Cine y series

Cónclave

Edward Berger

2024



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En la bóveda del Vaticano, donde la luz apenas roza las esquinas y las sombras se entrelazan con la fe, surge la trama de ‘Cónclave’. La película de Edward Berger no solo narra el ceremonial de elegir un nuevo Papa, sino que también reflexiona sobre los entresijos del poder en sus formas más humanas y corruptas. ¿Qué impulsa a un hombre a buscar la santidad en un sistema plagado de ambiciones terrenales? Esta pregunta, aunque implícita, atraviesa como un hilo la narrativa, invitándonos a considerar cuánto de lo divino permanece intacto frente a lo humano.

El Vaticano, un microcosmos del poder mundial, se convierte aquí en un tablero de ajedrez donde cada movimiento, susurro y voto tiene el potencial de cambiar el destino de una institución milenaria. Berger, apoyado en un guion hábilmente construido por Peter Straughan, nos sitúa entre cardenales que, a pesar de sus túnicas escarlatas, exhiben las mismas luchas internas, pasiones y contradicciones que cualquier político. En este contexto, Ralph Fiennes interpreta al cardenal Thomas Lawrence, un hombre atrapado entre la devoción y la duda, cuya presencia pausada y mirada introspectiva articulan un conflicto que va más allá de las paredes de la Capilla Sixtina.

El director opta por una atmósfera que combina lo claustrofóbico con lo solemne, utilizando los estrechos corredores y las ceremonias cargadas de simbolismo como un eco del peso de los siglos que cargan estos hombres. El diseño de producción de Suzie Davies y la cinematografía de Stéphane Fontaine destacan por sus encuadres calculados, donde el rojo cardenalicio contrasta con el mármol inmaculado, transmitiendo tanto opulencia como decadencia. Esta dualidad se refleja en los personajes, particularmente en el conservador cardenal Tedesco (Sergio Castellitto) y el progresista Bellini (Stanley Tucci), quienes encarnan los extremos de un debate que define no solo a la Iglesia, sino también a sus fieles.

A medida que la trama avanza, el ritmo meticulosamente controlado de Berger da paso a giros narrativos que oscilan entre lo inesperado y lo inevitable. Uno de los más impactantes involucra al misterioso cardenal Benítez (Carlos Diehz), una figura cuya llegada tardía sacude los cimientos de la elección y, por extensión, de la película misma. El carácter impredecible de Benítez y su conexión con secretos enterrados en lo más profundo de la institución dan al filme una cualidad casi detectivesca, un rompecabezas moral que los personajes deben resolver mientras lidian con sus propias contradicciones.

Las actuaciones son otro pilar de esta producción. Fiennes brilla con una sutileza que evita los excesos y, en cambio, se centra en pequeños gestos que reflejan el peso de la responsabilidad de Lawrence. Mientras tanto, Isabella Rossellini, aunque con un tiempo limitado en pantalla, entrega un papel magnético como una monja que, desde las sombras, observa y cataliza momentos cruciales de la narrativa. Cada intérprete, desde John Lithgow hasta Lucian Msamati, aporta profundidad a sus roles, creando un conjunto coral que, aunque desigual en su desarrollo, sostiene el interés durante las dos horas de metraje.

Sin embargo, la película no está exenta de críticas. El final, con su revelación sorprendente, puede sentirse apresurado y desprovisto del impacto emocional que busca generar. Aunque temáticamente potente, esta conclusión deja al espectador con más preguntas que respuestas, rompiendo en parte el equilibrio cuidadosamente construido en el resto de la obra. Este desenlace no resta mérito a los logros visuales y narrativos de ‘Cónclave’, pero sí limita la resonancia de su mensaje.

Berger utiliza el proceso de elección papal como un espejo de nuestras instituciones modernas, donde la búsqueda de liderazgo es inseparable de las luchas por el poder y la validación personal. ‘Cónclave’ no solo invita a reflexionar sobre la Iglesia, sino también sobre la naturaleza humana, enfrentándonos a las tensiones entre tradición y renovación, entre fe y pragmatismo. Como el humo blanco que emerge al final del ritual, la película deja tras de sí una estela de incertidumbre, instándonos a cuestionar tanto las estructuras que nos rodean como nuestras propias creencias. Es un recordatorio de que, incluso en los lugares más sacros, las imperfecciones humanas encuentran su camino.

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