Hay un instante, en toda relación amorosa, donde el tiempo deja de correr en la misma dirección para ambos. Se respira el mismo aire, se camina sobre los mismos suelos, se comparten espacios y rutinas, pero ya no se está en el mismo lugar. Las conversaciones se tornan arqueología de lo que un día fue vitalidad y urgencia. El amor se vuelve una casa a medio derruir, un esqueleto que persiste por inercia. En 'Nosotros', Helena Taberna construye su narrativa en ese filo de navaja donde el afecto, otrora refugio, se convierte en una trampa.
El vínculo entre Ángela y Antonio, interpretados por María Vázquez y Pablo Molinero, se sostiene sobre un precario equilibrio que la directora somete a un escrutinio exhaustivo. No hay concesiones ni indulgencias en este retrato de la erosión amorosa, donde cada gesto y cada silencio se cargan de un peso insostenible. La puesta en escena elige lo concreto: un sofá que se desgasta con el tiempo, unas plantas que parecen siempre sedientas, habitaciones que alguna vez fueron refugio y ahora son trinchera. En ese desmoronamiento doméstico, Taberna arranca capas hasta dejar expuesta la fragilidad inherente a cualquier lazo sentimental.
A pesar de la sobriedad formal, la película exhibe una tendencia a sobrecargar el drama, a recalcar con insistencia el sufrimiento de los personajes. Las escenas más crudas se prolongan hasta el límite de lo soportable, forzando una empatía que no siempre se gana de forma natural. La crueldad con la que se les somete a una autopsia emocional constante a veces roza lo artificioso, convirtiendo lo que podría haber sido un retrato implacable en un ejercicio de insistencia excesiva.
Uno de los puntos más discutibles de 'Nosotros' es su tendencia a enfatizar lo inevitable de la fractura. Si bien el relato se construye en torno a un fatalismo asumido, la manera en que se presentan los conflictos no permite vislumbrar grietas por las que pueda filtrarse una perspectiva diferente. El relato avanza con una rigidez que apenas deja espacio a la espontaneidad, como si la relación entre los protagonistas estuviera condenada desde el primer fotograma. La ausencia de matices en la progresiva desintegración de la pareja termina por hacer predecible su desenlace.
El tramo final sufre especialmente por un montaje que acelera el cierre, como si la película, tras haberse detenido en exceso en ciertos momentos de sufrimiento, decidiera de pronto precipitarse hacia la conclusión. Se pierde así la oportunidad de dotar al desenlace de una mayor resonancia emocional, reduciendo su impacto a la mera confirmación de lo que ya se intuía desde el inicio.
La interpretación de María Vázquez sostiene buena parte del peso dramático de la cinta. Su trabajo se mueve entre la contención y la explosividad con un equilibrio notable, permitiendo que los matices de su personaje se deslicen entre gestos y miradas. Pablo Molinero, por su parte, enfrenta un rol menos grátil, atrapado en un personaje que funciona más como contrapunto que como entidad propia. Su interacción es creíble, pero carece de la espontaneidad que podría haber dotado de una mayor autenticidad al conflicto.
'Nosotros' es una propuesta que se sumerge en la anatomía de una ruptura sin concesiones, pero su insistencia en subrayar el desgarro emocional limita su impacto. Su ambición por radiografiar la fragilidad del amor se ve lastrada por un exceso de insistencia en la crudeza de la separación, dejando poco margen a la sutileza o al hallazgo genuino. Helena Taberna construye una historia de descomposición sentimental con rigor, pero en su afán por diseccionar cada grieta, termina por volverse reiterativa en su propio discurso.
