Cine y series

Revelación

Yeon Sang-ho

2025



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Las ciudades también rezan. A veces, con el estruendo de un claxon, otras bajo los neones gastados de una iglesia improvisada, envueltas en el vapor del asfalto tras la lluvia. Allí donde lo divino parece tocar la tierra, algo se quiebra: no es el milagro, sino la voluntad. ‘Revelación’ habita ese territorio donde la fe se convierte en herramienta, en máscara, en coartada.

La película se desenvuelve en los márgenes: no solo geográficos, sino morales. En sus primeras escenas ya queda claro que aquí no hay guía confiable, ni redención clara. Los personajes avanzan a tientas, empujados por espectros personales que no son tanto alucinaciones como formas retorcidas de recuerdo. Todo parece tramar una tesis sobre la imposibilidad de actuar sin mancharse las manos, cuando el juicio se rinde ante una convicción fabricada por el dolor.

El argumento de ‘Revelación’ parte de una desaparición, pero lo que se extravía realmente es el equilibrio entre razón y creencia. Un pastor convencido de interpretar la voluntad divina y una detective atrapada en sus propios fantasmas orbitan alrededor de un agresor reincidente, en una red de coincidencias tan densas que parecen predestinadas. Lo que en manos menos ambiciosas sería un thriller policial termina derivando en algo más inestable: una representación distorsionada del juicio personal disfrazado de justicia.

Ryu Jun-yeol, como el pastor Min-chan, sostiene la mayor parte del conflicto con una interpretación tensa, contenida, cuya fragilidad se quiebra en los momentos donde su fe se impone sobre cualquier atisbo de lógica. Más que un líder espiritual, se presenta como un hombre extraviado en la necesidad de creer que el mundo tiene sentido. La forma en que lee señales en los objetos cotidianos no se siente tanto una rareza como una patología disimulada por el púlpito.

A su lado, Shin Hyun-been encarna a una detective arrastrada por la culpa, cuya determinación no se alimenta de pruebas sino de una necesidad desesperada por restaurar un orden imposible. El guion, sin embargo, no le permite desarrollarse con el mismo relieve que a su contraparte masculina. Su arco dramático es reiterativo, enfocado casi exclusivamente en su vínculo con el pasado trágico de su hermana, y limitado por una dirección que privilegia la densidad simbólica sobre la progresión emocional.

Yeon Sang-ho compone una atmósfera pesada, húmeda de presagios, pero su narrativa tropieza por momentos con sus propias ambiciones. El diseño de la trama entrecruza personajes y casualidades con tal insistencia que su artificio se hace evidente. No se trata aquí de una estructura que busque verosimilitud, sino de una urdimbre marcada por la voluntad autoral de subrayar cómo la fe —o lo que algunos llaman fe— puede justificar cualquier acto, desde el ocultamiento hasta la violencia directa.

Donde ‘Revelación’ encuentra mayor fuerza es en su crítica soterrada a las instituciones religiosas, que no aparecen como espacios de contención ni reflexión, sino como escenarios para el narcisismo y el delirio. El pastor no es un estafador, pero su sinceridad es tan destructiva como el engaño. La película evita caer en discursos abiertos contra la religión organizada, pero muestra con claridad las grietas por donde se cuela el dogma cuando no hay quien lo cuestione.

Visualmente, la película apuesta por una estética que alterna la crudeza documental con gestos simbólicos de tono casi místico. Hay momentos en los que el encuadre parece querer congelar un instante de trascendencia, pero lo hace a costa del ritmo. La edición recurre a los flashbacks y los saltos temporales con frecuencia, pero sin encontrar siempre el equilibrio entre lo enigmático y lo funcional.

El antagonista, Kwon, funciona más como catalizador que como personaje. Su presencia activa los traumas ajenos, pero él mismo permanece en una dimensión poco definida, una amenaza que, aunque real, parece más útil como espejo deformado que como figura autónoma. Esta elección narrativa, aunque discutible, encaja con la lógica del filme, que prioriza la deriva de sus protagonistas por encima del delito concreto.

La cinta no logra cohesionar del todo sus múltiples capas: el thriller policial, la crítica social, el drama espiritual. Pero en sus mejores momentos —esos en los que la moralidad de los personajes se curva hasta volverse irreconocible— logra tensar una cuerda que vibra con fuerza. La desesperación con la que algunos intentan imponer sentido al horror cotidiano termina por transformarlos en cómplices de aquello que creían combatir.

‘Revelación’ es una película que no parece interesada en tranquilizar. Su retrato del juicio moral no es el de un tribunal, sino el de un espejo roto donde cada fragmento muestra una versión incompatible de la justicia. En esa fragmentación, se filtra la certeza de que a veces, el infierno no es más que la idea errónea de estar haciendo lo correcto.

'Revelación' ya está disponible en Netflix

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