En una sociedad donde las vidas se entrelazan como hilos mal cosidos, ‘Corazones Rotos’ emerge como un intento de capturar cómo los errores del ayer pueden resonar durante décadas. La película de Gilles Lellouche no solo retrata la conexión entre dos personas marcadas por sus circunstancias, sino que también refleja cómo las decisiones impulsivas moldean destinos. Es una obra que parece sugerir que el amor, más allá de ser un refugio, puede convertirse en un peso difícil de llevar.
El mundo de ‘Corazones Rotos’ está poblado por personajes que parecen moverse al borde de un precipicio, siempre a punto de caer. Clotaire y Jackie, protagonistas de esta historia, son dos figuras enfrentadas por clase, carácter y destino, pero unidas por un sentimiento que parece más una condena que una bendición. A través de ellos, la película explora cómo el amor juvenil puede transformarse en una obsesión que sobrevive al paso del tiempo y las adversidades. Sin embargo, lo que podría haber sido un retrato íntimo termina diluido en una narrativa que oscila entre lo melodramático y lo excesivo.
Desde el inicio, la obra establece un tono ambicioso, utilizando recursos visuales y sonoros que buscan impactar al espectador. La fotografía de Laurent Tangy juega con luces y sombras para crear atmósferas intensas, mientras que la banda sonora, compuesta por Jon Brion, subraya cada emoción con un dramatismo casi operístico. Sin embargo, este esfuerzo técnico no logra compensar la falta de profundidad en el guion ni la inconsistencia en el desarrollo de los personajes. Las escenas de acción, aunque bien coreografiadas, carecen de la naturalidad necesaria para resultar creíbles , mientras que los momentos románticos se ven afectados por diálogos que a menudo caen en lo predecible.
Los actores principales, François Civil y Adèle Exarchopoulos, entregan interpretaciones comprometidas, especialmente Exarchopoulos, quien logra transmitir la complejidad de una mujer atrapada entre el amor del pasado y las responsabilidades del presente. Su actuación consigue elevar ciertos momentos que, de otro modo, podrían haber resultado planos. Por su parte, Civil interpreta a Clotaire con una mezcla de rudeza y vulnerabilidad que, aunque convincente en algunos puntos, se ve limitada por un arco narrativo que prioriza el espectáculo sobre la coherencia. Los secundarios, incluyendo a Benoît Poelvoorde y Vincent Lacoste, cumplen con sus roles sin destacar significativamente.
Una de las mayores debilidades de ‘Corazones Rotos’ radica en su estructura narrativa, que abarca varias décadas sin lograr un equilibrio efectivo entre los diferentes periodos. La primera mitad de la película, centrada en la adolescencia de los protagonistas, se siente innecesariamente extensa , mientras que la segunda mitad, que debería ser el clímax emocional, carece de la tensión necesaria para mantener el interés del espectador. Este desequilibrio se agrava por un ritmo irregular que alterna entre momentos de intensidad y largos tramos de monotonía.
El director, Gilles Lellouche, intenta darle un aire épico a la historia mediante montajes musicales y escenas cargadas de simbolismo, pero estos recursos terminan distrayendo más que enriqueciendo. El uso recurrente de metáforas visuales, como el chicle que late como un corazón, busca añadir capas de significado pero resulta forzado y poco efectivo . En lugar de profundizar en las emociones de los personajes, estas imágenes parecen diseñadas únicamente para impresionar.
A pesar de sus fallas, ‘Corazones Rotos’ plantea reflexiones interesantes sobre cómo el amor puede ser tanto una fuerza redentora como destructiva. La película sugiere que, aunque las personas puedan intentar escapar de su pasado, este siempre encontrará la manera de regresar. Sin embargo, estas ideas quedan relegadas a un segundo plano frente a una ejecución que prioriza el estilo sobre la sustancia.
