Cine y series

MaXXXine

Ti West

2024



Por -

El sueño americano, esa promesa reluciente de éxito y fama, a menudo se asemeja a un espejismo en el desierto: cuanto más nos acercamos, más se aleja de nuestro alcance. En el corazón de Hollywood, donde las luces de neón parpadean como estrellas caídas y las aceras están pavimentadas con esperanzas rotas, la búsqueda de la gloria puede convertirse en una danza macabra. Es en este escenario, tan seductor como peligroso, donde Ti West sitúa 'MaXXXine', el capítulo final de su trilogía que explora los límites entre el arte y la explotación, la ambición y la perversión.

Ambientada en la Los Ángeles de 1985, 'MaXXXine' nos reencuentra con Maxine Minx, interpretada nuevamente por Mia Goth, seis años después de los eventos sangrientos narrados en 'X'. La otrora ingenua aspirante a estrella se ha convertido en una figura reconocida del cine para adultos, pero su hambre de fama mainstream permanece intacta. West construye un retrato de época minucioso, recreando con precisión la atmósfera de una década marcada por el conservadurismo reaganiano y el pánico moral en torno a la industria del entretenimiento.

El guion de West navega hábilmente entre varios géneros, fusionando elementos del thriller, el slasher y el drama psicológico. La trama se desarrolla en dos frentes paralelos: por un lado, seguimos los esfuerzos de Maxine por conseguir un papel en una película convencional; por otro, una serie de asesinatos brutales comienza a cercar su círculo íntimo. Esta dualidad narrativa permite a West explorar temas como la naturaleza del éxito en Hollywood, el precio de la ambición y la delgada línea que separa el arte de la explotación.

Goth ofrece una actuación matizada como Maxine, dotando al personaje de una determinación feroz que roza lo obsesivo. Su interpretación captura la complejidad de una mujer atrapada entre su pasado turbulento y sus aspiraciones futuras, dispuesta a cualquier cosa por alcanzar el estrellato. Sin embargo, en comparación con sus trabajos anteriores en la trilogía, especialmente en 'Pearl', su actuación aquí parece algo contenida, como si el personaje hubiera perdido parte de su brillo y excentricidad en su búsqueda de legitimidad.

El elenco secundario aporta solidez al conjunto. Elizabeth Debicki brilla como Elizabeth Bender, una directora feminista que ve en Maxine el potencial para trascender los límites del cine de explotación. Kevin Bacon se luce en el papel de un detective privado de moral cuestionable, aportando un toque de amenaza constante. Giancarlo Esposito y la pareja formada por Michelle Monaghan y Bobby Cannavale completan un reparto que eleva el material más allá de sus orígenes pulp.

Visualmente, 'MaXXXine' es un festín para los amantes del cine de género. West y su director de fotografía, Eliot Rockett, recrean con maestría la estética del cine de los 80, con un uso exuberante del neón y composiciones que evocan el trabajo de directores como Brian De Palma o Paul Schrader. Las secuencias de violencia, aunque escasas, están coreografiadas con una brutalidad que contrasta eficazmente con el glamour superficial de Hollywood.

La banda sonora, compuesta por Tyler Bates, complementa perfectamente la atmósfera de la época, mezclando sintetizadores y guitarras eléctricas en un cóctel sonoro que potencia la tensión narrativa. El uso de canciones icónicas de los 80 añade una capa adicional de nostalgia y comentario irónico sobre las aspiraciones de Maxine.

Sin embargo, 'MaXXXine' no está exenta de fallos. El guion, en su afán por enlazar las tramas de las películas anteriores y proporcionar un cierre satisfactorio a la trilogía, a veces cae en giros argumentales forzados y coincidencias poco creíbles. La revelación del villano principal, aunque sorprendente, carece de la solidez lógica necesaria para sostener el peso dramático que se le asigna.

Además, la película parece dudar en su mensaje final. Mientras que 'X' y 'Pearl' ofrecían comentarios incisivos sobre la industria del entretenimiento y la naturaleza del deseo, 'MaXXXine' se muestra más ambigua en su postura. La crítica al puritanismo y la hipocresía de la sociedad estadounidense está presente, pero se diluye en un tercer acto que prioriza el espectáculo sobre la reflexión.

Es en su exploración de la fama y sus consecuencias donde 'MaXXXine' encuentra su voz más interesante. West plantea preguntas incómodas sobre el precio del éxito y la naturaleza transformadora (y potencialmente destructiva) de la ambición desmedida. El arco de Maxine, desde la inocencia relativa de 'X' hasta la determinación implacable de esta entrega, sirve como metáfora de la corrupción inherente al sueño hollywoodiense.

La película también ofrece un comentario sutil sobre la evolución de la industria pornográfica y su relación con el cine mainstream. Al situar la acción en 1985, West captura un momento de transición, donde las líneas entre lo aceptable y lo tabú estaban en constante negociación. La lucha de Maxine por ser tomada en serio como actriz refleja las tensiones reales que muchas intérpretes han enfrentado al intentar escapar del estigma asociado al cine para adultos.

En última instancia, 'MaXXXine' se presenta como un cierre digno, aunque no espectacular, para la trilogía de Ti West. Si bien no alcanza las alturas creativas de 'X' o la intensidad psicológica de 'Pearl', ofrece un viaje entretenido y visualmente estimulante por los bajos fondos de Hollywood. La película funciona mejor como una carta de amor al cine de género y una reflexión sobre la naturaleza cíclica de la industria del entretenimiento que como un comentario profundo sobre la condición humana.

West demuestra una vez más su habilidad para manipular los tropos del cine de terror y explotación, creando una experiencia que es a la vez familiar y sorprendente. Sin embargo, uno no puede evitar la sensación de que, en su intento por cerrar todos los hilos narrativos y ofrecer un final impactante, el director ha sacrificado parte de la sutileza y la profundidad que caracterizaron las entregas anteriores.

'MaXXXine' es un ejercicio de estilo competente que cierra la trilogía de Ti West con más preguntas que respuestas. Como retrato de una época y una industria, es fascinante. Como conclusión de la saga de Maxine Minx, deja un sabor agridulce, sugiriendo que, en la búsqueda implacable del estrellato, algo esencial puede perderse en el camino. Al final, la película nos recuerda que, en Hollywood, la línea entre el sueño y la pesadilla es tan delgada como la película de celuloide.

MindiesCine

Buscando acercarte todo lo que ocurre en las salas de cine y el panorama televisivo.

Deja una respuesta