La nueva película del realizador británico Neil Marshall, 'Duchess', se erige como un intento de thriller de venganza protagonizado por una mujer. Sin embargo, la propuesta termina por sucumbir bajo el peso de numerosos tópicos sexistas y una puesta en escena que no logra desprenderse de la mirada masculina característica del director.
La historia sigue los pasos de Scarlett, una carterista londinense que se ve envuelta en el peligroso mundo del tráfico de diamantes tras enamorarse de Rob, un contrabandista de piedras preciosas. Tras un trágico giro de los acontecimientos, la protagonista se verá obligada a ascender en las filas de la delincuencia organizada con el fin de vengarse de quienes la traicionaron. Un planteamiento que, si bien recuerda a clásicos del cine criminal como 'Snatch' o 'Layer Cake', naufraga en manos de Marshall y su guionista, la actriz Charlotte Kirk, en un mar de clichés y lugares comunes.
Desde el mismo arranque, 'Duchess' exhibe sus credenciales de empoderamiento femenino a través de una Scarlett que se presenta como una mujer ruda, decidida y con carácter. No obstante, esta supuesta fortaleza se diluye rápidamente cuando la joven pasa a ocupar un rol secundario, convirtiéndose en mera comparsa del arrollador magnetismo que ejerce sobre ella la figura de Rob. La relación entre ambos personajes se erige como el eje central del metraje, relegando a un plano marcadamente inferior el arco de venganza que, en teoría, debería vertebrar la trama.
Esta subordinación de Scarlett responde claramente a los intereses del propio Marshall, quien parece estar más preocupado por recrear escenas de sexo y romance que por ahondar realmente en la psicología y la evolución interna de su protagonista. La cámara se recrea de forma recurrente en los cuerpos de los actores, convirtiendo a Kirk en un mero objeto de deseo antes que en una mujer con agencia propia. Un enfoque que resulta chocante y poco coherente en una supuesta historia de emancipación femenina.
Tampoco ayuda el hecho de que la propia evolución de Scarlett hacia el estatus de "antiheroína" no termine de cuajar de manera convincente. Su transformación se produce de manera abrupta y poco creíble, como si la guionista y el director carecieran de una idea clara sobre cómo articular dicho proceso. La joven pasa de ser una inexperta a una experta asesina sin que logremos entender cómo ha adquirido esas habilidades. Una discontinuidad narrativa que socava cualquier atisbo de verosimilitud y que impide al espectador conectar realmente con el arco de su personaje.
Por otro lado, en lo que respecta a la puesta en escena, Marshall opta por un estilo recargado y efectista, con abundantes recursos como freezes y sobreimpresiones que, lejos de aportar dinamismo o tensión a la narración, generan una sensación de artificiosidad y distanciamiento. Las escenas de acción, por su parte, carecen de la emoción y el ímpetu necesarios, limitándose a reproducir esquemas trillados sin aportar nada verdaderamente novedoso al género.
Tampoco ayuda el hecho de que el villano, interpretado por un desangelado Colin Egglesfield, resulte tan poco carismático y unidimensional. Su antagonismo con Scarlett carece de la fuerza y la contundencia necesarias para sustentar el arco de venganza de la protagonista, diluyendo cualquier atisbo de conflicto dramático que pudiera elevarse por encima de lo meramente funcional.
'Duchess' es una ilusión de empoderamiento femenino que, en realidad, no logra desprenderse de una mirada eminentemente masculina. Una propuesta que, lejos de reivindicar el papel de la mujer en el cine de acción y crimen, acaba reafirmando los clichés más manidos del género. Una oportunidad perdida para Marshall, quien demuestra una vez más su incapacidad para trascender sus propios límites creativos y explorar nuevos enfoques más genuinos y frescos.

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