Cine y series

Daniela Forever

Nacho Vigalondo

2024



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Las calles de Madrid, ajenas al trasiego de los días, ocultan en sus sombras la persistencia de recuerdos que se niegan a desvanecerse. A veces, la mente se convierte en un refugio caprichoso, reescribiendo el pasado con los matices que necesita para soportar el presente. Hay quienes encuentran alivio en el olvido; otros, en cambio, prefieren moldear su propia versión de la realidad, atrapados en la repetición incesante de lo que una vez fue. 'Daniela Forever', de Nacho Vigalondo, se adentra en esta trinchera emocional, donde la nostalgia y la voluntad de retener lo efímero colisionan en un paisaje que se desmorona al menor roce con la verdad.

Nicolás (Henry Golding), DJ británico afincado en Madrid, pierde a su pareja, Daniela (Beatrice Grannò), en un accidente repentino. Su duelo no se expresa en lágrimas desbordadas ni en rituales de despedida, sino en una persistencia malsana por mantener su presencia intacta. Un ensayo clínico le ofrece la posibilidad de alterar sus sueños y recrear recuerdos bajo su propio control. Lo que comienza como un alivio temporal pronto se transforma en una distorsión obsesiva: una Daniela sometida a su voluntad, desprovista de la autonomía que una vez la definió.

El filme de Vigalondo evita las vías convencionales del drama romántico o de la ciencia ficción especulativa para internarse en una atmósfera de inquietud creciente. La película plantea la paradoja del recuerdo manipulado, cuestionando hasta qué punto una versión fabricada del amor puede sostenerse sin desmoronarse por su propia falsedad.

El director traza una línea visible entre la vigilia y el ensueño a través de su tratamiento visual. La realidad se presenta en un formato 4:3 de texturas apagadas, como si el presente careciera de sustancia frente a la intensidad del pasado. El sueño, en cambio, expande la imagen y aviva los colores, construyendo un Madrid idílico, menos hostil que su versión tangible. Pero esta diferenciación se diluye a medida que Nicolás se adentra en su laberinto de ilusiones, incapaz de trazar límites entre lo que es y lo que desearía que fuera.

Henry Golding sostiene la película con una interpretación medida, evitando la sobreexpresión en favor de una contención que revela grietas paulatinas en su cordura. Beatrice Grannò enfrenta el desafío de interpretar a una Daniela que se desdobla entre la mujer real y su eco soñado, ofreciendo matices que evidencian el artificio de su recreación. Nathalie Poza y Aura Garrido aportan elementos de contraste, encarnando personajes que cuestionan la deriva emocional del protagonista.

A nivel narrativo, 'Daniela Forever' no teme jugar con la estructura y las expectativas del espectador. Vigalondo introduce secuencias en las que la frontera entre sueño y vigilia se vuelve resbaladiza, obligando al público a compartir la desorientación del protagonista. Sin embargo, en ciertos momentos la película parece perder el pulso de su propio relato, dejando algunas ideas sin la profundidad que su planteamiento sugiere. La exploración de la toxicidad en la idealización del amor podría haberse llevado más allá, sobre todo en el desarrollo del conflicto interno de Nicolás.

La bända sonora de Hidrogenesse refuerza el tono onírico con composiciones que oscilan entre lo lúdico y lo melancólico. Su presencia no es meramente decorativa; añade capas de significado a un relato que se nutre de la percepción subjetiva del tiempo y la memoria.

Vigalondo entrega un filme que invita a la reflexión sobre la naturaleza de la pérdida y los mecanismos que usamos para afrontarla. 'Daniela Forever' no se limita a una crónica del duelo, sino que observa cómo la memoria se convierte en una herramienta de control cuando se usa para reescribir el pasado según la conveniencia emocional de quien la posee. Su protagonista, atrapado en una versión embellecida de su amor perdido, se enfrenta a la realidad de que aferrarse al pasado puede ser la forma más peligrosa de perderse a sí mismo.

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