La vida, en su esencia más cruda, a menudo se asemeja a un juego de naipes donde las cartas se reparten de manera impredecible. Algunos nacen con una mano afortunada, mientras que otros deben aprender a jugar con lo que les toca. En este tapete verde de la existencia, hay quienes optan por hacer trampa, convencidos de que es la única forma de sobrevivir en un mundo que parece estar en su contra. Sin embargo, ¿qué sucede cuando el destino coloca en la misma mesa a dos almas perdidas, separadas por generaciones pero unidas por la necesidad de encontrar un lugar al que llamar hogar?
'El abuelo y Kid', la más reciente propuesta cinematográfica de Benedict Mique para Netflix, se sumerge en las aguas turbias de esta pregunta. La película, protagonizada por Joel Torre y el joven Euwenn Mikael Aleta, narra la historia de un estafador veterano y un niño que, por azares del destino, terminan formando un dúo improbable.
La trama se desarrolla en las calles de una Manila que sirve como telón de fondo para las aventuras y desventuras de este par singular. Torre encarna a un hombre mayor, curtido por los años y las dificultades, que ha hecho de la estafa su modus vivendi. Por su parte, Aleta da vida a un chico de la calle, cuya inocencia se ve constantemente amenazada por las duras realidades del mundo que lo rodea.
El filme explora la dinámica que se establece entre estos dos personajes, quienes, a pesar de sus diferencias de edad y experiencia, encuentran en el otro un reflejo de sus propias carencias y anhelos. El director Mique hilvana con cuidado las escenas que muestran cómo esta relación evoluciona, pasando de ser una simple asociación por conveniencia a un vínculo más profundo y significativo.
La película no rehúye de mostrar los aspectos más sórdidos de la vida en los márgenes de la sociedad. Las estafas, los robos y los engaños son presentados sin tapujos, pero siempre desde una perspectiva que busca humanizar a sus perpetradores. No se trata de justificar sus acciones, sino de entender las circunstancias que los han llevado a ese punto.
Torre, con su extensa trayectoria en el cine filipino, aporta gravitas a su personaje. Su interpretación es contenida, permitiendo que los silencios y las miradas hablen tanto como los diálogos. La experiencia del actor se traduce en una presencia que domina la pantalla sin necesidad de grandilocuencia.
Por su parte, Aleta demuestra por qué es considerado una de las jóvenes promesas del cine filipino. Su actuación natural y desprovista de afectación logra transmitir la vulnerabilidad y la dureza prematura de un niño que ha tenido que crecer demasiado rápido. La química entre ambos actores es palpable, lo que dota de autenticidad a la relación que se desarrolla entre sus personajes.
El guion, aunque eficaz en su propósito de contar una historia conmovedora, por momentos cae en clichés propios del género. Algunas situaciones resultan predecibles, y ciertos giros argumentales parecen forzados en aras de generar un mayor impacto emocional. No obstante, la película logra mantener el interés del espectador gracias a la fuerza de sus protagonistas y a la habilidad de Mique para capturar la esencia de la vida en las calles de Manila.
La fotografía de la película merece una mención especial. Las imágenes capturan tanto la dureza como la belleza de la ciudad, creando un contraste visual que refleja la dualidad de la historia que se está contando. Los espacios cerrados y claustrofóbicos se alternan con vistas panorámicas de la urbe, ofreciendo un retrato complejo y matizado del entorno en el que se mueven los personajes.
La banda sonora, que incluye canciones populares como 'Through the Years' de Kenny Rogers, se utiliza de manera efectiva para subrayar los momentos emotivos de la trama. Sin embargo, en ocasiones la música corre el riesgo de caer en lo manipulador, guiando demasiado las emociones del espectador en lugar de permitir que surjan de forma orgánica.
'El abuelo y Kid' aborda temas universales como la soledad, la búsqueda de pertenencia y la redención. La película plantea preguntas incómodas sobre la moralidad y la supervivencia en un mundo que a menudo parece indiferente al sufrimiento de los más vulnerables. ¿Hasta qué punto se pueden justificar las acciones ilegales cuando se trata de proteger a un ser querido? ¿Es posible encontrar la redención después de una vida dedicada al engaño?
El filme no ofrece respuestas fáciles a estas preguntas, prefiriendo dejar que el espectador saque sus propias conclusiones. Esta ambigüedad moral es uno de los aspectos más interesantes de la película, ya que evita caer en simplificaciones o juicios morales absolutos.
La estructura narrativa de la película es convencional, lo que puede resultar decepcionante para aquellos que busquen una propuesta más arriesgada o experimental. Sin embargo, esta elección permite que la historia fluya de manera accesible, lo que probablemente ayudará a que conecte con un público más amplio.
El reparto secundario, que incluye a actores reconocidos como Iza Calzado y Meryll Soriano, cumple su función de manera competente, aunque sus personajes no están tan desarrollados como se podría desear. Sirven principalmente como catalizadores para la trama principal, sin llegar a tener arcos narrativos propios que añadan profundidad a la historia.
En conclusión, 'El abuelo y Kid' es una película que, a pesar de sus defectos, logra conmover gracias a la fuerza de sus actuaciones principales y a la autenticidad con la que retrata la vida en los márgenes de la sociedad. Benedict Mique demuestra su habilidad para manejar temas complejos con sensibilidad, aunque no siempre logra evitar caer en convenciones narrativas.
La película invita a reflexionar sobre la naturaleza de las relaciones familiares y cómo estas pueden surgir en los lugares más inesperados. También nos recuerda que, a veces, las personas más improbables pueden convertirse en nuestros mayores aliados y fuentes de apoyo.
'El abuelo y Kid' no reinventa la rueda en términos de narrativa cinematográfica, pero ofrece una mirada honesta y conmovedora a la vida de aquellos que la sociedad a menudo elige ignorar. Es un recordatorio de que, incluso en las circunstancias más adversas, la conexión humana tiene el poder de transformar vidas y ofrecer esperanza.

Es preciosa, me ha encantado. Ojalá supiera de otras parecidas
Gracias por una crítica tan bien elaborada