Cine y series

God Save Texas : Hometown Prison

Richard Linklater

2024



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El aclamado director de cine Richard Linklater, conocido por filmes como Before Sunrise y Boyhood, vuelve a sus raíces tejanas en su nuevo documental God Save Texas. Se trata del primer capítulo de una trilogía de películas que examinan algunos de los temas más polémicos que afectan al estado de la estrella solitaria.

Linklater creció en la pequeña ciudad de Huntsville, ubicada a una hora al norte de Houston. Aunque él ahora reside en Austin, el realizador no puede evitar que su niñez en aquel pintoresco pueblo texano siga influyendo fuertemente en su mirada cinematográfica. De hecho, varias de sus películas más emblemáticas como Dazed and Confused y Everybody Wants Some!! beben directamente de sus vivencias adolescentes en Huntsville.

Sin embargo, en God Save Texas: Hometown Prison, Linklater aborda por primera vez un aspecto menos halagüeño de su ciudad natal: el imponente complejo penitenciario que alberga a 7 prisiones y que literalmente ensombrece la cotidianeidad de Huntsville. Un 25% de los 45 mil habitantes de la localidad se encuentran tras las rejas, cifra que convierte a Huntsville en la capital mundial de la pena capital.

Acompañado por el escritor Lawrence Wright, autor del libro homónimo que inspiró la serie documental, Linklater recorre las calles que lo vieron crecer para hablar con diferentes personas vinculadas al sistema carcelario local. Sus interlocutores incluyen ex presidiarios, familiares de reclusos, activistas contra la pena de muerte, e incluso guardias y verdugos retirados del corredor de la muerte.

Lejos de emitir juicios condenatorios, el director se muestra genuinamente interesado en comprender las motivaciones y sentimientos encontrados de quienes han perpetuado o sufrido en carne propia los efectos de las políticas punitivistas Made in Texas. Con su característica sensibilidad, Linklater logra que todos estos testimonios conformen un mosaico de experiencias humanas que nos invitan a reflexionar sobre nuestra propia postura ética respecto a temas espinosos como la justicia retributiva o la pena capital.

Uno de los puntos fuertes del documental es la habilidad de su realizador para entrelazar vivencias personales con problemáticas sociales de alcance mucho más amplio. Por ejemplo, Linklater reconoce que durante su adolescencia en Huntsville poco reflexionaba sobre la presencia opresiva de las prisiones, a pesar de que varios de sus amigos y parientes se ganaban la vida como guardianes penitenciarios.

De manera similar, al regresar al pueblo décadas después, el cineasta constata que la mayoría de los lugareños hacen lo posible por obviar el hecho de que una cuarta parte de sus conciudadanos se hayan tras las rejas. La cotidianeidad de la ciudad parece impregnada por una suerte de pacto tácito para normalizar lo que, a fin de cuentas, es una situación bastante fuera de lo común.

No obstante, el temible nombre que Huntsville se ha ganado como "Capital Mundial de la Ejecución" termina aflorando como una realidad spectral e incómoda cada vez que un nuevo reo es enviado a la silla eléctrica. Como bien señala Linklater, la prisión ejerce una "fuerza gravitacional" inevitable sobre los habitantes de Huntsville, aún para aquellos que prefieren hacer la vista gorda.

Por si el retrato del sistema carcelario de Huntsville no fuese lo suficientemente desolador, Linklater expone argumentos contundentes sobre por qué la pena de muerte no sólo es anti ética sino absolutamente ineficaz como política pública.

Uno de los momentos más estremecedores del documental es cuando Michelle Lyons, ex vocera del Departamento de Justicia Criminal de Texas, describe en detalle sus experiencias presenciando casi 300 ejecuciones durante su gestión. Con lujo de detalles casi quirúrgicos, la mujer relata la preparación de los condenados, la lectura de sus últimas palabras, el procedimiento de inyección letal, la reacción de sus cuerpos, el chequeo de sus signos vitales y la confirmación final de sus respectivos decesos.

Pese a justificar inicialmente su trabajo como una "labor periodística necesaria", los traumas acumulados terminaron pasándole factura a Lyons. Actualmente se muestra tajante al sentenciar que del corredor de la muerte “nadie sale ileso". Ni víctimas, ni victimarios. Nadie gana con la pena capital.

Contrastando estos testimonios estremecedores, Linklater se preocupa por equilibrar la densidad temática de su documental intercalando entrevistas más livianas y optimistas con amigos de la adolescencia que aún residen en Huntsville. Momentos jocosos como la visita a la tienda de hamburguesas "Mr. Hamburger" (que ofrece sabores alusivos como "Great Escape" y "Old Sparky") ayudan a oxigenar el relato sin restarle profundidad.

En definitiva, “God Save Texas: Hometown Prison nos entrega una mirada sensible y matizada sobre uno de los aspectos más controversiales y menos abordados de la identidad texana contemporánea. Y lo hace confrontando al espectador no desde un paternalismo progresista, sino desde un genuino interés por comprender la raíz de estas problemáticas sociales que nos atañen a todos como comunidad política.

Este contundente debut augura grandes expectativas para las siguientes dos entregas de la trilogía documental "God Save Texas". El segundo capítulo, El Precio del Petróleo de la directora Alex Stapleton, promete profundizar en las relaciones históricas entre la industria energética tejana y las comunidades afroamericanas de Houston. Mientras que el broche de oro lo pondrá Iliana Sosa con La Frontera, un retrato íntimo de la singular relación entre las ciudades hermanas de El Paso (Texas) y Ciudad Juárez (México) en plena era de militarización del control migratorio.

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