Cine y series

Por Siempre - Primera Temporada

Mara Brock Akil

2025



Por -

El vértigo de crecer nunca se siente como un salto, sino como una lenta acumulación de pequeñas sacudidas, esas grietas que van dejando las conversaciones truncadas, las miradas fugaces que no se atreven a sostenerse. En ‘Por Siempre’, Mara Brock Akil no se limita a contar una historia de amor juvenil; construye un mapa de presiones invisibles, un territorio donde el deseo de pertenecer y la obligación de sobrevivir circulan por las mismas arterias. Esta serie no solo adapta el clásico de Judy Blume, sino que lo despoja de nostalgia para anclarlo en las texturas específicas de 2018, cuando la vida adolescente ya respiraba bajo el peso incesante de las redes sociales, de las expectativas familiares y de las amenazas que surgen no por lo que uno hace, sino por lo que uno representa.

Las calles de Los Ángeles no funcionan aquí como simple escenario: son un reflejo de los contrastes que tensan la relación entre Justin Edwards y Keisha Clark, dos adolescentes que, aunque provienen de mundos económicos opuestos, comparten una misma vulnerabilidad racial. El privilegio de Justin no lo blinda frente a las advertencias de sus padres, que conocen demasiado bien los peligros de circular de noche en un barrio equivocado, con el color de piel equivocado. Mientras tanto, Keisha carga sobre sus hombros el peso de ser el pilar de una familia encabezada por una madre extenuada, sostenida apenas por rezos y rutinas repetidas hasta el agotamiento.

Lo que destaca de esta serie es cómo Akil logra que cada escena transpire una tensión contenida, incluso en los momentos más íntimos. Las interacciones entre Keisha y Justin avanzan con una mezcla de curiosidad y torpeza que rara vez se permite en ficciones sobre adolescentes, especialmente cuando se trata de personajes negros. Aquí no hay lugar para la hipersexualización ni para el melodrama desbordado: los protagonistas se equivocan, dudan, retroceden, y cada paso parece cargado de la conciencia de que cada error tiene repercusiones que exceden la esfera privada.

Michael Cooper Jr. ofrece un Justin atrapado entre la ansiedad y el encanto, mostrando un rango que oscila entre la autocompasión y una inesperada seguridad. Su rostro encierra la contradicción entre un cuerpo entrenado para brillar en la cancha y una mente que a menudo se desliza hacia la dispersión. Lovie Simone, por su parte, da vida a una Keisha resuelta, que mantiene una fachada de firmeza mientras lidia con heridas que ni sus amigas conocen del todo. El momento en que se enfrenta al exnovio que difundió un video íntimo no busca epatar: revela una madurez que se ha visto forzada a asumir demasiado pronto.

La dirección de Regina King y otros nombres destacados dota a ‘Por Siempre’ de una estética cuidada, donde la luz californiana baña escenas domésticas cargadas de significado. No es una serie que persiga giros argumentales espectaculares, sino que se concentra en los detalles: los silencios en la mesa familiar, las miradas entre madre e hija al amanecer, los gestos de un padre que, pese a sus esfuerzos, sabe que no podrá enseñar a su hijo todas las reglas para salir indemne.

La narrativa también se sostiene gracias a un guion que reconoce la multiplicidad dentro de la experiencia negra en EE. UU., algo que se plasma en los orígenes caribeños de Keisha o en las diferencias de clase entre los protagonistas. No son detalles ornamentales: son capas que complejizan los diálogos, que tiñen las decisiones y las omisiones. Al mismo tiempo, el uso de las redes sociales se integra de forma orgánica, reflejando cómo las dinámicas digitales amplifican la vulnerabilidad emocional sin caer en moralismos.

El ritmo de la serie, sin embargo, se resiente por momentos. Algunos conflictos se dilatan en exceso, estirando malentendidos que podrían resolverse con una conversación honesta. Esta dilatación no siempre logra el efecto de profundización emocional, sino que puede llegar a desdibujar la tensión acumulada. Aun así, Akil construye un retrato coral donde incluso los personajes secundarios, como las madres interpretadas por Karen Pittman y Xosha Roquemore, aportan matices imprescindibles, alejándose de los arquetipos para perfilar figuras marcadas por el agotamiento y la perseverancia.

‘Por Siempre’ evita simplificaciones al abordar las relaciones entre generaciones, mostrando a padres y madres que intentan guiar a sus hijos sin disponer siempre de las herramientas adecuadas. Aquí, la sobreprotección no surge del capricho, sino de una memoria colectiva donde cada desliz puede pagarse caro. Esta capa de vulnerabilidad atraviesa incluso los momentos más luminosos de la serie, recordando que la juventud no existe en un vacío, sino que está tejida por las decisiones y renuncias de quienes vinieron antes.

Akil entrega un trabajo contenido, que apuesta por una representación matizada del afecto adolescente, evitando tanto la glorificación como la tragedia gratuita. ‘Por Siempre’ se presenta así como una serie que, sin buscar conmover de forma inmediata, despliega una narrativa que deja resonancias. Su fuerza no está en los grandes gestos, sino en la atención a esos detalles que, en el universo de Keisha y Justin, lo significan todo.

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