula del tiempo. Allí, el artificio cómico se tiñe de un malestar que traspasa el chiste. Es en esa habitación —con alfombras bordadas con banderas de otra época y criados que parecen haber sobrevivido al siglo XIX— donde el contraste entre lo simbólico y lo real alcanza su punto más incómodo.

Tyler Perry intenta navegar el género político sin la precisión de la sátira clásica ni la agudeza del comentario estructurado. Prefiere la exageración, el gesto amplificado, el remate rápido. Y aunque esto puede sabotear el desarrollo de tramas más densas, también permite capturar algo que otras ficciones suelen perder: el sinsentido cotidiano de la política vivida desde los márgenes.

La interpretación de Terri J. Vaughn sostiene la estructura con cierta dignidad. Su Antoinette está construida sobre un equilibrio difícil entre la firmeza pública y la desorganización privada. Lejos del arquetipo de heroína imperturbable, su personaje se muestra expuesto, contradictorio y con una brújula moral que vacila sin extraviarse.

‘She the People’ apuesta por el desorden como método. A veces acierta, como cuando deja que las tensiones raciales se manifiesten sin necesidad de subrayados. En otras, se enreda en tramas secundarias o diálogos que ralentizan la tensión principal. Hay un esfuerzo evidente por dotar a la serie de una estructura ligera que no sacrifique del todo la relevancia temática, aunque esa decisión la empuje a simplificaciones poco productivas.

La serie no inaugura una nueva etapa en la carrera de Perry, pero sí indica una posibilidad de tránsito. Entre el grito y la mueca, entre el cliché y la tentativa, ‘She the People’ es un producto que se arriesga sin revolucionar. Su apuesta, por momentos ingenua, reside en retratar el acto de gobernar no desde la altura del estrado, sino desde el terreno movedizo de una cena familiar que nunca llega a terminarse.

La primera parte de 'She the People' ya está disponible en Netflix

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