Cine y series

Flow, un mundo que salvar

Gints Zilbalodis

2024



Por -

En un mundo en constante cambio, ¿dónde queda el instinto de pertenencia frente al abandono? En ‘Flow, un mundo que salvar’, Gints Zilbalodis construye un paisaje visual que invita a observar a través de los ojos de un felino. Más allá del silencio y la ausencia humana, la obra se adentra en la noción de resiliencia animal como reflejo de nuestras propias contradicciones. Las aguas, omnipresentes e implacables, no solo suben: engullen recuerdos, transforman paisajes y exigen nuevas formas de coexistencia.

A medida que el gato protagonista se ve obligado a abandonar la seguridad de su hogar inundado, nos enfrentamos a un mundo sin respuestas claras, donde cada ruina y cada escultura apuntan a una civilización extinguida. La narrativa no busca explicar, sino sugerir, dejando espacio para que el espectador construya su propio significado. El uso del agua como metáfora del miedo y la conexión añade una dimensión poderosa al relato. Inicialmente una amenaza, el agua se convierte en vehículo de aprendizaje, de redención.

Sin recurrir a la antropomorfización excesiva, los personajes animales son más que símbolos: un capibara sereno, un lémur obsesionado con objetos brillantes y un pájaro secretario herido añaden capas a la dinámica del grupo. La interacción entre ellos no es simplista ni predecible. Cada acción, desde la cooperación hasta los momentos de tensión, revela la fragilidad y complejidad de formar comunidad. Zilbalodis captura esto con una sensibilidad poco común, utilizando movimientos precisos y una animación deliberadamente estilizada que evita caer en fórmulas mainstream.

En cuanto al apartado visual, el director despliega una paleta de colores que oscila entre lo desolador y lo sublime. Los tonos cálidos del amanecer contrastan con la frialdad de las aguas profundas, dotando a cada escena de un peso emocional singular. La animación, creada con herramientas accesibles como Blender, es un recordatorio de que la creatividad y la visión superan al presupuesto.

El diseño sonoro merece una mención especial. Desde los crujidos de madera hasta el susurro de las olas, cada elemento parece pensado para sumergirnos en este mundo acuático. La música, compuesta por Zilbalodis y Rihards Zaļupe, no solo acompaña; guía. Es un susurro constante, un eco que traduce emociones que los personajes no pueden expresar verbalmente.

Sin embargo, esta obra exige paciencia. Su ritmo pausado y su rechazo a lo explícito pueden alienar a quienes esperan una narrativa convencional. Pero en su silencio yace su fortaleza: una invitación a contemplar, a sentir. ‘Flow, un mundo que salvar’ no busca impactar con giros argumentales, sino con una poética introspección sobre la fragilidad y la adaptabilidad.

El clímax no cierra todas las interrogantes, pero no necesita hacerlo. El verdadero mensaje radica en los lazos que se forman y en cómo estos redefinen la lucha por la supervivencia. En un mundo donde lo humano está ausente, la película resalta lo esencial: la capacidad de encontrar pertenencia, incluso en lo inesperado.

Con esta obra, Gints Zilbalodis reafirma la fuerza de la animación como medio para contar historias que trascienden lo evidente. ‘Flow, un mundo que salvar’ no es solo una película; es una experiencia que transforma al espectador, sumergiéndolo en un viaje que resuena mucho después de que las aguas se hayan calmado.

MindiesCine

Buscando acercarte todo lo que ocurre en las salas de cine y el panorama televisivo.