En un pequeño pueblo costero de Turquía, el eco de un hotel familiar sirve como escenario para una narración en la que se cruzan ambiciones, afectos y supersticiones. ‘Platónico’, dirigida por Onur Bilgetay y escrita junto a Gupse Özay, se apoya en un entorno reconocible, el de Alaçatı, para desplegar una ficción que combina la vida cotidiana de un negocio en apuros con la irrupción de un visitante enigmático que altera la rutina de sus habitantes. El planteamiento inicial se sostiene en la herencia de un establecimiento regentado por una madre y sus dos hijas, pero pronto se abre hacia una trama de intereses cruzados que convierte el espacio en un campo de batalla sentimental y mercantil.
La serie cuenta con ocho episodios de unos cuarenta y cinco minutos que permiten un desarrollo ágil de situaciones. El formato favorece la introducción temprana de personajes clave: Nezahat, empeñada en mantener a flote el legado de su marido; Gülten, que busca estabilidad a través del matrimonio aunque se sienta vulnerable; y Nedret, decidida a hallar un vínculo idealizado que la salve del tedio. Sobre ellas se cierne la presencia de Kaan, un empresario que disfraza sus intenciones para acercarse al hotel y que, con su llegada, despierta rivalidades entre las hermanas mientras se gana la atención del pueblo.
Ese arranque promete un juego entre comedia romántica y drama costumbrista. Sin embargo, lo que podría ser una pieza ligera se convierte en un relato con múltiples capas, donde la confusión y la exageración se instalan con frecuencia. La rivalidad entre Gülten y Nedret se presenta con intensidad, pasando de situaciones cómicas a momentos desmedidos que provocan extrañeza. Bilgetay introduce elementos de humor que funcionan en escenas breves, especialmente en los intercambios entre las protagonistas y Kaan, aunque a menudo se ven eclipsados por episodios demasiado estridentes.
Uno de los aspectos más llamativos de la serie es la inserción de un componente fantástico alrededor del influjo de una luna azul. Esa dimensión sobrenatural se plantea como un eje capaz de dar un matiz distinto al triángulo central, pero termina diluyéndose entre las luchas sentimentales y las maniobras de poder. La ambigüedad sobre la naturaleza de Kaan, entre hombre de negocios o ser venido de otro lugar, se queda como una idea apenas apuntada. El relato hubiera ganado cohesión si hubiera integrado con mayor claridad ese trasfondo en vez de añadirlo como aderezo tardío.
El reparto sostiene gran parte del atractivo de la obra. Gupse Özay interpreta a Gülten con un tono entre comicidad y vulnerabilidad, mientras Öykü Karayel ofrece a Nedret un aire inquieto que dinamiza cada escena en la que aparece. Kerem Bürsin, como Kaan, se mueve con soltura en un rol de encanto ambiguo, capaz de despertar simpatía y recelo. Incluso los personajes secundarios, aunque numerosos y a veces excesivos, ayudan a dar color a la pequeña comunidad, reforzando esa atmósfera de pueblo donde cada gesto se magnifica y cada rumor se expande.
El contexto cultural en el que surge ‘Platónico’ merece atención. Netflix lleva años apostando por producciones turcas que combinan comedia, melodrama y referencias locales con ambición de llegar al público internacional. En este caso, el guion se inclina hacia una caricatura de costumbres donde la exageración forma parte del estilo, lo que genera tanto momentos divertidos como pasajes de incomodidad. El intento de retratar personajes extravagantes, desde vecinos chismosos hasta fanáticos de teorías extrañas, dibuja un retrato social que se mueve entre sátira y exceso.
Visualmente, la serie aprovecha el atractivo del enclave mediterráneo. El hotel y sus alrededores aparecen bañados por una luz vibrante que resalta los colores vivos de vestuario y escenarios. Esa vitalidad contribuye a mantener el interés incluso cuando la trama se dispersa. Los episodios avanzan a ritmo rápido, con giros constantes y escenas que buscan mantener al espectador entretenido, aunque en ocasiones ese frenesí termine sacrificando claridad narrativa.
En términos de tono, ‘Platónico’ oscila entre comedia ligera, drama romántico y relato fantástico. Esa mezcla puede resultar sugerente al principio, pero con el paso de los capítulos genera una sensación de dispersión. El espectador se mueve entre carcajadas, desconcierto y momentos de tensión sin encontrar un equilibrio definido. La propuesta parece debatirse entre ofrecer un retrato costumbrista con tintes satíricos o adentrarse en un relato de misterio con aspiraciones fantásticas, sin decidirse del todo por ninguno.
La dimensión política se percibe en el trasfondo de la historia. La pugna por el control del hotel remite a la presión de intereses económicos sobre tradiciones familiares, un tema que conecta con realidades de muchas comunidades turcas donde el turismo transforma costumbres y modos de vida. Kaan encarna ese capital invasor que, bajo apariencia de cortesía, busca apropiarse de un espacio cargado de memoria. Frente a él, Nezahat simboliza resistencia y apego a un legado, mientras sus hijas encarnan la fragilidad de quienes oscilan entre deseo personal y lealtad familiar.
‘Platónico’ logra momentos de entretenimiento, sobre todo gracias a la entrega de su reparto y al dinamismo visual que impregna cada episodio. Sin embargo, la combinación de géneros y la apuesta por un humor excesivo generan altibajos que dificultan una lectura uniforme. Como propuesta, funciona como una comedia dramática que intenta ser extravagante y misteriosa, aunque se queda a medio camino en ambas direcciones.
