Cine y series

Supermachos

Olivier Rosenberg, Noémie Saglio

2025



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La ciudad de las luces brilla con menos intensidad para quienes habitan sus rincones más incómodos. En los apartamentos de techos altos y balcones con vistas privilegiadas, cuatro hombres se desangran sin estridencias. Sus crisis no son nuevas: la edad, el amor perdido, el trabajo que se esfuma, la rutina que asfixia. Pero aquí, bajo la dirección de Noémie Saglio, estos fantasmas se visten de licra y chistes fáciles, mientras la cámara registra cada grieta en su armadura de machos. ‘Supermachos’ no inventa el fuego, pero sí intenta calentar las manos con las brasas de una conversación pendiente: ¿qué significa ser hombre cuando el mundo ya no aplaude tu papel?

El reloj biológico de la masculinidad suena distinto en cada generación. Para los protagonistas de esta serie, el despertar es abrupto: desempleo, infidelidades, paternidad agotadora. Sus cuerpos —capturados en planos que celebran músculos y traseros— contrastan con su fragilidad emocional. Saglio, conocida por su mirada ácida en ‘Plan Coeur’, opta por un humor que roza lo grotesco, como si la carcajada pudiera amortiguar el golpe de ver a sus personajes tropezar con sus propias contradicciones.

La serie, adaptación francesa de ‘Machos Alfa’, se sostiene sobre un elenco sólido. Manu Payet encarna a Tom, un dibujante de cómics atrapado en el duelo de una ruptura, cuya sensibilidad choca con su incapacidad para moverse del sofá. Guillaume Labbé, como Cédric, ejemplifica al publicista caído en desgracia, cuyo discurso misógino lo convierte en un dinosaurio en un mundo que exige empatía. Sus escenas de desnudez —recurrentes y hasta obsesivas— funcionan como metáfora visual: exponer el cuerpo para ocultar el vacío.

Los guiones navegan entre lo trivial y lo revelador. Un vibrador descontrolado en una reunión escolar o la propuesta de una relación abierta sirven para cuestionar la monogamia y la crianza, aunque a menudo el tratamiento raya en lo superficial. Jérémie (Antoine Gouy), policía municipal con sueños ecuestres, y Tonio (Vincent Heneine), infiel crónico, completan un cuarteto cuyos arcos dramáticos se resuelven con premura. La serie prefiere el chiste fácil —un maletín lleno de consoladores, un marido celoso de un perro— antes que indagar en las heridas que apenas esboza.

Las mujeres de ‘Supermachos’ —interpretadas por Olga Kurylenko, Ariane Mourier y Mélanie Bernier— no son meras comparsas. Lena, esposa de Cédric, encarna la voz del feminismo posmoderno, mientras Cécile, madre agotada, expone sin filtros el desgaste de la maternidad. Sin embargo, su desarrollo brilla por su ausencia. La cámara las reduce a espejos donde los hombres se miran, nunca a protagonistas de su propio relato.

La serie acierta al retratar el agotamiento de la masculinidad tradicional. Escenas como la terapia grupal, donde los protagonistas abrazan su vulnerabilidad, o el duelo silencioso de Tom frente a unos zapatos de unicornio, logran momentos de lucidez. Pero estos destellos se diluyen en un mar de lugares comunes: el miedo a la soledad, la envidia generacional, la nostalgia por un pasado idealizado. Saglio parece más interesada en ridiculizar a sus personajes que en comprenderlos, lo que genera una distancia incómoda entre el drama y la comedia.

En un mercado global donde las ficciones sobre masculinidad abundan (‘Ted Lasso’, ‘Fleabag’), esta producción se ancla en lo local. Los escenarios parisinos, el humor gaulois y las referencias culturales —desde el coeur des hommes hasta el wokisme— la convierten en un documento sociológico imperfecto, pero valioso. Su mayor logro no es lo que dice, sino lo que evidencia: el pánico de una generación que ve cómo sus certezas se desvanecen.

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