En un mundo donde la juventud y la apariencia física dominan nuestras percepciones, la necesidad de encajar en moldes rígidos impone sacrificios cada vez más inhumanos. ‘La Sustancia’, la segunda película de Coralie Fargeat, explora este abismo con un enfoque brutal y directo, utilizando el horror corporal para enfrentar las expectativas sociales sobre la belleza, el envejecimiento y la identidad. A través de una narración que mezcla lo grotesco con lo satírico, Fargeat presenta una crítica mordaz a una cultura que devora a sus ídolos mientras luchan por mantenerse a flote en un mar de demandas imposibles.
La película sigue la historia de Elisabeth Sparkle, una estrella de cine en declive que, desesperada por recuperar su juventud y relevancia, recurre a un misterioso suero que promete una versión más joven y atractiva de sí misma. Sin embargo, este proceso no es sencillo. La creación de Sue, una versión más joven de Elisabeth, inicia una lucha interna que trasciende lo físico, llevando a ambas versiones a enfrentarse no solo entre sí, sino también a las imposiciones que las han moldeado.
En el centro de ‘La Sustancia’ está Elisabeth, interpretada por Demi Moore, una mujer atrapada en un ciclo interminable de autoexigencia y desesperación. Moore aporta una intensidad que desarma al espectador, encarnando a una mujer que, tras ser despedida de su programa televisivo de ejercicios, acepta un tratamiento experimental con la esperanza de revertir el desgaste de los años. Fargeat retrata esta lucha con una crudeza que no ofrece espacio para la sutileza: las expectativas de la industria y la presión social son representadas de manera explícita, desnudando a los personajes, tanto física como emocionalmente.
El filme no se detiene ante lo desagradable. Los primeros planos de las imperfecciones de Elisabeth y la exuberancia casi caricaturesca de Sue subrayan una distorsión extrema de la belleza. En cada interacción entre estas dos versiones del personaje se percibe una tensión devastadora, no solo por su batalla física, sino por lo que ambas representan en términos de validación externa y autovaloración.
La propuesta visual de Fargeat es uno de los elementos más destacados de ‘La Sustancia’. A través de una fotografía hiperbólica, donde abundan los ángulos extremos y las tomas claustrofóbicas, se crea una atmósfera de opresión constante. La cámara de Benjamin Kracun captura cada pliegue, cada arruga y cada detalle del cuerpo de Elisabeth con una franqueza brutal, mientras que las escenas con Sue están saturadas de una sensualidad exagerada. Las transiciones entre ambas versiones del personaje son visualmente impactantes, casi dolorosas de observar, lo que subraya la dualidad entre lo deseado y lo temido.
Este uso del cuerpo como campo de batalla no es gratuito. En todo momento, Fargeat emplea el horror corporal como un espejo distorsionado de los ideales de belleza contemporáneos. En una de las secuencias más perturbadoras, el cuerpo de Elisabeth se convierte en un campo de juego para Sue, una figura casi vampírica que absorbe toda la vitalidad de su versión mayor. Aquí, Fargeat no solo critica la obsesión por la juventud, sino también la autodestrucción que conlleva.
En cuanto a las dinámicas de poder, ‘La Sustancia’ no se limita a la relación entre Elisabeth y Sue. Dennis Quaid interpreta a Harvey, un productor repulsivo que encarna el machismo rampante de la industria del entretenimiento. Su carácter es el típico depredador que se deleita en el sufrimiento de sus estrellas femeninas. La escena donde despide a Elisabeth mientras devora mariscos en una grotesca parodia del poder patriarcal es uno de los momentos más incómodos de la película, acentuando la repugnancia que inspira su personaje.
Margaret Qualley, en el papel de Sue, es igualmente convincente, aunque con un enfoque diferente. Su interpretación se basa en la fisicalidad y en una presencia arrolladora, llena de energía juvenil. A medida que la relación entre Elisabeth y Sue se vuelve más tensa, la actuación de Qualley cobra mayor intensidad, capturando la desesperación y el hambre de poder de su personaje.
‘La Sustancia’ es una película que no deja indiferente. Fargeat utiliza todos los elementos a su disposición para subvertir las expectativas del espectador, transformando una historia de horror corporal en una reflexión amarga sobre el envejecimiento, la belleza y la identidad. Si bien la película puede ser criticada por su falta de sutileza o por la excesiva duración de algunas secuencias, estos aspectos parecen formar parte de su provocación intencionada.
Lejos de ofrecer soluciones o redenciones, ‘La Sustancia’ nos sumerge en un mundo donde la belleza se paga con la vida misma, y donde las luchas internas de sus personajes reflejan las presiones externas que todos enfrentamos. Coralie Fargeat, con su estilo visual excesivo y su narrativa cruda, deja claro que no hay salida fácil de este ciclo. Lo que queda es un amargo recordatorio de que la búsqueda de la perfección puede ser el camino más rápido hacia la autodestrucción.
