La exitosa primera temporada de Tokyo Vice en la plataforma HBO Max culminó con varios cabos sueltos que dejaron a los espectadores esperando ansiosamente una continuación. La segunda entrega retoma la historia justo donde se había quedado, sin perder el ritmo trepidante de la trama. Se resuelven rápidamente las principales incógnitas sobre el destino de los personajes después del explosivo final de la primera temporada.
La nueva temporada comienza con Jake Adelstein compartiendo unas impactantes imágenes en video con su aliado en la policía, Hiroto Katagiri. En ellas se ve el horrible asesinato de Polina, una expatriada rusa que trabajaba como anfitriona en un exclusivo club nocturno de Tokio. Entre los hombres que aparecen atacándola se reconoce al mismísimo viceministro de Asuntos Exteriores. Sin embargo, el material visual que podría incriminar a tan prominente político es misteriosamente destruido antes de poder usarse como prueba.
Aunque frustrada esta vía de hacer justicia para su amiga Polina, Samantha Porter está decidida a honrar su memoria creando un espacio seguro para las mujeres que se ganan la vida como anfitrionas de clubes nocturnos vip de la ciudad. Desafortunadamente, para financiar su sueño se ve forzada a hacer un peligroso trato con uno de los clanes yakuza más poderosos de Tokio.
Mientras Samantha intenta equilibrarse en la delgada línea entre los gánsteres y la legalidad, su antiguo guardaespaldas y amante Sato lucha por recuperarse de una mortal puñalada recibida al final de la pasada temporada. Sato deberá dividir sus siempre conflictivas lealtades entre la familia yakuza a la que sirve, su propio hermano pequeño al que intenta mantener lejos de las garras del crimen organizado y sus sentimientos románticos nacientes hacia una joven madre soltera.

La segunda temporada de Tokyo Vice se adentra en nuevos e inesperados territorios narrativos, alejándose del enfoque centrado casi exclusivamente en su protagonista estadounidense Jake Adelstein. Mientras Adelstein retoma su cruzada periodística para desenmascarar la corrupción de los políticos aliados a la temida yakuza, el resto de personajes cobra mayor protagonismo con líneas argumentales propias que se entrelazan para dar forma a una trama aún más compleja y ambiciosa.
Los nuevos episodios continúan destilando el distintivo estilo visual neo-noir que ya caracterizaba a la serie desde su primera temporada. La influencia como productor ejecutivo de un maestro del género como Michael Mann sigue muy presente. Tokio nunca había sido retratada de una forma tan sensual y amenazante a partes iguales.
El crecimiento exponencial en cuanto a la escala de la producción queda patente en localizaciones y escenas de acción netamente cinematográficas. También en la incorporación de nuevos y carismáticos talentos al elenco como Yosuke Kubozuka en el papel de un despiadado y temperamental yakuza.
La segunda temporada de la serie consolida a Tokyo Vice como una apasionante epopeya criminal donde nada es blanco o negro. Un thriller para paladares exigentes que no necesita recaer en aspavientos efectistas o giros injustificados. Tokyo Vice seduce al espectador para hacerle cómplice de un descenso a los abyectos bajos fondos de la capital japonesa donde la delgada línea entre policías, políticos, periodistas y mafiosos se difumina por momentos.


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