Cine y series

Nuestro Seúl por descubrir

Park Shin-woo

2025



Por -

En ciertos rincones de la ciudad, hay formas de silencio que no suenan igual. No es el mutismo del abandono ni el de la serenidad, sino uno que se desliza entre el tráfico, los ascensores y los teclados. Un murmullo disimulado que crece dentro del cuerpo sin levantar sospechas, hasta que un día no se puede más. Ahí empieza todo. Y justo en ese pliegue, donde lo cotidiano se vuelve inasible, se sitúa ‘Nuestro Seúl por descubrir’, una serie que no necesita mirar lejos para hablar de extravíos profundos.

Las vidas de Yu Mi-rae y Yu Mi-ji no se narran desde el exceso, sino desde los fragmentos perdidos que arrastra el desgaste. Una estudia y se adapta hasta el límite; la otra flota en una economía de supervivencia sentimental. Ninguna sabe exactamente cuándo dejaron de mirarse como iguales. Tampoco importa. La cuestión central emerge cuando lo fingido se impone sobre lo vivido, y ambas mujeres —idénticas en rostro, dispares en ritmo— cruzan sus caminos sin dar aviso al mundo. El artificio de una suplantación no es más que una excusa narrativa para rasgar lo que permanece escondido.

La puesta en escena no apuesta por sobresaltos ni giros inesperados. El director Park Shin-woo prefiere contener la tensión en escenas que, en apariencia, no buscan generar impacto. Hay una deliberada voluntad de empobrecer lo espectacular, y eso refuerza la carga de verdad en los momentos de mayor vulnerabilidad. Las oficinas, los apartamentos, incluso los cuerpos, funcionan como cápsulas donde el deterioro emocional ocurre sin necesidad de levantar la voz.

Park Bo-young despliega una interpretación exigente, pero despojada de afectación. Como Yu Mi-rae, su lenguaje corporal se contrae, casi se repliega; como Yu Mi-ji, avanza sin rumbo claro, pero con una extraña determinación. La actriz construye así un doble recorrido sin dramatismo evidente, lo que hace más inquietante el tránsito de un personaje a otro. No hay marcadores fáciles —ni en peinados ni en gestos forzados— que distingan a las gemelas, lo cual obliga al espectador a prestar atención a los matices, al modo en que respiran las escenas más que a lo que ocurre en ellas.

El guion no se detiene a explicar las decisiones. Se limita a mostrar las consecuencias de un movimiento impulsivo: una hermana que decide infiltrarse en la vida de la otra para protegerla desde dentro. A partir de ese punto, el relato escoge no iluminar demasiado. El espectador accede a los motivos como quien escucha una conversación a medias en una cafetería. Esto exige una atención activa, pero también un compromiso con el desconcierto.

Entre los secundarios, destaca el personaje de Lee He-soo, interpretado por Park Jin-young, quien encarna una versión sofisticada de la empatía contenida. Su presencia no interrumpe la narrativa de las gemelas, sino que la tensa, generando una tercera vía que nunca se completa. En sus gestos se acumula una ambigüedad útil: ni héroe ni alivio romántico, sino testigo necesario de una confusión que ya no distingue lo verdadero de lo útil.

La fotografía de la serie evita todo artificio. Se filman los espacios tal como se habitan: sin privilegios. Hay un gris dominante que nunca es estéril, sino funcional a un estado de ánimo que se instala desde los primeros minutos. Es ese color el que mejor representa la distancia entre lo que se desea y lo que se tolera. En ese terreno intermedio, ‘Nuestro Seúl por descubrir’ construye su discurso sin caer en solemnidades.

El relato se mueve por capas: la primera, más visible, es la del engaño identitario. Pero bajo esa superficie, se articula una crítica aguda al modelo de productividad que define a buena parte de la vida urbana contemporánea. La oficina, más que escenario, se convierte en síntoma. Y ahí es donde la serie más acierta: en su manera de mostrar el cansancio como forma de estar en el mundo, sin estetizarlo ni convertirlo en metáfora grandilocuente.

No hay redención fácil, tampoco catarsis. Cada episodio acumula una sensación de desplazamiento interior que rara vez se verbaliza. Y esa es una de las decisiones más arriesgadas del proyecto: confiar en que la incomodidad basta para sostener la atención. Cuando se logra, el efecto es silencioso pero persistente.

‘Nuestro Seúl por descubrir’ exige mirar hacia dentro sin prometer consuelo. Su propuesta no se construye sobre lo excepcional, sino sobre lo ordinario llevado al límite. Allí donde la rutina se vuelve máscara, y la cercanía, un desafío. Más que contar una historia, parece interesada en mostrar el coste de las ficciones que uno necesita para seguir adelante. En esa tensión sin alivio se juega su mayor logro.

La primera temporada de la serie ya está disponible en Netflix

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