Cine y series

Fin de Fiesta

Elena Manrique

2024



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En unos tiempos  donde las fronteras no solo son líneas geográficas sino también barreras invisibles, se levanta una casa señorial andaluza, un microcosmos donde convergen los excesos de quienes tienen demasiado y las ausencias de quienes apenas sobreviven. Allí, en ese espacio cerrado y simbólico, se desarrolla una narrativa que pretende desnudar las contradicciones de una sociedad dividida. Es un lugar donde el sol parece brillar siempre, pero cuya luz no logra disipar las sombras de la desigualdad. En este escenario, lo privado se convierte en público, y lo humano se reduce a meras transacciones de poder.

Desde el principio, la película nos invita a observar cómo las dinámicas sociales pueden transformarse en juegos perversos, donde cada personaje es una pieza movida por intereses opacos. Hay algo profundamente desconcertante en cómo el relato se construye sobre la base de un absurdo cotidiano, como si la vida misma fuera una broma cruel que solo unos pocos están capacitados para entender. Es una obra que intenta reírse del sistema mientras lo perpetúa, un acto de equilibrio que no siempre consigue sostenerse.

El núcleo de ‘Fin de Fiesta’ gira en torno a Carmina, interpretada por Sonia Barba, una mujer adinerada cuya personalidad se debate entre el carisma superficial y una crueldad velada. Su actuación, aunque destacada por algunos críticos, tiende a caer en un exceso que desdibuja cualquier atisbo de verosimilitud. Barba carga con el peso de la película, pero su interpretación resulta tan exagerada que termina por distanciar al espectador. Su personaje, más cercano al teatro que al cine, se convierte en una caricatura que oscila entre lo grotesco y lo ridículo , sin lograr transmitir la complejidad que la historia demanda. Este problema se agrava cuando la película intenta justificar este tono bajo el paraguas de la comedia, un recurso que nunca termina de cuajar.

Por otro lado, Beatriz Arjona entrega una interpretación más contenida en el papel de Lupe, la criada. Su actuación aporta un contrapunto necesario frente a la estridencia de Barba, ofreciendo matices que humanizan el relato. Aunque su personaje también queda atrapado en estereotipos, Arjona logra insuflarle cierta naturalidad que permite conectar emocionalmente con la trama. Sin embargo, esta conexión es efímera, ya que el guion no profundiza lo suficiente en sus dilemas internos ni en su relación con Binta, el inmigrante senegalés interpretado por Edith Martínez Val. Este último, lejos de ser un personaje plenamente desarrollado, se reduce a un mero catalizador de las acciones de los demás, privando a la historia de una perspectiva genuina sobre la inmigración.

La dirección de Elena Manrique se enfrenta a un dilema constante: cómo equilibrar el tono entre la sátira y el drama. Aunque la directora muestra destreza en la construcción visual de la mansión, utilizando planos amplios que resaltan la opulencia del entorno, estas decisiones estéticas no logran compensar las carencias narrativas. El filme oscila entre momentos de humor forzado y escenas que buscan tensión, pero que rara vez consiguen impactar al espectador. La falta de cohesión tonal provoca una desconexión que dificulta la inmersión en la historia, dejando al público en un limbo emocional.

Uno de los aspectos más problemáticos de ‘Fin de Fiesta’ es su incapacidad para abordar temas complejos sin caer en simplificaciones. La película intenta criticar el clasismo y el racismo, pero lo hace desde una perspectiva que a menudo parece desconectada de la realidad que pretende retratar. Los diálogos, cargados de frases que buscan provocar risa incómoda, terminan por reforzar los mismos prejuicios que supuestamente quieren denunciar. Es una paradoja que subraya las limitaciones de la propuesta de Manrique , quien parece más interesada en generar momentos de choque que en construir un relato cohesionado.

A pesar de sus fallos, la película logra plantear algunas reflexiones interesantes sobre el privilegio y la hipocresía. La dinámica entre Carmina y Binta revela cómo el poder puede transformar a las personas en objetos, reduciendo sus vidas a meros ornamentos dentro de un escenario diseñado para el entretenimiento de otros. Sin embargo, estas ideas quedan relegadas a segundo plano debido a la falta de desarrollo en los personajes y la inconsistencia en el tono. Lo que podría haber sido una crítica aguda se diluye en un mar de excesos y clichés.

'Fin de Fiesta’ deja una sensación de incompletitud. Es una obra que promete mucho pero entrega poco, atrapada entre sus ambiciones y sus limitaciones. Aunque hay momentos que destacan por su energía o su potencial narrativo, estos no son suficientes para salvar una película que, en su conjunto, se siente desequilibrada y superficial. Manrique tiene talento, pero su debut como directora sugiere que aún necesita pulir su voz autoral para alcanzar la claridad y la precisión que su temática requiere.

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