Dos chicas a la fuga es la nueva comedia de aventuras del director Ethan Cohen, conocido por éxitos anteriores junto a su hermano Joel como Fargo, El gran Lebowski y Sin lugar para los débiles. En esta ocasión, Ethan vuela en solitario y nos trae una historia fresca y divertida sobre la amistad, el amor y la libertad.
La película está ambientada en 1999 y sigue la historia de Jamie y Marian, dos amigas lesbianas de Filadelfia que deciden escapar de la rutina con un viaje por carretera improvisado hacia Tallahassee, Florida. Jamie es extrovertida y aventurera, siempre dispuesta a vivir al máximo y sin ataduras. Marian es su opuesto, tímida y recatada, poco acostumbrada a salir de su zona de confort. El viaje representa para ella toda una oportunidad para explorar y liberarse.
La explosiva química entre las protagonistas Margaret Qualley y Geraldine Viswanathan es uno de los puntos fuertes de la cinta. Logran una conexión natural y espontánea que va más allá de los estereotipos. El guion, escrito por Ethan Cohen y su esposa Tricia Cooke, está cargado de ingeniosos diálogos que refuerzan la singular dinámica de la pareja.
La trama da un giro inesperado cuando las chicas, en un descuido, toman un automóvil que no les correspondía de la agencia de alquiler. Tan solo viajan con un maletín y un sombrero que contienen objetos de gran valor para unos maleantes, quienes no tardarán en perseguirlas para recuperarlos.

De esta premisa sencilla, los directores construyen una comedia trepidante de enredos con tintes políticos, llena de persecuciones, psicodelia setentera y un gran elenco de personajes estrafalarios. Todo narrado con un ritmo ágil y una estética pop que rinde homenaje al cine de huída de antaño.
Destacan las interpretaciones de Colman Domingo como el implacable jefe de los maleantes, así como Beanie Feldstein en el papel de la expareja despechada de Jamie. Una mención especial merece el cameo de Matt Damon como un corrupto senador conservador, que sin duda arrancará más de una carcajada.
Más allá del tono humorístico, subyace un trasfondo que celebra la diversidad sexual y critica la homofobia internalizada y los prejuicios de una sociedad mojigata. Jamie representa la liberación del instinto frente a las imposiciones sociales. Su falta de filtros es un canto a la autenticidad.
El guion tiene altibajos ocasionales y algunos chistes de corte más bien vulgar, pero estos no opacan el entretenido conjunto. Hay química y ternura genuinas entre las protagonistas, lo que nos hace desear que superen los obstáculos y alcancen la anhelada autorrealización.
Con su mezcla ecléctica de comedia, acción y crítica social, Dos chicas a la fuga nos recuerda el espíritu irreverente y fresco de las primeras obras de los hermanos Coen. Ethan demuestra que puede volar alto en solitario y cautivar al público con una historia sencilla pero efectiva. La película se disfruta del primer al último minuto.


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