La fe es una estructura peculiar; se asienta sobre cimientos que algunos considerarían tan firmes como una roca y otros tan volátiles como la bruma. En ‘Hereje’, Scott Beck y Bryan Woods construyen un relato en el que las convicciones personales se enfrentan a una fuerza crítica implacable, personificada en la figura de Mr. Reed, interpretado magistralmente por Hugh Grant. La película no busca la comodidad de respuestas fáciles, sino que nos empuja a cuestionar cómo se forjan las creencias y cómo estas se tambalean cuando se enfrentan a la disidencia.
La trama sigue a dos misioneras mormonas, las hermanas Barnes y Paxton, que, en su peregrinaje evangelizador, llegan al hogar de un hombre que parece demasiado dispuesto a escuchar sus sermones. Lo que comienza como una interacción aparentemente inofensiva se convierte rápidamente en una batalla psicológica que revela tanto las grietas en sus convicciones como la naturaleza manipuladora de su anfitrión. La pregunta que subyace no es si la fe es racional o irracional, sino cómo sobreviven las ideas cuando se ven atrapadas en un entorno que las desafía sin tregua.
El eje de la narrativa es Mr. Reed, quien encarna el tipo de intelectual que utiliza su agudeza para desmantelar sistemas de creencias. Grant, conocido por su carácter encantador, utiliza esta misma cualidad para imprimir una amenaza sutil que resulta profundamente inquietante. Sus monólogos cargados de sarcasmo y referencias culturales actúan como armas, y es fascinante observar cómo su carácter evoluciona de un anfitrión cortés a un antagonista desestabilizador. Sin embargo, la complejidad de Reed radica en que su dogmatismo crítico lo convierte en un reflejo de lo que critica: un fervoroso defensor de su propia visión del mundo.
Por otro lado, las protagonistas, interpretadas por Sophie Thatcher y Chloe East, representan diferentes aspectos del compromiso religioso. Barnes es la pragmática, menos propensa a la ingenuidad pero profundamente arraigada en su fe. Paxton, en cambio, empieza como la más vulnerable, pero su evolución hacia una figura más desafiante enriquece la dinámica del filme. Las actrices logran dar matices a sus personajes, haciendo que sus luchas internas se sientan genuinas.
La casa de Reed es mucho más que un simple lugar de confinamiento; es una extensión de su mente y de su narrativa. Cada habitación, cada objeto, está cargado de simbolismo que refuerza los temas del filme. La dirección artística y la cinematografía de Chung-hoon Chung capturan esta claustrofobia con planos que ensalzan los ángulos cerrados y los contrastes de luz. La atmósfera asfixiante subraya no solo la tensión entre los personajes, sino también la lucha interna de las misioneras al enfrentarse a un entorno que corroe sus certezas.
Si bien ‘Hereje’ comienza con una premisa intrigante y construye un suspenso sostenido en su primera mitad, el guion pierde algo de su fuerza en los últimos compases. El paso de un duelo dialéctico a un desenlace más físico y gore sacrifica parte de la profundidad que caracteriza los momentos iniciales. Aunque los elementos de terror tradicional cumplen su función de impactar, también desdibujan el discurso intelectual que había cimentado la tensión.
A pesar de ello, la película logra articular una crítica que trasciende la relación entre la fe y el ateísmo. Reed no solo ataca la religión organizada, sino que también cuestiona el culto al pensamiento racional como un dogma en sí mismo. Esta ambigüedad permite que la película evite el panfleto y se convierta en un retrato más equilibrado de la lucha por imponer ideas en un mundo dividido.
‘Hereje’ es un thriller que, aunque no exento de imperfecciones, logra destacar en un panorama de horror saturado por la repetición de fórmulas. Scott Beck y Bryan Woods nos invitan a un debate disfrazado de película de terror, en el que las palabras son tan cortantes como los cuchillos y las convicciones, tan frágiles como el cristal. No es una obra que busque respuestas definitivas, sino que nos obliga a enfrentarnos a las preguntas que preferiríamos evitar.
