La genialidad a menudo se presenta como un don envuelto en espinas, una bendición que puede convertirse en maldición. 'El teorema de Marguerite', la más reciente propuesta de la directora francesa Anne Novion, se sumerge en este terreno familiar, ofreciendo una perspectiva renovada sobre el peso del talento excepcional y la búsqueda de la realización personal.
En el centro de esta ecuación cinematográfica se encuentra Marguerite, interpretada con precisión por Ella Rumpf. La actriz logra transmitir la complejidad de una mente brillante atrapada en el laberinto de sus propias capacidades. Marguerite es una estudiante de doctorado en la prestigiosa École Normale Supérieure, dedicada en cuerpo y alma a resolver uno de los enigmas matemáticos más antiguos: la conjetura de Goldbach. Su vida, hasta ese momento, se reduce a una secuencia de números y teoremas, con el ocasional juego de Yahtzee con su madre como única concesión al mundo exterior.
Novion construye el universo académico de Marguerite con meticulosidad, revelando las dinámicas de poder y las expectativas que pesan sobre los hombros de la joven prodigio. La relación con su mentor, el profesor Werner (Jean-Pierre Darroussin), se convierte en un microcosmos de las tensiones que enfrentan las mujeres en campos dominados históricamente por hombres. La película no rehúye mostrar cómo la presión por el éxito y el reconocimiento puede erosionar la pasión más pura por el conocimiento.
El guion, co-escrito por Novion junto a Agnès Feuvre y Marie-Stéphane Imbert, toma un giro inesperado cuando Marguerite, tras un revés profesional, decide abandonar la academia. Este punto de inflexión marca el inicio de un viaje de autodescubrimiento que, si bien transita por senderos narrativos familiares, logra mantener el interés gracias a la autenticidad de su protagonista.
La segunda mitad de la película explora el despertar emocional y social de Marguerite, ofreciendo un contrapunto refrescante a la frialdad del mundo académico. La amistad con Noa (Sonia Bonny), una bailarina extrovertida, sirve como catalizador para que Marguerite experimente aspectos de la vida que había relegado en pos de su carrera. Estas escenas inyectan vitalidad y humor a la narrativa, permitiendo que el personaje y el espectador respiren fuera del ambiente claustrofóbico de la universidad.
La cinematografía de Jacques Girault acompaña hábilmente esta transición, pasando de tonos fríos y composiciones rígidas a una paleta más cálida y dinámica. Este cambio visual subraya el desarrollo interno de Marguerite, reflejando su gradual apertura al mundo más allá de los números.
Sin embargo, 'El teorema de Marguerite' no escapa completamente de los tropos asociados a las historias de genios incomprendidos. La inevitable vuelta de Marguerite a las matemáticas, catalizada por un encuentro con Lucas (Julien Frison), otro brillante estudiante, sigue un arco predecible. No obstante, Novion logra infundir estas escenas con una tensión palpable entre la pasión intelectual y la atracción personal, evitando caer en el sentimentalismo fácil.
La película aborda temas complejos como la identidad, el valor del trabajo académico y los sacrificios que conlleva la genialidad. Novion plantea preguntas incómodas sobre el costo personal de perseguir la excelencia y la validez de los sistemas que la miden. En este sentido, 'El teorema de Marguerite' trasciende el simple relato de superación para convertirse en una reflexión más profunda sobre lo que significa el éxito y la realización personal.
A pesar de sus aciertos, la película no está exenta de imperfecciones. Algunas subtramas, como la relación de Marguerite con su madre, quedan subdesarrolladas, y ciertos personajes secundarios rozan el estereotipo. Además, el ritmo decae en ocasiones, especialmente en las secuencias que intentan dramatizar el proceso matemático.
'El teorema de Marguerite' es una exploración matizada del genio y la humanidad que se esconde tras él. Novion ha creado un retrato sensible de una joven que lucha por reconciliar su extraordinario intelecto con sus necesidades emocionales y sociales. Si bien la película no reescribe la fórmula del género, ofrece una perspectiva fresca y emotiva sobre temas universales.
En última instancia, 'El teorema de Marguerite' nos recuerda que incluso las mentes más brillantes necesitan algo más que ecuaciones para sentirse completas. Es un teorema cinematográfico que, aunque no revoluciona el género, resuelve con elegancia la ecuación entre el intelecto y el corazón.

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